Humanizar nuestra atención cuando más importa
Buscar el máximo beneficio para el enfermo continúa siendo el motor básico de la práctica médica, pero su voluntad determina ahora la dirección correcta y su límite
Cuando nacemos no somos conscientes de lo que comienza a ocurrir; cuando vivimos estamos pendientes de lo que nos agobia cada día, nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestro futuro, etc., pero cuando los años pasan o cuando nos anuncian una enfermedad que condicionará nuestra dependencia, nuestra autonomía o lo que es peor, la enfermedad que aproximará en breve nuestro final, es entonces cuando somos conscientes de que necesitamos el acercamiento humano de las personas, de los profesionales que nos atienden. Es en esa etapa final de la vida cuando comprobamos lo importante que es que humanicen nuestra atención, cuando queremos comprobar el sentido que hemos dado a nuestra vida, cuando valoramos a la familia, a los amigos, cuando necesitamos que alguien nos ayude a dar respuestas a los interrogantes más profundos de la vida.
Esta es una reflexión personal que comparto porque estoy en el tercio final de mi vida por edad y por las limitaciones propias de mis años. Pero en este artículo deseo compartir, sobre todo, algunas reflexiones que nos puedan ayudar a los que cuidamos y acompañamos a personas vulnerables, dependientes, sufrientes, a cuidarles mejor.
No tengo ninguna duda de que conocemos muy bien la dimensión objetiva de la enfermedad. Pero ¿conocemos a quien la padece?, ¿conocemos sus valores? ¿sus deseos?, ¿sus expectativas? Sobre todo, cuando hemos comprendido que ya no podemos curar sus enfermedades, tenemos que poner más empeño en humanizar nuestra atención por interesarnos por aquello que les preocupa, en acompañarlos a su mismo ritmo, en preservar su dignidad desde su concepto de dignidad no desde el nuestro. Preguntar por una foto nueva en su habitación o por la intervención quirúrgica a la que se iba a someter un familiar y de la que nos había anunciado el día anterior, no son preguntas clínicas, pero, sin duda, son cuidados humanos terapéuticos. Escuchar sin prisas, sentados junto a él, permitirá conocer sus valores, sus deseos de cómo quiere ser cuidado. Responder a sus preguntas con respuestas veraces, delicadas y entendibles. Acompañar desde la compasión que le demuestre que nos hacemos cargo de su sufrimiento y que comenzamos a trabajar para aliviárselo. Acciones como estas sí podemos realizar, aunque no podamos curar.
Si seguimos preguntándonos cómo humanizar nuestra atención en los momentos que más importan tendríamos que tener presente en primer lugar que nuestra ciencia deberá estar acompañada de nuestro acercamiento humano. Los profesionales sanitarios, sobre todo en Cuidados Paliativos, que no expresen ninguna emoción en su comportamiento sino solo su destreza técnica, tal vez no puedan ofrecer lo que más necesitan las personas en esos momentos.
También debemos preservar su dignidad durante toda nuestra atención. No hay que esperar al final para hacerlo. Sí, poseemos competencia profesional, sin duda; los avances de la medicina en el diagnóstico y en el tratamiento de las enfermedades son numerosos, estamos en la era de la salud digital y de la inteligencia artificial, pero el enfermo desea que empleemos nuestra ciencia para curarle o para aliviarle si no le podemos curar, pero nos pide que lo hagamos con nuestro acercamiento humano para aliviar su sufrimiento y preservar su dignidad.
Desde la ética también podemos humanizar nuestra atención. Buscar el máximo beneficio para el enfermo continúa siendo el motor básico de la práctica médica, pero su voluntad determina ahora la dirección correcta y su límite. El médico aporta su conocimiento científico, valora la situación y la concreta en una indicación o un tratamiento. Y el enfermo aporta su escala de valores, la forma de construir su futuro y su concepto peculiar de salud y de calidad de vida; y esto lo concretará ponderando la indicación médica, aceptándola o rechazándola. Facilitar la autonomía compartida será ofrecer una atención ética prudente y humanizadora.
No olvidemos que para humanizar la asistencia a la persona que sufre necesitamos no solo aptitudes, sino también actitudes para que la persona se sienta bien atendida. Necesita competencia y sensibilidad para cuidar con eficacia y con empatía cuando más importa.
- Jacinto Bátiz Cantera es director del Instituto Para Cuidar Mejor del Hospital San Juan de Dios de Santurce (Vizcaya) y patrono de la Fundación Pía Aguirreche