Por derechoLuis Marín Sicilia

Decisiones singulares

«Esto es lo que tenemos: singularidad para los privilegiados»

Nada más acostarse con los populistas y comunistas de Podemos que, según sus palabras, no le dejarían dormir, Pedro Sánchez formó en enero de 2020 el pretendido primer «gobierno progresista», contactando inmediatamente con Quin Torra, aquel presidente catalán que calificaba a los españoles como «bestias con forma humana que destilan odio». Y en menos de un mes constituyeron una mesa de diálogo que, además de inversiones en infraestructuras y otros compromisos políticos, convinieron un «tratamiento singular»para Cataluña. Los indultos a los golpistas, la eliminación de la sedición del Código Penal, la reducción de las penas por malversación y la financiación singular para aquella comunidad formaron parte del precio de investidura a satisfacer a ERC.

En junio de 2024 entraba en vigor la Ley de Amnistía impulsada por Pedro Sánchez «para normalizar la situación política en Cataluña». En cuatro ocasiones, en plena campaña de las elecciones de 2023, Sánchez se había comprometido a no amnistiar a los golpistas no solo por su «convicción personal» sino porque no «entra en la legislación» ni es aceptable en el derecho internacional. Pero la amnistía había sido el precio de Junts para investir a un amoral como presidente del Gobierno. Y hubo que pagar el precio estipulado.

En enero de 2026 la entonces ministra de Hacienda y hoy candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, presentaba una propuesta de modelo de financiación autonómica, pactado con el presidente catalán Salvador Illa, que incrementa las cesiones de IRPF e IVA y la corresponsabilidad fiscal, respetando la ordinalidad que da más al que más tiene. El modelo vigente, que fue pactado por Zapatero con Cataluña, perjudica notablemente a Andalucía, Castilla la Mancha, Valencia y Murcia, por lo que se negociaba con el Gobierno de Rajoy uno más justo, negociación que paralizó Sánchez en 2019 porque Torra le exigió un trato singular.

En ocho años de mandato, Pedro Sánchez ha celebrado numerosas entrevistas con los distintos presidentes de la Generalitat, tanto en La Moncloa como en el Palau, constituyéndose hasta cuatro comisiones bilaterales sobre transferencias , inversiones, infraestructuras, asuntos económicos y fiscales. En el mismo periodo de tiempo se pueden contar con los dedos de una mano, y sobran la mitad, las veces que Sánchez se ha dignado recibir o visitar al presidente andaluz, pese a las muchas necesidades de coordinación y avance en las relaciones de la comunidad más poblada de España con el gobierno central. El abandono de la frontera sur de la nación española, víctima del asedio de narcotraficantes y litoral de entrada de la inmigración clandestina, es tan alarmante y bochornoso que solo un Gobierno irresponsable y sectario puede volverle la espalda, hasta el extremo de ausentarse de Andalucía incluso en los momentos de sufrimiento de sus vecinos como ha ocurrido en la tragedia ferroviaria, en las borrascas y temporales y en las muertes originadas por la lucha contra el narcotrafico.

Solo un gobernante ayuno de principios puede pavonearse de que «rescata personas en el mar» mientras huyó de las personas afectadas por la dana valenciana, se ausentó de los funerales por la víctimas de Adamuz y no mandó ni a un ministro a despedir a los guardias civiles fallecidos dramáticamente en su lucha contra el narcotrafico. Aprovechando que un barco con afectados por hantavirus navegaba por aguas internacionales próximas a las Islas Canarias, Sánchez «el bondadoso» no podía dejar pasar la oportunidad de dar ejemplo de sensibilidad: «¿cómo vamos a negarnos nosotros a atender a estas personas?» exclamó la pandilla de moralistas que dirige el orfeón papagayo, que aprovecharon la coyuntura para que nos olvidáramos de la corrupción que corroe a sus patronos.

Quienes hace 12 años provocaron masivas manifestaciones de repulsa porque se repatriaron a dos misioneros españoles afectados de ébola y se sacrificó un perro infectado, han sacralizado ahora a un Gobierno entregado al doble juego de quienes consideran que los principios siempre se supeditan al interés personal. Mas que la salud parece importar el espectáculo de modo que lo que antes no valía ahora inspira sensibilidad humanitaria en el sanchismo y lo demuestra quien habló de cogobernanza en el COVID, dejó abandonadas a las autonomías en la dana valenciana, en los incendios del verano y en las borrascas andaluzas, con aquello de «si necesitan ayuda que la pidan». Y ningunea a los leales que no se dejan seducir por su falsa moralina, tal como ha hecho con el presidente de Canarias. ¿Alguien tiene duda de que si el Hondius hubiera ondeado las costas catalanas o vascas, Sánchez habría actuado sin contrastar el criterio de sus respectivos presidentes, tal como hizo con los responsables canarios?. Pues esto es lo que tenemos: singularidad para los privilegiados.

Lo cierto es que solo la estupidez humana hace posibles esas singularidades inaceptables. Porque la culpa de lo que nos pasa no es de Sánchez y sus acólitos, sino de los ciudadanos que se lo permiten. El ninguneo de Sánchez con Andalucía es tan escandaloso que basta hacer un repaso sobre la ausencia de inversiones en infraestructuras viales, ferroviarias, hidráulicas y aeroportuarias para constatar el castigo a los andaluces por haberle vuelto la espalda a quienes vienen burlándose de ellos desde hace décadas. Y ese trato vejatorio ha despertado la dignidad de nuestra tierra que ha creído en sus propias capacidades.

Frente a la construcción de muros a lo que se entregó Sánchez, según prometió en su sesión de investidura, Juanma Moreno, por contra, se ha entregado a normalizar la convivencia política porque esa es la realidad de una ciudadanía cada vez más alejada de las pretendidas polarizaciones que tanto gustan a quienes su proyecto de progreso consiste en construir trincheras en vez de derribarlas. Por ello, pasado mañana la esperanza de Pedro Sánchez es que Juanma Moreno no consiga la mayoría absoluta porque la misma acreditaría la rebelión ciudadana contra los dogmas políticos y los tratamientos singulares. Y esa es una razón suficiente para que el pueblo andaluz sepa lo que tiene que hacer.

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