Esperanza sin miedo
«Socialistas y comunistas han certificado que el interés de los suyos está muy por encima del interés del conjunto de los españoles»
Afirmaba Bertrand Russell que “la política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular" y en el año que dejamos atrás la izquierda populista, corrupta y mentirosa que ostenta el poder (que no es lo mismo que gobernar) ha demostrado ser alumna aventajada del Nobel británico. Socialistas y comunistas han certificado que el interés de los suyos está muy por encima del interés del conjunto de los españoles, y a su vez, tanto Sánchez como Yolanda Díaz han sentado jurisprudencia sobre la indiscutible superioridad de sus intereses personales sobre los de sus organizaciones políticas. Escala de intereses nítidamente diferenciados y jerarquizados en un entorno monclovita que ha superado todas las líneas rojas que la decencia democrática había establecido en cuarenta años.
Un gobierno enfangado en una memoria histórica trilera, confeccionada ad hoc por el ejército de asesores, a la que recurre sin remilgos para intentar atrapar un rédito político que ya muchos españoles liberados del despotismo ideológico no piensan conceder, lo que conlleva un esfuerzo titánico de Tezanos para superar su satrapía en cada nuevo barómetro del CIS. Un Ejecutivo que se ahoga entre continuos escándalos, fangos de cloaca y arcadas, nauseosas y disneicas provocadas por gases de hidrocarburos con mascarilla incluida. ¡Menuda tropa! que diría con flema gallega Mariano Rajoy.
Ante la realidad asfixiante, en el inicio del año esta cúpula sanchista, espasmódica en sus movimientos cuál infectado en «Walking Dead», se ha lanzado en tromba a la caza de la nada en los mensajes de Feijóo a Mazón en la DANA, sin percatarse de que con su furia histriónica dejan al desnudo una hipocresía infinita. Porque hay que ser muy fariseo para engendrar acusaciones detrás de una coma impoluta en un WhatsApp del líder de la oposición, cuando se ha intentado camuflar la cobardía obscena del galgo de Paiporta, dando fe pública de sus intereses reales, con aquella frase infame que lo va a perseguir el resto de sus días: «Si necesita más recursos que los pida». Tan infame la frase como la decisión de no suspender el pleno del Congreso para consumar el asalto al Consejo de Radiotelevisión Española, cuando ya los fallecidos estrujaban el corazón de la inmensa mayoría de españoles.
Intereses bastardos que: tuvieron consecuencias trágicas en Valencia, lastran el futuro de cuarenta y nueve millones de personas y esconden en la mentira la verdad de demasiadas afrentas a las personas más vulnerables, aquellas a las que más se deben los representantes públicos y que este Gobierno manosea hasta la saciedad para justificar una ideología decrépita y populista, pero a quienes dejan tiradas en la cuneta del olvido a las primeras de cambio. El axioma de Mariano Grondona sobre el amor de los populismos hacia los pobres que multiplican forma parte del ADN sanchista y de un Presidente que tiene el vergonzoso atrevimiento de afirmar en su balance de final de año que la economía española crece como nunca.
Ese balance, con Sánchez envuelto en un rictus postizo, no es otra cosa que una prueba más que afianza la visión crítica sobre la política de Russell, con la que se trata de ignorar la tozuda y lamentable realidad de un país en el que muchas familias no llegan a fin de mes con el único objetivo de mantener privilegios e intereses espurios. Un país que acumula la mayor pérdida de poder adquisitivo para las rentas medias y bajas de su entorno. Un país en el que se incrementa el crédito al consumo porque las familias han perdido la capacidad de ahorro y de afrontar los gastos corrientes. Un país en el que la deuda pública se enroca por encima del 100% del PIB haciéndose insostenible y un país con las tasas de desempleo juvenil y pobreza infantil líderes en el ranking de la UE y la OCDE.
Una España maltratada en la que, como afirma Núñez Feijóo, se está arrebatando la esperanza a los jóvenes condenándolos a la precariedad (vital y emocional) y obligándolos a que se resignen a vivir peor que sus padres por parte de un sanchismo que ha acabado con el principio de prosperidad que impulsaba cada generación, y es que las estrategias de ‘Papá Estado´ no pueden contemplar la libertad económica, el ansia de progreso o el espíritu crítico de la ciudadanía como herramientas de progreso, porque son el enemigo natural de las políticas de dependencia que el social comunismo necesita para mantenerse en el poder.
En estos días convulsos de principios de año esperanza es una palabra clave. Esperanza para nuestro país, esperanza para Venezuela y esperanza para un mundo mejor, más libre, más justo y más consciente de otorgarse la dimensión humana que le corresponde. Decían los pensadores estoicos que esperanza y miedo son dos caras de la misma moneda, porque surgen de la incertidumbre de un futuro que no podemos controlar. Hoy quiero posicionarme frente a este pensamiento para apostar por una esperanza sin miedo, la esperanza de las democracias sin autócratas que intenten disfrazar de interés general el interés particular.
Feliz año.
Bartolomé Madrid Olmo es diputado nacional y alcalde de Añora.