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TribunaMONSEÑOR Manuel Sánchez Monge

Las diez claves del primer año de León XIV al frente de la Iglesia

Hace un año, tras el torbellino desatado por el Papa Francisco, se necesitaba un periodo de reflexión serena. Había que dar forma canónicamente correcta a las reformas iniciadas por Francisco. La Barca de Pedro estaba colocada en medio del mar y movida hacia destinos inexplorados, sin una ruta predeterminada

El 8 de mayo del 2025 resultó elegido Papa el cardenal Robert Francis Prevost, que escogió el nombre de León XIV.

1. La elección del nombre: de la cuestión obrera a la inteligencia artificial

La razón principal para elegirlo fue, según él mismo comentó, recordar cómo León XIII con la Rerum Novarum «afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial» y que «hoy la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo».

También habló de los retos de la inteligencia artificial, un fenómeno social que inspira preocupación sobre cómo cambiará el trabajo, la comunicación, el comercio global, la guerra y la familia. Durante el rezo de un Ángelus dominical, el Papa invitó: «Apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros».

2. El marcado cristocentrismo

Es «el Resucitado, presente en medio de nosotros, quien protege y guía a la Iglesia» e invitó muy pronto a ser «dóciles oyentes de su voz».

En agosto, en telegrama a los obispos de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), urgió a anunciar a Jesucristo «con claridad e inmensa caridad». Y advirtió contra la idolatría de la naturaleza: el cuidado de la creación es «derecho y deber» de los cristianos, pero nadie debe someterse a los bienes naturales «como esclavo o adorador de la naturaleza, ya que las cosas nos han sido dadas para conseguir nuestro fin de alabar a Dios y obtener así la salvación de nuestras almas».

El cristocentrismo se confirmó en la Misa de inicio de pontificado el 18 de mayo. León XIV definió el ministerio petrino como servicio de amor, no como ejercicio de poder: «No se trata nunca de atrapar a los demás con el sometimiento, con la propaganda religiosa o con los medios del poder, sino que se trata siempre y solamente de amar como lo hizo Jesús». Y lanzó al mundo la que puede considerarse la consigna de su pontificado: «¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!». Su deseo: «Una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo».

Mostrar que Cristo no es una idea, una abstracción, sino una Persona viva, que nos quiere con un amor que va más allá de todo lo imaginable Y que es fundamental el encuentro personal con Él. Es una de sus insistencias principales.

El 30 de enero, en audiencia al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, alertó sobre la «ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana» y recordó: «No es la Iglesia la que atrae, sino Cristo».

El cardenal Eijk elogió especialmente el cristocentrismo de las homilías del nuevo Papa: «El Papa dice que quiere desaparecer para que solo Él permanezca».

3. Necesidad de conversión

La conversión interior también ha sido un tema recurrente. Para tener a Jesús como centro de nuestra vida, León XIV ha insistido en la necesidad de que cada cristiano necesita convertirse, renovar interiormente su vida. Hay que seguir a Cristo con verdad y seriedad, amarlo con toda la mente y el corazón, de tal manera que no se anteponga nada a Él. «La reforma de la Iglesia comienza cuando cada cristiano se toma en serio su propia conversión», afirmó durante la Cuaresma.

El 22 de diciembre la carta apostólica Una fedeltà che genera, sobre la identidad sacerdotal, en el 60.º aniversario de Presbyterorum ordinis y Optatam totius, citando a san Juan María Vianney, subrayó que «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús». E invitó a los sacerdotes a vivir la fraternidad presbiteral, cuidar la formación permanente y huir «del activismo eficientista y del quietismo derrotista».

4. Volver al Vaticano II

Ha iniciado un ciclo de catequesis dedicado a recuperar la belleza y la importancia del Vaticano II. La Iglesia se hace palabra y coloquio, en palabras de Pablo VI, y su anuncio al mundo exige «no tanto organismos o métodos o estructuras, sino santidad más profunda y extensa» utilizando palabras de Juan Pablo I.

El Papa ha insistido mucho en la responsabilidad de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Es de capital importancia su presencia en los ámbitos de la cultura, la santificación del trabajo y de la vida ordinaria. Todos en la Iglesia tenemos que evangelizas, también los laicos.

5. La causa de la paz

Recién elegido Papa dirigió este saludo: «La paz esté con vosotros! Esta es la paz de Cristo Resucitado, una paz desarmada y una paz que desarma, humilde y perseverante. Proviene de un Dios que nos ama a todos incondicionalmente». A los profesionales de la comunicación les volvió a hablar en el mismo sentido: «Una comunicación desarmada y desarmante nos permite compartir una mirada distinta sobre el mundo y actuar de modo coherente con nuestra dignidad humana».

En el mensaje Urbi et Orbi del Domingo de Resurrección apeló: «¡Quien empuña las armas, que las deponga! ¡Quien tiene el poder de desatar guerras, que elija la paz!». El 11 de abril presidió un rosario por la paz ante diez mil fieles en la basílica vaticana: «¡Deteneos! Ha llegado el tiempo de la paz».

Animó a construir puentes mediante el diálogo y el encuentro vía telefónica con el primer ministro israelí y el presidente palestino en julio, y sucesivas audiencias en los meses siguientes.

En la misa crismal del Jueves Santo, León XIV exclamó: «En esta hora oscura de la historia, Dios nos envía a esparcir la fragancia de Cristo allí donde reina el hedor de la muerte».

El viaje a Turquía se prolongó al Líbano, bajo el lema «Bienaventurados los que trabajan por la paz». En Annaya, León XIV fue recibido como mensajero de esperanza tanto por cristianos de distintas confesiones como por fieles de otras religiones.

6. Fortalecer la unidad

El cardenal Willem Jacobus Eijk, arzobispo de Utrecht, ofreció una lectura del nuevo pontificado que condensaba la percepción de buena parte del Colegio Cardenalicio: «Veo en él a un hombre que restaurará la unidad».

El 25 de mayo, tomó posesión de su cátedra en la basílica de San Juan de Letrán. Allí, recordando el primer concilio de la Iglesia en Jerusalén, afirmó que «la comunión se construye ante todo de rodillas, en la oración y en un esfuerzo continuo de conversión».

«La división nace cuando Cristo deja de ser el centro». Las polarizaciones ideológicas son un hecho muy preocupante y de graves consecuencias para fieles y pastores dentro de la Iglesia. Siembran escándalo y generan confusión: por el escándalo y la confusión.

Robert Prevost es un hombre con mucha capacidad de síntesis cuyo objetivo supremo es preservar la unidad de la Iglesia

7. Defensa del papel de la familia

En su primer discurso León XIV explicó que quería que sus palabras llegaran a los corazones, a las familias, a todos los pueblos y a toda la Tierra. Evocó la figura de Francisco bendiciendo Urbi et Orbi el día de Pascua y, continuando su bendición, aseguró que el mal no vencerá porque «todos estamos en las manos de Dios».

En su primera audiencia al Cuerpo Diplomático presentó la familia «fundada sobre la unión estable entre el hombre y la mujer», como base de la sociedad, y advirtió: «La Iglesia no puede nunca eximirse de decir la verdad sobre el hombre y sobre el mundo, recurriendo a lo que sea necesario, incluso a un lenguaje franco, que inicialmente puede suscitar alguna incomprensión»

El 28 de marzo en Mónaco pidió a los católicos que proclamaran «el Evangelio de la vida» y advirtió que las guerras son fruto de la idolatría del poder y del dinero.

8. Promoción del ecumenismo

En la segunda canonización, el 19 de octubre, elevó a los altares a siete beatos uno de ellos mártir: el arzobispo armenio Ignacio Maloyan.

El 23 de octubre por primera vez desde el siglo XVI, el primado de la Iglesia de Inglaterra y el obispo de Roma rezaron juntos en la Capilla Sixtina y con presencia del rey Carlos III. Incluyó la Oración del Mediodía de la Liturgia de las Horas junto al arzobispo anglicano de York, Stephen Cottrell.

Con la carta apostólica In unitate fidei, conmemorando el 1700.º aniversario del Concilio de Nicea, invitó a redescubrir la fe expresada en dicho Concilio presentando el Credo niceno como base para la unidad de los cristianos.

Días después, León XIV viajó a Turquía, donde visitó Ankara, Estambul e Iznik (la antigua Nicea) bajo el lema «Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo». Allí anunció junto al patriarca ecuménico Bartolomé I nuevos pasos hacia la unidad.

9. El amor a los pobres

El 9 de octubre publicó su primera exhortación apostólica, Dilexit te. El documento recuerda que el amor a los pobres no es «un camino opcional», sino «criterio de verdadero culto».

En su exhortación cuaresmal, León XIV pidió además «que este tiempo penitencial no se reduzca a propósitos abstractos, sino que se traduzca en caridad concreta y atención real al prójimo: pidió dedicar tiempo «a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos». Unido a ello, animó a practicar una renuncia efectiva a lo innecesario para socorrer a quienes sufren carencias: «Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario».

Citando a san Agustín, el Papa concluyó con una llamada a una vida cristiana de humildad, caridad y obras concretas: «nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz».

10. Valoración de los sacerdotes

El lavatorio de los pies ha regresado a la basílica de San Juan de Letrán y se restringió a doce sacerdotes. El gesto rompía con la práctica del Papa Francisco, que lo celebraba habitualmente en cárceles y centros de acogida. La decisión fue valorada como «catequéticamente valiosa» al restablecer el vínculo entre el lavatorio y el sacerdocio ministerial.

El 7 de enero 2026 convocó en el Consistorio extraordinario de cardenales pretendiendo recuperar su participación de en el gobierno de la Iglesia. Aunque antes había subrayado: «La esencia de la Iglesia no son los cardenales, ni los obispos, ni el clero. La esencia es la predicación del Evangelio».

«Así también el sacerdote no vive para exhibirse, pero tampoco para esconderse. Su vida está llamada a ser visible, coherente y reconocible, aun cuando no siempre sea comprendida. La fachada no existe para sí misma: conduce al interior. Del mismo modo, el sacerdote no es nunca fin en sí mismo. Toda su vida está llamada a remitir a Dios y a acompañar el paso hacia el Misterio, sin usurpar su lugar» (Carta del papa León XIV al presbiterio de la archidiócesis de Madrid con motivo de la Asamblea Presbiteral «Convivium»)

Un pontificado en la encrucijada

Hace un año, tras el torbellino desatado por el Papa Francisco, se necesitaba un periodo de reflexión serena. Había que dar forma canónicamente correcta a las reformas iniciadas por Francisco. La Barca de Pedro estaba colocada en medio del mar y movida hacia destinos inexplorados, sin una ruta predeterminada. Al nuevo Papa no se le pedía que invirtiera el rumbo de la Barca, sino que la dotara de una brújula. Robert Francis Prevost parecía, para la mayoría, el hombre idóneo. Amable y sereno, concedía pocas entrevistas, no se precipitaba en las decisiones. Tenía experiencia como superior de una orden religiosa, conocía la curia, sin dejar de lado su condición de misionero. Se necesitaba un Pontífice capaz de construir puentes de unidad y que guiara a la Iglesia hacia adelante con orden y continuidad.

  • Manuel Sánchez Monge es obispo emérito de Santander
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