Recolectar silencios
El comienzo de cada año es fecha propicia y tradicional para cargarse de nuevos propósitos. La mayoría de ellos, prosaicos y, además, reiteradamente abandonados poco después de ser proyectados. Da cierto rubor recordarlos año a año. ( ¡Oh memoria, enemigo mortal de mi descanso! que dijo Cervantes). Avergüenza comprobar que fueron agua pasada que ni movió molino ni nada de nada. Que fueron como flores que se espichacaron casi antes de brotar: las dietas, la vida sana, el gimnasio… el goce más concienzudo de la amistad y la familia, la reivindicación de la propia libertad, evitar compromisos superfluos… Todos ellos son los habituales objetivos que el paso de los días se encarga de frustrar y que suelen hincar el pico antes de que enero trasponga.
Esos propósitos ( todos tenemos sobrada experiencia al respecto ) suelen atollarse. Tal vez porque carecen de un arraigo sólido. De una reflexión. De un asidero intelectual. De un cambio de mentalidad. Tal vez porque vivimos en un mundo acelerado y, por tanto, ruidoso, que nos difumina el pensamiento y nos empuja a ser más que seres independientes, «meras inercias» del viento dominante . Yo aventuro que todo cambiaría si conquistamos el silencio. El silencio exterior y el interior. Un silencio, como escribió Neruda, que edifica:
…Cerró los ojos, lo cubrió la hierba
Respiró toda la distancia verde
Y lo demás lo construyó el silencio
Porque nosotros, en realidad, somos silencio y desde ese silencio reflexivo podríamos diseñar con solidez nuestros deseos. Pero no deseos mudables e intrascendentes. Sino deseos hondos, verdaderamente humanos. Desde ese silencio consciente, podemos conquistar, este año sí, los propósitos , día a día, instante a instante.
Tal vez por eso, el primer objetivo debe ser el de buscar afanosamente silencios. Recolectarlos. Capturarlos Aquí os dejo la recetilla que yo uso para atraparlos…y que, de momento, me da resultado.
El primer cometido recolectar silencios….
Cuando la tarde cae crecen en los recodos
De los caminos donde las sombras se aquerencian.
Los hallarás también en los sonoros cantos
De los pájaros cuando se despiden del día
Y en los abandonados ojos de los ancianos.
Abundan en los mundos íntimos de los poetas
En los pasos sin rumbo de algunos caminantes
Y en el perfil sereno de las sombras del agua.
En tu soledad turbia cuando cierras los párpados
Y musitas el rezo que de niño aprendiste
Y recuerdas que aun eres la llama de una vela.
En el agua embarrada del charco en el camino
En las sombras del humo amarradas al cielo
Y sobre todo en ti, cuando tú eres tú mismo.
El primer cometido: recolectar silencios.
Feliz festividad de la Epifanía del Señor.