De comienzo en comienzoElena Murillo

Catequesis escatológica

«Un ejemplo de jóvenes a los que no afectan comentarios como los vertidos contra ellos por abrazar la religión de parte de quienes se empeñan vilmente en generar polémica»

Se van disipando los días según avanza la Cuaresma, como lo hace el humo del incienso cuando se eleva en oración creando ese vínculo espiritual entre la tierra y el cielo. Se esfumó el primer viernes de marzo que tanta tradición acumula. Y, con él, se diluyeron los besapiés y besamanos salpicados por toda la geografía: desde la exposición a la veneración del Cristo de las Necesidades en Cabra al de Medinaceli en Madrid o al custodiado por las Madres Bernardas en Talavera de la Reina y que, como si de una reverberación se tratara, reproduce su estampa en Cádiz, Córdoba y en tantos lugares en los que los fieles se postran ante Jesús Cautivo.

El citado viernes ya es costumbre en nuestra ciudad no solamente hacer la visita a Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado o a Nuestro Padre Jesús Divino Salvador en su Prendimiento, sino de procurar no perderse el extraordinario altar que los jóvenes de la Hermandad del Remedio de Ánimas dedican a su titular. Por cierto, un ejemplo de jóvenes a los que no afectan comentarios como los vertidos contra ellos por abrazar la religión de parte de quienes se empeñan vilmente en generar polémica.

Con respecto al ya esperado montaje plástico que la cofradía de San Lorenzo ha mostrado en esta ocasión, he de decir que al contemplarlo te sumerge en la recepción de una catequesis escatológica que invita, sin lugar a dudas, a la reflexión. Lo han denominado experiencia inmersivo-cultural y con ella han querido explicar la muerte, el juicio, el infierno y la gloria. Para mí, la vivencia abarca muchas disciplinas pasando, naturalmente, por el arte o la religión. Con el centro ocupado por la imagen cristífera, llamaban la atención del espectador dos bodegones con recreaciones de sendos cuadros de Valdés Leal: In inctu oculi y Finis gloriae mundi.

La escatología se centra en la enseñanza cristiana sobre el destino final del hombre, abarcando precisamente temas como la muerte, el juicio final, el cielo, el infierno, la vida eterna… Es cierto que por naturaleza, la muerte nos repugna. Aproximarnos a ella con fe es entender que es un paso para la vida en plenitud, pero no es lo definitivo. Por tanto, la enfermedad cuando es inicio de la muerte, debe ser asumida como algo nuevo. Aceptarlo es participar de la pasión del Señor.

De otro lado, no hay que perder de vista que el hombre es el responsable del infierno y no Dios, puesto que la misericordia divina nos ha concedido la libertad. No puede pasar desapercibida la posibilidad real del infierno que se entiende como amistad rechazada. Para ver a Dios necesitamos la purificación del corazón. Por tanto, habría que tener presentes algunas claves como que el sacramento de la unción de los enfermos nos limpia antes de la muerte y se debería tomar conciencia de la importancia que tiene la práctica de la oración por los difuntos.

Iniciativas de este tipo ayudan en el proceso de maduración de la fe. Está muy bien aprovecharlas.

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