Al tenazónRafael del Campo

Por fin septiembre

El día que me fui a la mili (varias décadas atrás ya, Dios mío) eché en mi hatillo varios libros con la intuición ( sólo columbrada entonces pero confirmada luego por los hechos ) de que me sirvieran de consuelo en los momentos de soledad o de hastío que me esperaban. Recuerdo que cuando nos formaban en el patio del cuartel, sito en la Avenida de Medina Azahara, veía, sobre las tapias del mismo, emerger el reloj de la Facultad de Veterinaria y reflexionaba sobre cómo una mínima distancia de espacio y tiempo separaba dos mundos aparentemente antagónicos: el de la libertad y el estudio y el de la disciplina y la acción.

Tengo excelentes recuerdos de aquellos meses y, no sólo de los compañeros, sino también de los mandos, la gran mayoría de ellos asequibles, amables, y moderadamente exigentes, pero sin autoritarismo. Si hubo algún “ venao “ entre ellos lo he olvidado absolutamente. Pero no puedo obviar que el contraste entre el mundo universitario del que venía y el de la milicia, se me hacía tedioso e inútil y me producía un sentimiento extraño, una especie de mixtura entre la melancolía y el aburrimiento, que sólo podía conjurar, a duras penas, con la lectura de libros y, especialmente, con la lectura de poesía.

Uno de los libros que me llevé fue Poemas Humanos del poeta peruano César Vallejo y, como tengo una capacidad increíble para memorizar lo inútil, recuerdo de corrido varias poesías de esa obra. Hoy, mientras escribo estas líneas y agoniza ( felizmente ) agosto, me vienen al recuerdo estos tres versos :

"Me moriré en París con aguacero

Un día del que tengo ya el recuerdo….

Tal vez un Jueves, como es hoy, de Otoño "

Pasado los años murió Vallejo y como suele pasar con los que aventuran el futuro, marró en las profecías sobre su propia muerte. Y es que murió un viernes, soleado, de primavera. Cosas que pasan… Es claro que nunca debemos retar al Evangelio, ni poner en cuestión sus enseñanzas, ni mucho menos dudar cuando advierte sobre el momento de la muerte y afirma que «no sabemos ni el día ni la hora» .

Para Vallejo, pues, para sus versos, el otoño, la lluvia, la oscuridad….sugerían muerte, desolación, finitud. Yo discrepo abiertamente del poeta: el otoño, sus aguaceros y lluvias, debieran ser sinónimo ( y más bien sentimiento ) de vida, de lomas que verdean, de siembras que despuntan, de cielos azules cruzados por el vuelo del zorzal… De brisa fresca y soleada, de retazos de nubes blancas en el horizonte… De rutina, de hermosa rutina.

Para mí, el mes mortal y turbio es agosto. Tal vez sea cuestión de experiencia y de afinidades personales y es que la naturaleza, el campo, están muertos en agosto, con los pastos enardecidos en su sequedad, los ambientes polvorientos, los animales acarrados al amparo de la sombra benéfica de la encinas…

Este agosto, como casi todos los agostos, se ha llevado a amigos, conocidos, parientes…No sé yo si el calor acaba con el último hilo de vida de los que están enfermos, aunque ni ellos mismos sepan que lo están, y nos deja a los paisanos de este mundo, los que aun quedamos, más solos, más tristes, más vacíos… y algo trastabillados por el peso de las ausencias.

El calor, acuciante y anulador, estimula la molicie y la neurosis y las vacaciones, al cabo, son muchas veces sólo un sueño, un mínimo paréntesis que, por profundamente irreal e impostado, llega a tornarse insatisfactorio a poco que uno reflexione sobre ellas.

Este año, además, hemos sufrido la tragedia de la tierra quemada, de la España churrascada… su piel tostada por tragedias evitables, y el mundo rural agredido de nuevo. Es claro que, en esta materia, como en tantas otras, hay que volver al sentido común, a las recetas que en el pasado funcionaron: menos acoso a ganaderos, agricultores y gente del campo; mayor libertad para la ganadería y las labores agrícolas; menos agenda 2030 y gilipolleces análogas; menos ecologismo de salón; y, por supuesto, centralizar competencias en esta y en otras materias medulares. La vida nos va enseñando que la convivencia entre el Estado y las Comunidades Autónomas es imposible y que sólo sirve para hacer dejación de funciones en perjuicio de España y los españoles ( honrados ) y para que los partidos políticos gobernantes en los distintos ámbitos territoriales guarreen, aun más, sus relaciones.

Pero como dejó escrito otro poeta universal, Antonio Machado, «todo pasa y todo llega» y, siendo así, pasó agosto y llegó por fin septiembre. Y con él la hermosa rutina del día a día. La gratificante fuerza de lo cotidiano. Os deseo a todos , y me deseo a mí mismo también, lo mejor para este nuevo periodo de vida que comienza, en el que cada uno ha de tener sus propias ilusiones, la «ilusión de cada día» que pedía Pablo Neruda. Y no dejemos de soñar porque, sólo soñando, los sueños pueden llegar a hacerse realidad.

Yo entonces entrecierro los ojos, desgobierno mi mente y me pregunto: ¿ Y si este otoño cayera por fin Pedro Sánchez ? ¿ Y si muriera políticamente ? Me atrevo entonces a parodiar los versos de César Vallejo :

"Dimitirá en Madrid con aguacero

Un día del que tengo ya el recuerdo….

Tal vez un Jueves, como es hoy, de Otoño "

No dejemos, no dejéis, de soñar, porque, sólo soñando, sólo luchando, los sueños pueden llegar a hacerse realidad.

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