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José Tomás, durante la lidia de su último toro en la Monumental de Barcelona (25 de septiembre de 2011)

José Tomás, durante la lidia de su último toro en la Monumental de Barcelona (25 de septiembre de 2011)

Se cumplen 16 años de la prohibición de los toros en Cataluña: «Mañana podría haber festejos en Barcelona»

En 2016 el Tribunal Constitucional dejó sin validez la prohibición de las corridas de toros en Cataluña

La prohibición de las corridas de toros en Cataluña es uno de los productos más llamativos de la sociedad de la posverdad, donde las cosas no son como se creen que son, la realidad se convierte en virtualidad y la mentira suele tener más prédica que la verdad.

Porque, a pesar de que el Parlamento de Cataluña prohibió las corridas de toros en el territorio de la comunidad autónoma, y que la última corrida de toros en una plaza catalana tuvo lugar el 25 de septiembre de 2011 en la Monumental de Barcelona –en una histórica faena protagonizada por José Tomás, Serafín Marín y Juan Mora–, lo cierto es que las corridas de toros no están prohibidas.

De hecho, el Tribunal Constitucional declaró nula la prohibición por invadir competencias del Estado al ser por ley patrimonio cultural inmaterial. Entonces, si el Constitucional dejó sin validez la prohibición, ¿por qué no se celebran toros en Cataluña?

Serafín con un capote ilustrado con la palabra «Libertad» en la última corrida que acogió la Monumental

Serafín con un capote ilustrado con la palabra «Libertad» en la última corrida que acogió la MonumentalEFE

Serafín Marín, a hombros tras la última corrida que acogió La Monumental

Serafín Marín, a hombros tras esa última corridaEFE

Según el crítico taurino de El Debate, Andrés Amorós, mañana mismo podría celebrarse una corrida en Cataluña y, si no se hace, es por la presión de los antitaurinos y las trabas burocráticas de la Generalitat. «El empresario no se atreve», asegura.

Porque si algo dolió al independentismo catalán fue ver que, pese a su feroz campaña contra la tauromaquia, su acoso a aficionados y su legislación contra los toros, cerca de 20.000 personas asistieron a la Monumental en aquella última faena, demostrando que aquella Barcelona que un día llegó a tener tres plazas en activo seguía siendo fuertemente taurina.

El cartel de las gradas con el mensaje «Libertad para nuestra cultura» escrito en catalán sobre una bandera catalana sonó como una bofetada en la cara del arrogante nacionalismo excluyente catalán.

En cualquier caso, insiste Andrés Amorós, «en contra de lo que muchos suponen, no están prohibidos hoy los toros en Cataluña. A ese nivel llega la tendenciosa desinformación».

«El 28 de julio de 2010», explica el crítico taurino, «la Generalidad prohibió las corridas de toros en Cataluña. El Gobierno tripartito (PSC, ERC, ICV) lo presidía el socialista José Montilla, conocido aficionado. Los socialistas catalanes mintieron: aseguraron que se opondrían a la prohibición y, en el último momento, no lo hicieron, para que la prohibición saliera adelante».

Asegura Andrés Amorós que el argumento esgrimido por el tripartito de que se prohibían las corridas para proteger a los animales no es cierto. «La prueba: se blindaron los correbous, por ser catalanes, aunque sean menos respetuosos con el animal».

«La razón verdadera se escuchó en la discusión parlamentaria catalana: se prohibieron las corridas ‘porque huelen a España’. Era un peldaño más (simbólico pero importante) en el camino hacia la independencia de España».

El siguiente paso se produjo el 28 de octubre de 2010, cuando «el Partido Popular presentó un recurso de inconstitucionalidad contra la prohibición. El Tribunal Constitucional lo aceptó por tres razones: porque invade la competencia estatal de regular el patrimonio cultural español, porque vulnera las libertades fundamentales y porque infringe el principio de libre mercado».

«En la Plaza de toros de Barcelona podría anunciarse mañana mismo una corrida de toros: se conserva en buen estado y se trata de un espectáculo legal, culturalmente protegido por ley», asegura.

Y añade: «La única razón de que no se celebren corridas es que el empresario de la Plaza no se atreve: le pondrían trabas burocráticas, perjudicaría al resto de sus negocios y podría haber problemas de orden público».

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