Ilustración del hundimiento del RMS Lusitania
El hundimiento del Lusitania: el falso mito de la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial
El «galgo de los mares» no transportaba solo pasajeros entre Nueva York y Liverpool
El hundimiento del RMS Lusitania se incluye en esos sucesos de zona gris que se producen en cualquier conflicto bélico. El 7 de mayo de 1915, frente a la costa de Kinsale, en Irlanda, el transatlántico más rápido y lujoso de su tiempo fue atacado por sorpresa por un submarino alemán. Murieron 1.198 personas por la explosión y el hundimiento fue causado por un único torpedo. Sobre el suceso se han creado diferentes relatos e incluso teorías de la conspiración que ya han sido desmentidas por varios historiadores.
Sin embargo, tras la silueta de cuatro chimeneas del transatlántico británico se escondían varios secretos que han tardado cinco décadas en salir a la luz. Ahora bien, ¿fue un acto de guerra legítimo o una masacre de inocentes?
La crónica de este desastre comenzó días antes del hundimiento, el 1 de mayo de ese mismo año, cuando los pasajeros embarcaron en el «galgo de los mares» desde el Muelle 54 de Nueva York. Estados Unidos parecía una zona segura, un oasis en pleno desarrollo de una Gran Guerra en Europa en la que los norteamericanos no tenían ningún interés en participar.
No había razón para preocuparse: el Lusitania era, en teoría, un transporte civil de pasajeros, no un objetivo militar. Sin embargo, la Embajada alemana en EE.UU. pagó una serie de anuncios en los periódicos en los que avisaba de que cualquier buque con bandera británica en la zona de guerra sería considerado un objetivo legítimo.
Una advertencia que tanto la naviera como el capitán del transatlántico, William Turner, ignoraron. El RMS Lusitania zarpó de Nueva York con casi 2.000 almas a bordo, sin mayor novedad. La travesía fue habitual, salvo por tres polizones de origen alemán que la tripulación encarceló al descubrirlos. El 7 de mayo era un día más de navegación; lo que ningún pasajero sospechaba es que, a pocas millas, bajo el agua, acechaba un U-20 de la Armada Imperial alemana.
El avistamiento se produjo a las 13:20 horas y, una hora después, el capitán Walther Schwieger dio la orden de fuego: «Impacto a estribor, justo detrás del puente. Se produce una explosión extraordinariamente pesada, con una gran nube de humo muy oscura que llega mucho más allá de la chimenea delantera. Además de la explosión del torpedo, debe de haber habido otra segunda (caldera, carbón o pólvora). [...] El barco se detiene inmediatamente y se escora muy rápidamente a estribor, sumergiéndose al mismo tiempo por la proa. [...] A bordo se desata un gran pánico; los botes son arriados y caen al agua. Muchos de ellos, totalmente cargados, caen de punta o de lado y se hunden de inmediato. Parecía imposible disparar un segundo torpedo hacia este grupo de personas que intentaba salvarse», escribió el comandante del submarino en su diario de a bordo. El coloso se hundió en apenas 18 minutos, dejando un último mensaje telegráfico a las 14:33: «Lusitania hundido».
Verdades y mentiras
Durante 50 años, el Gobierno británico sostuvo la tesis de que el Lusitania era un crucero de pasajeros inocente. Sin embargo, el manifiesto de carga desclasificado confirmó que en sus entrañas viajaban 4,2 millones de cartuchos Remington. 303 y 1.248 cajas de proyectiles de shrapnel. En total, 170 toneladas de material bélico.
Para Alemania, esto convertía al buque en un transporte militar; para Londres, en la herramienta perfecta para forzar la intervención de Washington en la contienda. Muchos relatos han defendido la idea de que el hundimiento del Lusitania sirvió para que Estados Unidos entrase en la Gran Guerra, pero esto es falso.
El Lusitania inmediatamente después del ataque con torpedos
Es cierto que fallecieron entre 123 y 128 estadounidenses en el ataque, según la fuente que se consulte, pero el presidente Woodrow Wilson declaró que «somos una nación que tiene tanta razón que no necesita convencer a otros por la fuerza de que tiene razón» durante un discurso el 10 de mayo. Esta actitud fue criticada por mostrar una aparente frialdad ante lo sucedido, pero no cambió el rumbo de la historia. Su nación no entró en guerra hasta dos años después.
Esas 170 toneladas explicarían la segunda explosión a la que se refirió el capitán Walther Schwieger en su diario. Aunque el hundimiento no fue un detonante de la entrada de Estados Unidos en la contienda, provocó una crisis internacional y fue utilizado por ciertos senadores proguerra para defender su postura.