Una vista del Castillo de Sant'Angelo y sus alrededores en un cuadro de finales del siglo XVII
Picotazos de historia
La procesión contra la peste de Roma y la visión que dio nombre al castillo de Sant’Angelo
Desesperados los dirigentes de la urbe por la alta mortandad que estaba acabando con su población, se dejaron convencer por san Gregorio para organizar una gran procesión penitencial por la ciudad con el fin de solicitar la misericordia divina y el fin de la peste
En el Borgo, XIV distrito de Roma, frente al puente Elio, al que hoy se le llama de Sant'Angelo, se alza la enorme estructura de un edificio con casi 1.900 años de existencia: el castillo del Santo Ángel o de Sant'Angelo.
Se inició la construcción de este colosal edificio en el año 135 d. C. por orden del emperador Adriano para ser completado cuatro años después, durante el reinado de su sucesor Antonino Pío. La colosal construcción fue obra del arquitecto Demetriano, que también construyó el puente que atraviesa el río Tíber, situado frente al mausoleo: el Pons Aelio o puente Elio.
El edificio se concibió como un enorme mausoleo, construido a semejanza del de Augusto, pero más grande, que contendría los restos de Adriano, la familia imperial y sus sucesores en la púrpura.
El pronto llamado mausoleo de Adriano o Mole Adrianorum vio radicalmente alteradas sus funciones en el año 403, cuando el emperador Honorio decidió aprovechar la sólida estructura como parte del sistema de fortificación de la ciudad de Roma junto con las murallas aurelianas. Estas últimas eran un amurallamiento defensivo construido entre los años 270 y 275 para proteger la ciudad en tiempos del emperador Aureliano. Honorio utilizaría el mausoleo como si una torre albarrana o un baluarte fuera.
En el año 590 se produjo en Roma un violento brote de peste. Este era parte de la gran plaga que se inició en tiempos del emperador Justiniano (541) y que duraría hasta el 750, cobrándose la vida de más de cien millones de personas. En ese tiempo, el futuro santo y Papa Gregorio Magno era solo diácono de la Iglesia, pero muy respetado en la ciudad.
Desesperados los dirigentes de la urbe por la alta mortandad que estaba acabando con su población, se dejaron convencer por san Gregorio para organizar una gran procesión penitencial por la ciudad con el fin de solicitar la misericordia divina y el fin de la peste.
Se acordó que la procesión se celebraría el día 25 de abril de ese año (590). Esta se compondría de siete diferentes procesiones que recorrerían la ciudad para converger en la basílica de Santa María la Mayor. Los siete grupos serían: clero, abades y monjes, abadesas y monjas de los diferentes conventos de Roma, varones adultos, mujeres casadas, las viudas de Roma y la procesión en la que se agrupaban los hijos, esto es, aquellos que no tenían estatus de padres de familia.
La peste de Justiniano
Todos los habitantes de la ciudad tenían la obligación de asistir y participar, y, ya que se trataba de un acto para solicitar la misericordia divina frente a la plaga, la no asistencia sería vista con muy malos ojos por todos. Según los cronistas, durante el desarrollo de las procesiones ochenta personas fallecieron por la enfermedad, colapsando sobre las calles de la ciudad.
Cuenta la tradición, una leyenda hagiográfica posterior, que, cuando la procesión se acercó al mausoleo reconvertido en fortaleza, san Gregorio vio al arcángel san Miguel encima de la mole. El arcángel blandió varias veces su llameante espada y luego, con lentitud, la envainó.
El futuro santo interpretó la visión como que Dios había sido aplacado y que la plaga había llegado a su fin.
El ya castillo pasó a ser conocido como castrum crescentii cuando la familia Crescencio, condes de Túsculo y señores de Roma durante el siglo X, lo ocupó como base y garantía de su poder sobre la ciudad. Durante los siguientes siglos, y a pesar de las sucesivas familias que controlaron la estratégica fortaleza (Pierleoni, Orsini, etc.), el castillo sería conocido como el mencionado castrum crescentii, adrianeum y castrum santi angeli. Esta última denominación, origen del nombre actual, se empezaría a utilizar en las bulas papales a partir del siglo XI.
La historia del arcángel sobre el imponente castillo atrapó el imaginario popular, por lo que se decidió —se desconoce la fecha concreta, pero fue a finales del siglo XII— colocar en la cima del castillo una escultura de madera sobredorada que representara al arcángel san Miguel. Como podrán imaginar, la madera no duró mucho y el concejo de la ciudad decidió sustituirla por otra de un material más duradero. Como, por ejemplo, el mármol.
El Ángel del castillo (1753), obra de Peter Anton von Verschaffelt
En lo alto lució la escultura de mármol hasta que en el año 1379 el pueblo de Roma asaltó el castillo, y prácticamente lo destruyó, para acabar con la guarnición francesa que había dejado el Papa Urbano V y que, debido a sus abusos, se había hecho odiosa a ojos de los romanos. Casi veinte años después de estos hechos (1395), el Papa Bonifacio IX ordenó la reconstrucción de la fortificación, pero a nadie se le ocurrió entonces volver a poner una escultura del arcángel.
En tiempos del Papa Nicolás V, fundador de la Biblioteca Vaticana, se ordenó la colocación de una hermosa escultura que duraría hasta el año 1497, cuando un rayo cayó sobre ella, dejándola hecha torreznos.
El siguiente arcángel que se situó sobre el castillo estaba hecho de bronce sobredorado al fuego y, al incidir sobre él los rayos del sol, deslumbraba con su brillante fulgor. Lamentablemente, terminó fundido para aprovechar su bronce para hacer cañones en el nefasto año de 1527, el año del saco de Roma por las tropas del emperador Carlos V.
En 1544 levantaron una nueva escultura; esta vez, el escultor se conoce con certeza: se llamaba Raffaello da Montelupo y realizó una escultura del arcángel a la que añadió unas alas de bronce con huecos para ofrecer menos resistencia al viento. Esta escultura estuvo doscientos nueve años en lo alto del castillo hasta que se ordenó su sustitución. Con buen criterio, se negaron a la destrucción de la obra de arte y hoy la pueden contemplar en el patio de honor del castillo, lugar donde la situaron en 1901.
La escultura que hoy podemos admirar y que remata el casi bimilenario edificio fue encargada al escultor flamenco Peter Anton von Verschaffelt. El escultor representó al arcángel en el momento de envainar la espada. Esta escultura ha sido restaurada y limpiada varias veces, pero continúa allí. En lo alto. Donde san Gregorio Magno vio a san Miguel. Y es la escultura que más ha durado.