San Cristóbal llevando a Jesús, de José de Ribera e icono oriental de san Cristóbal con cabeza de perro
Picotazos de historia
Las dos caras del curioso y querido san Cristóbal: guerrero con cabeza de perro y gigante con Jesús a hombros
Venerado tanto en Oriente como en Occidente, en cada región se cuenta una tradición: que fue un guerrero con cabeza de perro que se convirtió al cristianismo o que fue un gigante que portó a Dios Niño y el peso de los pecados de la humanidad
Es uno de los santos más famosos. Los que ya tenemos una edad recordamos los tiempos en los que te subías a un coche y era prácticamente imposible no encontrar la pequeña imagen circular y magnetizada, para poder fijarla en el salpicadero, de san Cristóbal.
Este santo es el patrón de los viajeros, los jardineros, los fruteros, descargadores y estibadores, deportistas, mozos de cuerda y porteadores de todo tipo y laya, camioneros, barqueros, conductores de todo género y condición, peregrinos, trabajadores del ferrocarril (normal y subterráneo), etc. Por si fuera poco, también se le suele invocar para prevenir y protegernos del infarto, la peste y la muerte súbita. Como pueden ver es un santo muy ocupado.
Este santo tiene muchos elementos extraordinarios en relación con él. En la primitiva versión occidental se nos muestra como un hombre de talla gigantesca y fuerza hercúlea. Un exsoldado sombrío y taciturno que proclamará su conversión al cristianismo en tiempos de martirio.
Grabado medieval de san Cristóbal con el niño Jesús a la espalda
Por su parte la Iglesia Oriental, en las imágenes más antiguas, nos muestra a san Cristóbal como uno de los santos cinocéfalos: un santo con cabeza de animal. En concreto san Cristóbal es representado con el cuerpo de un hombre y la cabeza de un perro. Una versión cristiana del dios Anubis.
La leyenda oriental nos explica que en tiempos del emperador Decio (siglo II d. C.), tras una batalla en la región de Marmarica –entre la zona del delta del Nilo y Cirenaica, en el norte de África– capturaron a un enorme guerrero con cabeza de perro. Un ser aterrador a quien enrolaron en la III cohorte Valeria Marmaritarum. Este guerrero, de nombre Réprobo, acabó convirtiéndose al cristianismo y haciendo público reconocimiento de ellos. Esto le valió la expulsión del Ejército, la prisión, tortura y decapitación final.
Representación oriental de san Cristóbal con cabeza de perro
En la Iglesia Occidental se mantiene la figura gigantesca del soldado romano pero la leyenda será transformada por el texto hagiográfico conocido como La Leyenda Dorada, escrito por el beato arzobispo de Génova Santiago de la Vorágine en el siglo XIII. Según esta nueva versión san Cristóbal era un cananeo que se había establecido en el sur de la península de Anatolia. En Lidia. Cristóbal, que entonces se llamaba Réprobo, era un gruñón amargado que ayudaba a cruzar el río. Una noche se le presentó un niño pequeño pidiendo que le ayudara a cruzar.
El gigante se echó a los hombros a la criatura, pero a medida que atravesaba el río parecía pesar más y más. La corriente del río también pareció aumentar. Al llegar, completamente agotado, a la otra orilla el niño se reveló como Dios en forma de Jesús niño y que al cargarle sobre sus hombros también había cargado el peso de los pecados de la humanidad. La leyenda, continúa, nos relata la conversión inmediata de Réprobo que tomará el nombre de Cristóbal, que significa «el que porta a Cristo».
Representación de san Cristóbal de El Bosco
El culto a la figura de san Cristóbal está demostrado que ha existido, al menos, desde el 454 d. C., fecha en la que se ha datado una iglesia consagrada a su persona en Bitina (Turquía), pero la gran expansión de su culto viene con el desarrollo de las cuatro grandes rutas de peregrinación durante la Edad Media: Jerusalén, Santiago de Compostela, Roma y Monte Gargano (Nápoles). Después de la Segunda Guerra Mundial se verá un nuevo renacimiento del culto a san Cristóbal propiciado por el desarrollo de la industria automovilística.
La Iglesia Oriental tiene al santo entre los más respetados y representados, pero con la chocante diferencia de su representación con cabeza de perro. En la occidental es el gigante con el niño Dios sobre sus hombros. La cinocefalia del santo fue rechazada como forma de representación en occidente y en la Iglesia Oriental debió crear problemas pues ya el Sinaxario de Constantinopla (recopilación de breves notas biográficas de los santos reunidas en el siglo X) trata de eliminar los textos en los que se menciona esa característica del santo o se hace alusión a la naturaleza salvaje y bestial de Réprobo antes de convertirse en Cristóbal.
San Cristóbal es un santo muy querido tanto en la iglesia oriental como en la occidental
Serán estas características tan particulares de san Cristóbal las que levantarán dudas sobre su existencia real. Precisamente quien rompió el fuego en este punto, en occidente, fue Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la Locura. Por otro lado, tenemos un texto escrito por el archidiácono Pablo de Alepo, en la segunda mitad del siglo XVII, quien fue testigo de la ceremonia de la limpieza de las reliquias de la catedral de la Asunción de Moscú. El autor nos relata que cuando le llegó el turno a la santa reliquia de la cabeza de san Cristóbal esta era la de un perro de gran tamaño. Existe otra reliquia de la cabeza del santo que podemos encontrar en la ciudad croata de Rab, en el museo de la iglesia de santa Justina.
El santo es festejado por la Iglesia católica el día 10 de julio y en la Iglesia oriental el día 9 de mayo. A partir del año 1969 el Vaticano decidió eliminar al santo del calendario general permaneciendo la festividad en los calendarios locales. Pero, a pesar de haber sido apartado del calendario litúrgico general, san Cristóbal continúa siendo un santo muy popular y querido. Un santo a quien tenemos presente cada vez que subimos a un coche dispuestos a realizar un viaje largo. Alguien que se encuentra profundamente enraizado en nuestros recuerdos de infancia que, como todo el mundo sabe, son los últimos que se borran de la mente.