El diputado del PSIB Omar Lamin
El PSOE da plantón al homenaje a las víctimas de bombardeos republicanos porque no acepta «lecciones de Memoria» del PP
En el último momento, los socialistas se borraron del acto memorial impulsado por el Govern balear pese a que presentaron hace unos meses en el Parlament una propuesta de recuerdo
Los socialistas de Baleares, que han hecho de la ley de memoria democrática un casus belli político contra el gobierno de Prohens, se borraron este lunes del primer homenaje institucional a las víctimas de los bombardeos republicanos sobre Palma. Dicen desde el PSIB que no pueden aceptar «lecciones» de los populares sobre memoria democrática y que por eso no acuden, confirmando de facto la crítica que desde la derecha se hace habitualmente a su política de memoria, basada en recordar a las víctimas de un solo bando.
Lejos quedan las palabras de la presidenta del Congreso y líder de los socialistas baleares, Francina Armengol, hace apenas unos días a raíz de la suspensión por parte del Tribunal Constitucional de la derogación de la ley de memoria histórica balear. Recordó Armengol que «la memoria democrática no es una cuestión del pasado», sino «un compromiso con la verdad, la justicia, la reparación y la dignidad de las víctimas». Sin embargo, con este planteamiento, los socialistas vuelven a ningunear a una parte de las víctimas.
Y eso que parecía que los socialistas se abrían a recordar a todos los fallecidos. El giro del PSIB comandado por Armengol hacia la reconciliación se produjo este mismo año, cuando le entraron las prisas por marcarle el paso al Govern de Prohens. Tras años centrado en la reparación exclusiva de los represaliados por el franquismo, el grupo socialista impulsó a última hora una iniciativa en el Parlamento autonómico reclamando un tributo explícito a los fallecidos por los ataques de la aviación republicana, justo después de que la presidenta balear lo anunciara.
Sin embargo, a la hora de la verdad, los socialistas recularon y plantaron al Govern y a las familias en el acto de inauguración del Muro de la Dignidad, ubicado en el Paseo Sagrera de la capital balear, frente al refugio antiaéreo del Baluard de Sant Pere.
La explicación que han dado los socialistas para borrarse de la celebración es que no están dispuestos a «recibir lecciones de memoria» del PP después de que estos derogaran la Ley de Memoria Democrática en las Islas, y «menospreciaran» a las familias y entidades memorialistas.
La derogación de una ley 'resucitada'
Para justificar su plantón, los socialistas se remontan al pasado mes de marzo, cuando el bloque de PP y Vox liquidó la Ley de Memoria Democrática en el Parlamento insular. Una norma que, para alivio del PSOE, acaba de ser 'resucitada' por la vía de urgencia desde Madrid. El Pleno del Tribunal Constitucional, bajo la batuta de Cándido Conde-Pumpido, admitió a trámite el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el Gobierno de Pedro Sánchez. Al decretar la suspensión cautelar automática, el tribunal heló la decisión de la mayoría parlamentaria balear y restableció provisionalmente la vigencia del texto alumbrado en 2018 por el Ejecutivo de Armengol. Pero ni con su ley blindada cautelarmente por la corte de garantías han querido los socialistas acudir al homenaje.
Según el secretario de Nuevos Derechos, Cooperación y Migraciones del partido, Omar Lamín, el PSIB muestra «todo el respeto, solidaridad y reconocimiento» a las víctimas de los bombardeos, ya que todas «merecen memoria, dignidad, verdad, justicia y reparación».
Sin los socialistas y sin la entidad Memòria Democrática, afín a la izquierda, el Muro de la Dignidad se inauguró este lunes en memoria de los civiles fallecidos durante los bombardeos de la aviación republicana entre 1936 y 1938.
La ceremonia, presidida por Marga Prohens, contó con la intervención del historiador Manuel Aguilera, colaborador de El Debate y una de las voces académicas que más ha investigado el terror en la retaguardia balear durante la Guerra Civil.
«90 años de censura y silencio»
«Estas víctimas no habían recibido nunca un homenaje, ni en 40 años de dictadura ni en 50 de democracia. Son muchos años de censura y silencios. Y en una democracia no puede haber silencios. La verdad debe estar por encima de todo», reflexionó Aguilera, que puso el dedo en la llaga recordando que «han tenido que pasar 90 años para ver sus nombres grabados en un monumento.
El historiador recordó cómo la aviación republicana convirtió Mallorca —y singularmente a Palma, junto a Córdoba— en un temprano laboratorio de la guerra moderna donde la población civil pagó el precio más alto.
Apoyándose en las investigaciones de historiadores de referencia como Josep Massot i Muntaner, Josep Solé y Joan Villarroya, Aguilera precisó que solo en el primer mes de contienda la aviación republicana bombardeó Mallorca en 46 ocasiones —más de un ataque diario—, y sufrió hasta 25 incursiones.
«Los objetivos en principio eran militares, pero las bombas cayeron sobre zonas comerciales y barrios obreros. Las mujeres, los niños y los ancianos continúan siendo las principales víctimas de los bombardeos», relató el investigador.
Entre los pasajes más emotivos de su intervención, Aguilera fue poniendo rostro a los 73 nombres esculpidos en el muro. Recordó a Alejandro Llinás Socías, un mecánico de 18 años de familia republicana fallecido en la plaza del Olivar. También habló de Margalida Planas Nadal, la primera mujer muerta a causa de la guerra en Baleares, que perdió la vida «en brazos de su hija» cerca de la Plaza Mayor de Palma.
El acto contó con la presencia viva de esos legados fracturados. La familia de Margarita Estela, pariente de una trabajadora fallecida en Serralta; los allegados de Jaume Rosselló, muerto en Son Espanyolet con su bebé en brazos; la familia Bagur, descendientes de las hermanas Ferragut —cuyo cuerpo de la más pequeña sigue desaparecido—; o las sobrinas de las jóvenes hermanas Muñoz Martí, masacradas en el bombardeo de mayo de 1937 en la plaza del Pes de sa Palla.
Aguilera leyó una carta enviada desde el extranjero por Isabel Picornell, descendiente de una familia dividida y dispersada entre Mallorca y Filipinas a raíz del conflicto, para quien la cita de este lunes representó «un momento de reencuentro y de sentido de pertenencia compartida».
Cerró su discurso situando las 73 identidades rescatadas del olvido como un alegato universal contra la barbarie: «Estos 73 nombres del Muro de la Dignidad nos deben servir para recordar el horror de nuestra guerra y de todas las guerras».