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El 17M y la ratificación del cambio andaluz

Las elecciones andaluzas de este 17 de mayo llegan con una sensación muy distinta a la de otras citas electorales recientes: menos incertidumbre sobre quién puede ganar y más dudas sobre qué lectura política dejará el resultado. El foco no está tanto en si el PP de Juanma Moreno volverá a ser la fuerza más votada —algo que prácticamente todas las encuestas dan por hecho— sino en la dimensión de esa victoria y en si la izquierda es capaz de movilizarse lo suficiente como para evitar una mayoría absoluta amplia o una consolidación aún mayor del bloque de centroderecha. No se dirime hoy un cambio, sino la ratificación o el desgaste.

En 2022 el PP logró un resultado histórico con 58 escaños y absorbió buena parte del antiguo espacio del PSOE y de Ciudadanos. Ahora la pregunta es si ese apoyo se mantiene tras cuatro años de gobierno marcados por la estabilidad institucional, pero también por problemas, sobre todo en sanidad. El PP ha planteado la campaña casi como un plebiscito sobre la gestión de Moreno y sobre la comparación con las décadas de gobiernos socialistas anteriores.

Frente a ello, la movilización de la izquierda es probablemente la gran incógnita de la jornada. Buena parte de los estudios demoscópicos apuntan a que el resultado dependerá más del nivel de participación que de movimientos masivos de voto entre bloques. El PSOE andaluz ha centrado buena parte de su discurso en la sanidad pública y en la necesidad de «reactivar» al electorado progresista. El problema para la izquierda no es sólo convencer, sino movilizar a votantes que en anteriores convocatorias se quedaron en casa.

A ello se suma que la campaña ha estado muy contaminada por la política nacional. El Gobierno de Pedro Sánchez, la financiación singular para Cataluña, la amnistía o la polarización parlamentaria han aparecido constantemente en los mítines. El PP ha tratado de convertir la cita en una respuesta política al Ejecutivo central, mientras que el PSOE ha intentado nacionalizar asuntos como la sanidad o los servicios públicos.

En este contexto, Santiago Abascal ha vuelto a implicarse intensamente en Andalucía, consciente de que la comunidad fue uno de los territorios donde su partido rompió el tablero político en 2018. Vox intenta retener voto descontento con el PP desde posiciones identitarias, fiscales y ligadas al campo, la inmigración o la seguridad. Su reto es evitar quedar diluido por el voto útil al PP y mantener capacidad de influencia política.

La provincia de Córdoba vuelve a ser observada con interés porque históricamente ha funcionado como una especie de territorio bisagra entre el voto urbano y el rural. Además, presenta una mezcla de sectores económicos muy sensible a debates que suelen marcar las campañas andaluzas: agricultura y agua, industria agroalimentaria, empleo público, autónomos, vivienda o infraestructuras. Los sondeos la sitúan como una de las provincias clave para que los populares mantengan o pierdan la mayoría absoluta.

En cualquier caso, aunque el ganador parezca más definido que en otras ocasiones, el resultado del 17M dependerá mucho de la abstención. Una participación baja reforzaría la idea de desmovilización de la izquierda y de consolidación del liderazgo de Moreno. Una subida notable podría estrechar distancias y alterar la lectura política de la noche electoral, incluso aunque el PP siga siendo claramente el vencedor.

En el fondo, estas elecciones parecen menos una batalla por conquistar Andalucía que una pugna por definir qué modelo político queda consolidado en la comunidad tras casi una década desde el fin de la hegemonía socialista.

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