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La batalia de Adua, pintura etíope

La batalla de Adua, pintura etíope

Picotazos de historia

La batalla de Adua, la derrota que obligó a Italia a reconocer la independencia de Etiopía

Un error de traducción —o una maniobra deliberada— en el Tratado de Ucialli llevó a Italia y Abisinia a una guerra que culminó en Adua, donde Menelik II infligió una derrota histórica al ejército colonial italiano

El 2 de mayo de 1889, en la ciudad de Ucialli o Wuchale, al norte de Etiopía, se firmó un tratado internacional entre el Reino de Italia y el Imperio abisinio. Una posterior revisión del texto probó que había notables discrepancias entre las copias en italiano y las escritas en amárico, lengua oficial del Imperio abisinio.

Las diferencias de redacción no eran insignificantes, ya que en el artículo 17.º, en la versión amárica, Italia asesoraría a Etiopía en los acuerdos económicos, políticos y diplomáticos con otras naciones. La versión italiana del mismo tratado, por el contrario, afirmaba que Etiopía delegaba dichos acuerdos en el Reino de Italia.

Esto significaba una delegación brutal de representación, por lo que, de facto, Abisinia —o Etiopía, como ustedes prefieran— pasaba a ser un protectorado del Reino de Italia. Huelga decir que, cuando se enteró el negus Menelik II de la jugarreta que le habían hecho, montó en cólera y protestó en los foros internacionales por el abuso. Italia, por su parte, jugó la postura del ofendido y culpó a los etíopes de duplicidad y difamación.

Menelik II

Menelik II

Menelik II fue consciente de que se iniciaba una escalada que, tarde o temprano, terminaría en conflicto. Empezó a buscar empresas y países que le suministraran armamento: fusiles, cañones, munición, instructores, etc.

El conflicto estalló en enero de 1895, cuando las tropas italianas de Eritrea invadieron la región autónoma de Tigray. Este era un territorio que gozaba de una amplia autonomía, pero que era parte integrante del Imperio abisinio. Menelik ordenó a sus ras —gobernadores— que convocaran a sus tropas. Lo que no sería rápido debido a las distancias y los primitivos medios de comunicación del país. Tardó meses.

El día 5 de diciembre de 1895, al frente de un ejército compuesto por unos 70.000 guerreros, Menelik entró en territorio de Tigray. Muchos de sus guerreros estaban armados con modernos fusiles. Incluso tenían el nuevo fusil Carcano modelo 91, que recientemente se había suministrado al Ejército italiano y que habían adquirido de empresas italianas.

El día 7 de diciembre, las tropas de Menelik masacraron a la guarnición italiana de Amba Alagi, compuesta por tropas nativas —askaris— e italianas, en número total de 2.350. Este desastre y la pérdida de la posición de Mekele conmocionaron al Gobierno italiano, que inmediatamente aprobó refuerzos, fondos y suministros para el comandante en jefe de las fuerzas italianas en Eritrea, el general Oreste Baratieri. Por contraposición, Baratieri sufría una abrumadora presión para que atacara y destruyera a los etíopes: para el Gobierno italiano, unos salvajes primitivos en taparrabos.

El coronel Baratieri (sentado) y su personal, Saati, Eritrea , 1888

El coronel Baratieri (sentado) y su personal, Saati, Eritrea , 1888

Estas presiones políticas, combinadas con el ánimo furiosamente agresivo de sus comandantes y con los problemas de logística que hacían que solo tuviera suministros para cinco días, le llevaron a organizar un ataque a la fuerza abisinia que se había situado al oeste de la meseta de Gundapta y de los pasos montañosos. El lugar se llamaba Adua o Adwa.

Las fuerzas italianas estaban divididas en cuatro columnas, comandada cada una por un general de brigada y con una fuerza total de unos 18.000 soldados y 56 piezas de artillería.

La orden de ataque se dio para el día 29 de diciembre y todo fue mal desde el principio. El orden de batalla italiano fue de tres columnas, formada cada una por una brigada, y una cuarta de reserva. La columna de la izquierda, o Brigada Nativa, estaba bajo el mando del general Matteo Albertone. Este, en vez de tomar los pasos de las montañas que le habían asignado y fortalecerse allí, continuó avanzando. Directo hacia el campamento principal de Menelik en Adua.

La columna de la derecha, o II Brigada de Infantería, bajo el mando del general Vittorio Dabormina, tenía orden de ocupar los pasos de montaña al norte de la posición de Albertone. El hueco entre las dos unidades sería ocupado por la columna central, o I Brigada, comandada por el general Giuseppe Arimondi. Una cuarta columna —la III Brigada—, bajo el mando del general Giuseppe Ellena, formaría la reserva.

Como les estaba contando, la columna de Albertone llegó la primera a sus posiciones. Las rebasó y continuó avanzando hacia el grueso de las tropas de Menelik. Cuando el negus, rey de reyes y león de Judá, comprobó la metedura de pata del italiano, dio orden de atacar.

A medida que aumentaba la fiereza del combate, Albertone se dio cuenta de su grave error y de la situación tan comprometida en que había puesto a su brigada, por lo que organizó la retirada.

Avances en los campamentos de las tropas de Menelik II en los días previos a la batalla de Adua

Avances en los campamentos de las tropas de Menelik II en los días previos a la batalla de Adua

Para entonces, Oreste Baratieri se había percatado del peligro en el que se encontraba Albertone, por lo que dio orden al general Dabormina de que apoyara la retirada de la comprometida y muy maltratada brigada de Albertone, y a la brigada de Arimondi —que todavía estaba llegando—, que ocupara la posición que abandonara Albertone en los pasos de montaña.

Lamentablemente, Dabormina se equivocó de sendero y apareció mucho más al norte. En concreto, en un valle llamado Mariam Shavitu, que estaba completamente dominado por colinas.

Los generales de Menelik y el propio negus se dieron cuenta de este segundo gran error y lo aprovecharon. Menelik ordenó al ras Makonnen —padre del futuro Haile Selassie, último emperador de Abisinia— que ocupara las colinas entre las brigadas de Albertone y Dabormina, impidiendo que pudieran ayudarse. Makonnen llevó 15.000 guerreros.

A las 10:30, la columna de Albertone prácticamente había dejado de existir, estando su comandante herido y prisionero. Eliminada la columna italiana, las tropas de Menelik se volvieron hacia los pasos para atacar a la columna de Arimondi, que todavía no había ocupado las posiciones.

La presión sobre los italianos era tremenda debido a la gran superioridad numérica. Poco a poco fueron rebasados por los flancos. Viendo el peligro de ser rodeada la brigada, Baratieri dio orden de que se retirase. Eran las 12:00 horas y para entonces el general Arimondi había muerto en combate.

Representación italiana de la batalla de Adua

Representación italiana de la batalla de Adua

La orden de retirada no llegó al mismo tiempo a todas las unidades, lo que generó confusión y rompió la línea de defensa. Estas tropas en desbandada causaron grandes problemas a la columna de reserva del general Ellena, que se las vio y se las deseó para evitar que la retirada se transformara en desastre. Ellena fue herido y durante su convalecencia escribiría varios informes analizando los sucesos y culpando al mando.

El ras Makonnen había impedido que la columna de Dabormina se uniera a la de Albertone. Ahora se vieron atacados por tres sitios y con las alturas dominadas por los tiradores abisinios. La defensa fue firme hasta las 16:30 horas, cuando el general dio la orden de retirada, al considerar imposible mantener la posición.

El general Dabormina ignoraba qué había sido de las otras columnas; con todo, trató de mantener la cohesión de los restos de su columna para permitir una retirada ordenada. Murió empuñando su revólver. Menelik quedó tan impresionado por la actuación del general Dabormina que recogió la espada y la bufanda del caído para hacerlas llegar a su familia.

Los italianos perdieron ese largo día toda la artillería, junto con la mayor parte de su intendencia y transporte, y 12.000 fusiles. Los muertos superaban los seis mil, de los que más de 4.000 eran italianos y el resto tropas nativas —askaris—. Los heridos apenas fueron unos 1.500, ya que la mayoría fueron rematados en el campo de batalla. Una costumbre etíope. Los prisioneros fueron más de 3.000.

Los abisinios sufrieron graves bajas, calculándose los muertos y heridos entre 8.000 y 10.000. Menelik II no quiso presionar a las derrotadas tropas italianas. Su victoria había sido espectacular; si continuaba hasta la aniquilación de los italianos y la toma de Eritrea, podía generar en Italia un sentimiento revulsivo: crear una cruzada nacional en Italia y dar lugar a un conflicto largo que no podría ganar.

Abisinia firmó el Tratado de Addis Abeba el 28 de octubre de ese año, por el cual se le reconocía internacionalmente como una nación libre e independiente de pleno derecho.

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