De este agua no beberéRafael González

El candidato Moreno

La legislatura hace tiempo que estaba acabada. En el baloncesto creo que se le llama a esto ‘los minutos de la basura’ cuando el marcador apenas se mueve y el juego pierde intensidad. No obstante el esprint final para Moreno tuvo lugar en Adamuz, y después de eso hemos encontrado a un presidente que, de alguna manera, lo ha dado todo, porque lo del accidente supuso una dura prueba de gestión, de política real sin polarizar y sobre todo un ejemplo en el aspecto humano. En esos tres apartados Moreno, le pese a quien le pese, ha salido reforzado, principalmente en el aspecto personal, el que nos ha presentado a un presidente que se puso al frente de la situación, cargó con el dolor de sus paisanos y lideró un equipo que no buscó la foto sino dar la cara y solucionar de la mejor manera las consecuencias que un siniestro de estas características conlleva.

Tras los días más duros se entró en el terreno del tacticismo electoral, con la mirada sobre las citas en las urnas previas – los otros territorios- y los resultados de las mismas en el laboratorio de los que deciden qué mensaje dar, cómo compaginar tiempos y pactos, qué grados ofrecen las encuestas internas, y dar así con la fecha idónea para que la cosa salga bien. Ayer por la tarde la margarita quedó deshojada, aunque previamente, en un desayuno informativo y en Córdoba, el secretario general del PP-A Antonio Repullo y el alcalde, José María Bellido, bromeaban sobre la posible fecha tras la pregunta del moderador, que la situó a finales de mayo. Que si la feria. Bellido vino a decir que a Noé no le hablen de la lluvia y Repullo, que el parto fuera corto, porque las campañas largas son agotadoras. Supongo que ya conocerían la fecha, claro, porque el acto informativo también formaba parte de lo que nos espera en las próximas semanas: los mensajes de marca, las visitas de los líderes, la vorágine informativa aliñada además con las redes sociales, otra campaña más para unas elecciones marcadas ya desde el partido en el gobierno andaluz con la idea-fuerza de la estabilidad frente a la parálisis, como ayer se remarcó en ese desayuno informativo de calentamiento. También se habló de no buscar la confrontación porque los ciudadanos estamos cansados del ruido. No veo la forma de encarar una campaña si no confrontas, señalas, comparas y denuncias. Montero y su tribu además se lo están poniendo fácil. Habrá que ver también si en esa escucha activa que defiende Repullo caben los que, en su derecho y libertad , defienden opciones distintas y no necesariamente intolerantes o polarizadas, como tratan de hacernos ver desde la moderación andaluza que sí, que gusta, pero que es insuficiente para afrontar los naipes desagradables que los tiempos nos ponen sobre la mesa.

Pero sobre todas las previsiones, las encuestas, los barómetros, los logros, la estabilidad, el centro centrado y la gestión – de sanidad pública no hablaremos hoy- está la figura de Juanma Moreno. Del presidente y en breve candidato. Del carisma del vecino de al lado. Del tipo que te echa una mano si has pinchado en carretera. Del que llora con los suyos cuando es inevitable o se pasea por San Basilio de Patios, charlando y parándose con todas las señoras que se le acercan. Del que confiesa en televisión que ha necesitado un psicólogo.

Los últimos meses, y las circunstancias que los han marcado, han descubierto a un presidente que quizá siempre estuvo ahí, pero oculto entre la política y el ruido que también genera el poder, incluso desde la moderación. A mí me parece un candidato casi imbatible. Pero, en fin, qué sabré yo, si en esto todo el mundo sabe más.

Que Dios reparta suerte el 17 de mayo y que sea lo mejor para Andalucía, porque también lo será para España.

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