De Chewbacca a la vaca
«Hemos visto a Moreno hacer cosas impropias de una persona seria que se presenta para librarnos del caos y la oscuridad»
Una de las estrategias más eficientes en el arte de vender consiste en no mostrar necesidad. Un vendedor que ruega, que pide encarecidamente que le compres el producto, acaba fracasando. Muestra debilidad. Una campaña electoral no es sino una venta, una intensa operación de marketing llevada a cabo durante dos semanas oficialmente. El Partido Popular, antes incluso de que comenzara la campaña, ya estaba con caras de circunstancias rogando estabilidad. Lo pudimos ver en un desayuno de Europa Press entre el coordinador de campaña, Antonio Repullo y el alcalde de Córdoba, José María Bellido, que sacaron a relucir el término porque seguramente ya se barruntaban algo desde los sondeos internos. La estabilidad. Todo lo que no fuera la mayoría absoluta significaba cosas oscuras. Un horizonte negro. El caos, quizá.
Ayer mismo, el señor Repullo declaró después de ejercer su derecho al voto y a los micrófonos que «nos jugamos el futuro», un plural que sonó más propio (de ellos) que mayestático (de todos nosotros), habida cuenta que, hasta donde sabemos, una mayoría simple sigue siendo tan válida para gobernar como los 55 escaños. De hecho, y siendo un partido centrado y moderado, el PP no debe tener problemas en la negociación y el entendimiento con otras fuerzas políticas, Vox mayormente. Quiero decir que ha habido un mensaje de todo o nada un tanto incomprensible si se tiene en cuenta que, a pesar del desgaste natural que el ejercicio del poder tiene, hay que vender el balance positivo de una legislatura ( y otra anterior en coalición, por cierto) que ha sido particularmente buena, lo cual no significa confiarse. Yo mismo escribí aquí que Juanma Moreno podría estar tranquilo por el respaldo electoral tras la gestión de Adamuz, uno de esos trágicos capítulos que demuestran la altura política y humana de un gestor. Y Moreno no solo dio la talla sino que supo echarse a la espalda y cargar el dolor de su gente, fue un señor que no politizó el asunto y la faceta personal del presidente obtuvo un valor que es todo un lujo en los términos electorales que nos ocupan. Pero después vienen los estrategas, claro.
Porque además del mensaje milenarista y machacón que suponía perder ‘la estabilidad’, hemos visto a Moreno hacer cosas impropias de una persona seria que se presenta para librarnos del caos y la oscuridad. Por ejemplo, abrazar a Chewbacca, personaje de La Guerra de las Galaxias. Explicando no sé qué de que la fuerza nos acompañe. El 4 de mayo, día de los apóstoles Santos Felipe y Santiago el Menor, también se conmemora una cosa que en inglés - de Chiclana- significa algo de la fuerza galáctica que es el tema principal de la saga cinematográfica que seguramente hace muy felices a sus asesores, los de Juanma, pero no tanto a los agricultores de la Sierra sur sevillana o de la campiña cordobesa, más preocupados por Mercosur.
O el Juanma y su playlist de canciones, al más puro estilo Sánchez. O el Juanma cantante de pop, sobre el que Alberto Olmos escribió algo en X cargado de alipori: «Si pudiera votarle y le fuera a votar y viera este vídeo, no lo votaba». Y después un chiste repetido: la vaca. Una segunda vaca, porque el talismán bovino de la anterior campaña ya estaba convertido en entrecots. Y ahí tuvimos a Juanma, encomendando su mayoría absoluta (la estabilidad) a una vaca nueva. En la tierra de María Santísima.
Y así hemos llegado a los 53 escaños. Que no son estabilidad pero sí un excelente resultado. Aunque aún no sabemos qué tipo de Juanma va a liderar el asunto. El de Chewbacca o el de la vaca.
Y eso es ciertamente inquietante.