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Perico Delgado y Miguel Indurain, en el Tour de Francia de 1991

Perico Delgado y Miguel Indurain, en el Tour de Francia de 1991EFE

35 años del primer Tour de Indurain: por qué no podía dormir con Perico y la bici que cayó por un barranco

El navarro pertenece al «club de los cinco», el selecto grupo de ciclistas que ha ganado cinco veces el Tour de Francia y al que se ha unido Tadej Pogacar

Hoy se cumplen 35 años del primer Tour de Francia de Miguel Indurain (Villava, Navarra, 1964). Y fue el primero de cinco, lo que le convierte en el español con más rondas galas en su palmarés y uno de los integrantes del «club de los cinco», el grupo de ciclistas que ha ganado esta carrera cinco veces. Actualmente lo forman Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault, el propio Indurain y el esloveno Tadej Pogacar, que consiguió su quinto entorchado hace solo unos días.

El ciclismo que conoció Miguel Indurain es distinto del actual. No había tanto pulsómetro, tanta radio, tanto potenciómetro. La alimentación era distinta, la comunicación con el equipo también... Y en ese contexto fue en el que se produjo su primera victoria en el Tour de Francia, justo el verano en el que cumplió 27 años (la edad que tiene ahora mismo Tadej Pogacar).

Indurain cumplió 27 años durante la disputa de aquel Tour

Indurain cumplió 27 años durante la disputa de aquel TourEFE

En el Tour de 1991, Indurain ya era el mejor del pelotón y de un equipo –el Banesto– en el que había brillado y aún corría Perico Delgado. En una etapa que contenía entre otros puntos emblemáticos el paso por el Tourmalet, el navarro decidió atacar nada más iniciarse el descenso, cuando otros favoritos levantaban el pie para coger comida y algún periódico con el que protegerse del frío.

En aquel descenso imprevisto, muy lejos de la imagen de calculador que se ganaría después, Indurain se tiró con todo lo que le daban las piernas, la bici y la carretera. Atacó tan fuerte –recordaría Eusebio Unzué, su director de equipo–, que durante esa bajada alcanzó velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora. A pesar de tener una envergadura superior a la media, el navarro tomó las curvas con tanta violencia que una de las bicicletas sujetas al techo del coche del equipo se soltó y cayó por un barranco.

Una vez abajo, formó una alianza con el italiano Claudio Chiappucci, que acabaría tercero en ese Tour. Aquella tarde, Indurain realizó el típico intercambio de «para ti, la etapa; para mí, la general», una fórmula que emplearía más veces. Él sabía cuándo había que dejar ganar la etapa a un rival para optar a cotas mayores. Es decir, renunciar a triunfos inmediatos por victorias más grandes.

Miguel Indurain, con el trofeo de ganador junto Gianni Bugno y Claudio Chiappucci, segundo y tercer clasificado, respectivamente

Miguel Indurain, con el trofeo de ganador junto Gianni Bugno y Claudio Chiappucci, segundo y tercer clasificado, respectivamenteEFE

Ese verano de 1991 fue el del relevo en el pelotón y en el propio Banesto. El equipo inició una transición pacífica en la que el carismático Perico aceptó desempeñar un papel secundario en beneficio del hombre (Indurain) que había trabajado para él tiempo atrás. No fue nada traumático. De hecho, la dirección del equipo (Eusebio Unzué y José Miguel Echávarri) decidió que compartieran habitación. «Me encargaron que atendiera el teléfono, para procurar que le dejasen en paz y todo eso», explica Perico en Indurain (Córner, 2017), la biografía que escribió el periodista británico Alasdair Fotheringham. El antiguo jefe de filas, vencedor del Tour tres años antes, convertido de pronto en «secretaria» del alumno aventajado.

Sin embargo, en ese primer Tour ya hubo algunos problemas (menores) de convivencia. Después de cuatro o cinco noches juntos, el ciclista segoviano subió a la habitación y se encontró con otro compañero en la cama de Indurain. «Le pregunté: 'Oye, ¿qué pasa con Miguel?', y el compañero contestó: 'No quiere estar en la misma habitación que tú'. Mi primera reacción fue «¿Quéééé?», pero entonces fui en busca de Miguel y le pregunté directamente qué había pasado. Indurain respondió: 'Uf, Pedro, lo siento, pero lo estoy pasando muy mal contigo en la habitación'», relata el ciclista segoviano en ese mismo libro.

Pedro, lo siento, pero lo estoy pasando muy mal contigo en la habitación. Me haces sentir mucha hambreIndurain, a Perico Delgado en el Tour de 1991

Perico pensó que la «fuga» de Indurain obedecía a un problema de horarios: él solía acostarse un poco más tarde que los demás, mientras que Miguel era muy celoso de su descanso. En carreras de tres semanas como el Tour de Francia, el ciclista navarro intentaba dormir una hora más que los demás en base a un cálculo bastante sencillo: si en 23 o 24 noches duermes 60 minutos más que el resto del pelotón, llegarás a la última etapa con un día más de descanso en el cuerpo que tus rivales.

Pero no era una cuestión de sueño: «Es porque me haces sentir mucha hambre», le dijo Indurain a Perico cuando le preguntó. «Es cierto que Miguel debía controlar su peso (…). Y figúrate: llega a la habitación después de la etapa y me encuentra allí, atiborrándome con un bocadillo, una cerveza, unos pastelitos y tal vez suelto un gran eructo después, mientras que él solo toma un poco de muesli...». Perico cuenta que Indurain le debió decir en algún momento: «Ya he sufrido bastante sobre la bici para encima tener que aguantar cómo te pones las botas». El cuerpo de un ciclista y el del otro no tenían nada que ver, tampoco sus momentos vitales, y el navarro sufría con la dieta.

Portada del libro 'Indurain', de Alasdair Fotheringham

Corner (2017). 285 páginas

Indurain

Alasdair Fotheringham

La historia tuvo final feliz e Indurain ganaría el primer Tour de su palmarés un día como hoy de hace 35 años. Algunos periodistas le criticaban por inexpresivo, acostumbrados al carisma y la forma de pedalear y desenvolverse de Perico, pero pronto se ganaría el respeto, hasta el punto de que le ofrecieron ser el último relevista de la antorcha de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Su director José Miguel Echávarri decía que tenía una personalidad tan grande que no le hacía falta expresarla. Y él, cuando ganó su primer Tour, se limitó a decir que era «una carrera como otra, solo que es más importante».

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