Juan Moreno Gutiérrez, para la eternidad
«Contagiaba optimismo y sentido común, leía los acontecimientos del presente con clarividencia científica y, al mismo tiempo, con certezas de un futuro que sólo pertenece al Reino de Dios»
Algunos filósofos afirmaron que la pervivencia de la persona se ciñe a la memoria de los que viven. No. Don Juan descubrió el camino que conduce a la Eternidad. Y la ha alcanzado.
La historia de las religiones plantea muchos modos de supervivencia metafísica y sobrenatural, elucubrando con imaginación humana y no sin ciertos destellos de verdad, la posibilidad de una felicidad plena. Lo llaman introspección, búsqueda de sí mismo, autoayuda… No. Monseñor Moreno buscó el gozo fuera, en otra persona. Y lo ha encontrado en Jesús, el Cristo.
A menudo, desde diversas posturas, se quiere establecer una incompatibilidad entre ciencia y fe, como si para vivir la fe fuera preciso despojarse del recorrido intelectual. No. El Cura, de una capacidad intelectual superdotada, encontró el Misterio de Dios empapado en ciencias humanas. Y contempla la Verdad cara a cara.
La sempiterna polarización político – económica, ha pretendido organizar la vida común desde la lucha de clases del comunismo materialista o desde la autonomía insolidaria del capitalismo salvaje. No. Maestro de ética filosófica, de economía, de política; consejero y después presidente de CajaSur, abogó por unas relaciones sociales y una política económica que atendiese, desde el humanismo cristiano, a la honradez y felicidad de cada ser humano. Y, sirviendo, es feliz.
En el terreno político o social, también en el eclesiástico, a menudo hay personas que pretender hacer un cursus honorum. Se entiende el ascenso y éxito personal, la influencia y el poder, como sentido de la vida. No. El Prelado de honor de su Santidad, poseedor de títulos y reconocimientos tanto civiles como eclesiásticos; miembro de las más influyentes estamentos educativos, económicos, políticos, empresariales y sociales de nuestra Córdoba; consejero y confidente de cardenales, arzobispos, obispos y curiales; vivió solamente y en todo sirviendo y amando. Un siervo que hizo prevalecer el esplendor de la Verdad y la fidelidad a su conciencia sobre cualquier presión. Y, el siervo bueno y fiel, ya pasa al banquete del Señor. Pasa, ahora, al gozo de tu Señor.
¿Dónde encontrar, entonces, una definición para D. Juan Moreno Gutiérrez?
La vida de don Juan se define desde su Gaudium, y su vida terrena no fue fácil ni cómoda. Su vida eterna es la meta a la que aspiró desde que empezó a beber de la verdadera fuente de la felicidad: su relación con Jesucristo en la Iglesia, que ahora lo envuelve de gozo eterno. Su gozo en la tierra fue su sacerdocio, su vocación, su ministerio de pastor con espíritu evangelizador y conciliador, testigo de la Verdad, empeñado en el triunfo de la Justicia. Un cura tan profundamente humano que hace presente al Señor desde su carácter arrollador, la ternura del sacerdote recio y experimentado que se emociona cada vez que asiste a una ordenación sacerdotal, cada vez que comparte las confidencias de un misacantano o corrige al que pierde los pasos en el camino de la vida. Contagiaba optimismo y sentido común, leía los acontecimientos del presente con clarividencia científica y, al mismo tiempo, con certezas de un futuro que sólo pertenece al Reino de Dios. El sacerdote libre, absolutamente libre, tan libre que se ha hecho siervo disponible sin voluntad propia, que, libre de apego al dinero, derrochaba su capital en la asistencia a las necesidades de sus niños –así trataba a los curas chicos- y de proyectos pastorales y artísticos de sus parroquias necesitadas que han sido beneficiadas por su discretísima generosidad. No consentía agradecimientos ni publicaciones que reflejasen sus donaciones. Gracias sus gestiones y a su patrimonio personal, hay salones de catequesis, espacios de convivencia, reformas de centros asistenciales de Cáritas parroquial… custodias, cálices, altares para el encuentro con Jesucristo, fondos para asistir a los curas ancianos y un largo elenco de familias asistidas y rescatadas. Una sola frase (nunca su nombre) revela quién fue el artífice de algún proyecto: Iesu mihi gaudium in aeternum; Jesús, mi gozo para la eternidad. Es su lema, su proyecto de vida, que, además, sirve como firma, pues las tres primeras palabras coinciden con sus iniciales: Juan Moreno Gutiérrez; y todo se condensa en un destino prometido, esperado, recorrido desde la entrega: para la eternidad.
Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. Me alegro en Dios que ha puesto en mi camino, en mi vocación, en mis dudas y dificultades, en mis esperanzas y proyectos sacerdotales al Cura. Me alegro en Dios que, a través de D. Juan Moreno, sostuvo mi vocación cuando tenía las maletas hechas para salirme del seminario. Me alegro en Dios, que me ha alentado, corregido y perdonado usando las manos del Monseñor que te saludaba a cogotazo limpio, que siempre veía la luz de la presencia Divina en medio de las dificultades, que me hacía reír compartiendo mesa, que acompañándome en mi pena me mostraba el futuro eterno gozo.
IESU MIHI GAUDIUM IN AETERNUM. Jesús, mi gozo para la eternidad. Juan Moreno Gutiérrez, para la eternidad.
Allí nos vemos.
Ignacio Sierra Quirós es sacerdote y párroco del santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta