Algunos flashes de una visita histórica
«Las ovaciones han sido tan intensas tras los discursos u homilías, que apenas ha sido posible discernir su contenido»
Nadie pone en duda que la visita del Santo Padre no puede ser considerada una visita más. Es la visita del vicario de Cristo, que está dejando profundas huellas en nuestro país. No son muchas las oportunidades de recibir al sucesor de Pedro en la propia tierra. En esta importancia radica que haya tantos instantes detenidos, una ocasión única de sacar lecturas y de obtener expresiones que ya quedarán para la posterioridad como identificativas de su presencia en España.
Si tuviera que hacer una síntesis, personalmente hablaría de silencios y palabras. El mutismo que permitirá profundizar en la gran catarata de términos y frases destacadas que se han ido derramando estos primeros días. Una enorme lección vivencial condensada en flashes que se han ido recibiendo así, como destellos que iluminarán la conciencia y el alma en tiempo venidero.
Silencio para discernir, el silencio que guardó la muchedumbre cuando se ponía de manifiesto el centro de la vida cristiana en una emocionante noche de vigilia con los jóvenes. Dios que invitaba a ir al interior, a hacer un alto en el camino para ceder el paso a la escucha. Si impactaba en las imágenes proyectadas por los medios de comunicación, debió ser ensordecedor vivirlo entre medio millón de personas que elevaban su mirada al Santísimo sin ruidos. Una vez más, se percibía la soledad del Papa pese a estar rodeado de millares de personas; era el contrapunto con su antecesor, Francisco, cuando apareció solo en la plaza de San Pedro en tiempos de pandemia.
Imaginaba también a los jóvenes sintiendo el ardor en el corazón, al estilo de los discípulos de Emaús, cuando los animaba a no sentir miedo a pensar en una vocación a formar una familia, al sacerdocio, a la vida religiosa o a cualquier servicio dentro de la Iglesia; o cuando les hacía una invitación a cambiar la historia con amor siendo la chispa de una humanidad nueva; o a ser humanos, de carne y hueso.
Para siempre quedarán los testimonios del desconocido que destacaba el hecho de vivir la acogida en el seno de la Iglesia o del popular que confesaba ser víctima del hechizo de Dios; las alusiones a santos como Juan de la Cruz, Teresa de Jesús o Juan de Ávila; las referencias al peligro de la inteligencia artificial, a la dignidad de las personas, a la paz, a lograr el bien común, al arte de la polifonía explicando el sentido de unidad en la diversidad, a la educación religiosa…; sin olvidar el importante alegato de defensa del derecho a la vida. En un mundo que todo lo relativiza, hay muchos olvidados entre los que se incluyen aquellos a los que no se les permite ni siquiera el primer aliento porque ha primado la cultura del descarte.
Las ovaciones han sido tan intensas tras los discursos u homilías, que apenas ha sido posible discernir su contenido. Habrá oportunidad para el análisis, para crecer en el campo teológico y espiritual, para digerir la gran cantidad de citas que León XIV o aquellos con los que se ha ido reuniendo nos han ido regalando. Gracias por esta visita, Su Santidad.