Fundado en 1910
TribunaManuel Sánchez Monge

La cultura de la reciprocidad (I)

Un discurso como el que pronunció el Papa León XIV en el Congreso de los diputados sólo lo puede pronunciar alguien con una profunda formación en matemáticas, en teología y en derecho canónico y haber recorrido casi todo el mundo visitando a sus hermanos agustinos

Me animo a escribir sobre este tema ante el reto que nos ha planteado Ramón Pérez-Maura en las páginas de El Debate: «Espero que todos nuestros obispos, mucho más que el Gobierno, hayan tomado nota de la fuerza del catolicismo español. No se equivoquen, ni olviden: la potencia del catolicismo es imbatible. La cuestión ahora es si los obispos desean encabezar a su grey o apocarse frente a quien la ataca cada día».

Después de un análisis profundo de la situación española, y de algún modo del mundo entero, que analizaremos más adelante, constata: «El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca». Y propone: «Es urgente construir una cultura de la reciprocidad. La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos».

El Papa León XIV recibe la ovación del Congreso de los Diputados

El Papa León XIV recibe la ovación del Congreso de los DiputadosPool

A continuación, se adentra en un análisis de la sociedad española desde una postura imprescindible: «La Iglesia 'camina con la humanidad', comparte sus esperanzas y sus heridas, escucha los interrogantes de cada época y se deja interpelar «por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy». Reconoce «la autonomía de las realidades terrenas» y «la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política».

En este momento lanza una pregunta decisiva: ¿qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construyen esas leyes?

España posee una memoria particularmente rica. Su identidad geográfica y política se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe y la razón, el arte y el derecho, la tradición y el pensamiento han sabido encontrarse fecundamente. En sus catedrales y universidades, en su literatura inmortal, en sus instituciones jurídicas y en el ánimo mismo de su pueblo, permanece viva una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida común.

En la universidad de Salamanca, «algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente. Introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder». Y añade que «España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir; en una palabra, como alguien cuya dignidad precede a toda utilidad y a cuyo servicio está sujeta la acción legislativa».

«La intuición del totus orbis, de una comunidad humana más amplia que cualquier poder particular, permitía afirmar la existencia de vínculos jurídicos y morales entre los pueblos. Desde España, la reflexión de la Escuela de Salamanca --y de manera particular fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y jesuitas-- contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes».

Ante la tentación permanente de construir la paz sobre la imposición de la fuerza reclama «construir la paz sobre el reconocimiento de la persona».

No nos encontramos ante un mundo nuevo sino que «los nuevos mundos que se abren ante nosotros ya no se dibujan en los mapas: se despliegan en la técnica, en la economía, en la biomedicina y en el universo digital, donde el poder humano alcanza ámbitos cada vez más delicados de la vida personal y social». «El progreso ofrece posibilidades admirables, y hoy lo vemos de modo singular en el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías». Pero «la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza (cf. Magnifica humanitas, 9)»

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas