Al tenazónRafael del Campo

Borrasca

«La sociedad actual, que va de perspicaz, vuelve a pensar, como pensaban en el Renacimiento, que todo gira alrededor del hombre, en una especie de atropocentrismo ya añejo y superado»

Yo no digo que no haya cambio climático porque el clima forma parte de la naturaleza y la naturaleza evoluciona, o sea, cambia. Lo que pongo en duda, usando tan sólo el sentido común y mi experiencia de cotidiano observante, es que tal evolución se deba a la acción del hombre. Y mucho menos, como apuntan los «hiperprogres» a las ventosidades de las vacas, a la ganadería, o a la labranza moderna de la tierra… o a limpiar cauces de rios, podar encinas o hacer cortafuegos… O tantas otras veleidades supuestamente «ecologistas» que producen rubor, cuando no vergüenza.

La sociedad actual, que va de perspicaz, vuelve a pensar, como pensaban en el Renacimiento, que todo gira alrededor del hombre, en una especie de atropocentrismo ya añejo y superado, como si fueran un Pico della Mirandola resucitado y puesto al día. Pero esta sociedad manipulable y estulta no repara que, más allá del hombre, y superándolo, está la fuerza creadora de la naturaleza, su potencia regeneradora, su énfasis constante en corregir las heridas que la acción del ser humano le inflige.

En estos días estaba el personal enzurronado con eso de que no llueve y aventurando, en su desconocimiento, que ello se debe al cambio climático y proponiendo mendaces recetas, como las que enumera la Agenda 2030 que, más que restaurar el clima, trata de cambiar la sociedad, para hacerla uniforme, despersonalizada y domeñable.

Mientras tanto, a mí, que andaba de montería, me ha caído un chupetón de agua que me ha dejado enguachinada hasta el alma. Me lo merezco: hace unos días vi revolando 'alúas' y no hice caso a los signos de la naturaleza. Preferí fiarme de internet y sus pronósticos. Así me fue.

En la soledad silenciosa del monte, mientras me refugiaba torpemente de la lluvia amatongado bajo la copa de una encina, di en expresar lo que sentía y escribí usando las aplicaciones de mi móvil este poema:

Hoy el viento agita los silencios

y hay rumores vagando por el río

y las luces cobijan en los árboles

sus sueños de luceros encendidos.

En un ínfimo instante todo cesa:

se sumerge el sonido en lo invisible

y las rachas de viento se derrumban

y hacen presa en el alma de las nubes.

No hay vuelos por un cielo que no existe

ni conciencia de los perros en el monte.

Solo el agua rezuma una presencia

que se acerca batiendo el horizonte.

Me refugio en la sombra de una encina,

soy la nada en medio de la lluvia

y la tierra, en su actitud de madre

va creando la vida del otoño.

Cuando el agua corona la distancia

y desgarra las sombras de los sueños

nada soy, si acaso un tiempo atónito,

que pregunta, que sufre y luego pasa.

Y Dios se muestra oculto entre la niebla.

Al rato, se fueron las nubes, cesaron agua y viento y salió el sol en los altos del cielo. Y la tierra sonrió con olores a pasto mojado y yo tuve un soplo de clarividencia y me postré, agradecido, ante Dios y ante Su Creación.

La vida continua.

comentarios

Más de Rafael del Campo

  • El `gezto´

  • Los perritos de Moreno Bonilla

  • El indulto

  • Por fin septiembre

  • Opresión fiscal

  • Más de Córdoba - Opinión

    tracking

    Compartir

    Herramientas