Al tenazónRafael del Campo

Esta gentecilla sale en tromba

«Para ellos la verdad es algo simple: lo que les conviene»

Impartir, como es mi caso, clases universitarias de Derecho es tarea gratificante por la que nunca estaré suficientemente agradecido. Y ello por muy diversos motivos: el primero, porque obliga al profesor (o sea, a mí) a un estudio constante y plural, para ser capaz de explicar cuestiones complejas a quienes tienen, por razón de edad, un conocimiento teórico aun limitado y una visión global de los problemas todavía muy parcial. La experiencia vital irá corrigiendo ambas limitaciones pero en el momento presente, esa visión 'inter relacionadora' ha de facilitarla el profesor que, por tanto, debe tener una perspectiva más global: ¿cómo se consigue? Con dos elementos: uno de ellos lo da el tiempo y es simple: el paso de los años, la experiencia profesional, el haber toreado ya en muchas plazas… Otro, lo apuntaba más atras: estudio constante, reposado y profundo.

También el profesor atento obtiene otro gran beneficio: no pierde la conexión con la juventud. No es necesario que compadree con los alumnos. Le basta observarlos, reparar en sus gestos, en la forma de expresarse y vestir, en el modo en cómo plantean las cuestiones… para apercibirse de la mentalidad, potencialidades y defectos, de quienes serán los hombres y mujeres sobre los que, en un futuro no muy lejano, descansará el peso de la sociedad.

Hay quien dice que esta generación de universitarios no tiene la formación que tuvimos algunas de las anteriores. No me decantaría yo por una respuesta clara a esa cuestión pero sí diría que, al menos en lo que hace al tema jurídico al que me dedico, tienen carencias importantes. Especialmente en la comprensión de los conceptos y en algo aparentemente más prosaico: el manejo, el uso, de la ley. Los alumnos de hoy en día estudian sobre la base de diapositivas y esquemas, Google , la IA… pero les repele leer un artículo de un código o de una ley y es precisamente ahí, en la letra de la ley, donde está la base del Derecho.

En todo caso, yo trato de enseñarles, en una especie de relativismo jurídico, que la vida me ha enseñado, que para los estudiosos, en Derecho, lo importante es el razonamiento en que basamos nuestra conclusión. O sea, lo relevante no es la solución en sí, sino el desarrollo intelectual en que se base, construido y soportado sobre leyes, jurisprudencia, principios y doctrina… y reflexión, mucha reflexión. Y una siempre presente idea de Justicia. Por eso las soluciones son mudables, la jurisprudencia cambia, el pensamiento jurídico se va modulando…

Yo creo que a Pilar Alegría, Oscar López, Yoli Díaz, y demás integrantes de la gavilla de becerritos intelectuales de este país (ya dijo Antonio Machado que en España, de diez cabezas, nueve embisten y una piensa) les hubiera venido bien ser alumnos de este modesto profesor. Les hubiese enseñado (y por poco esclarecidos que fueran lo habrían asimilado) algo sobre la división de poderes y también sobre la bonita virtud de la prudencia. Y, siendo así, quizá no hubieran salido en tromba y turba a criticar un fallo judicial (el que condena al Fiscal General del Estado) sin haber leído antes los razonamientos y fundamentos jurídicos de la sentencia. Lo importante, en Derecho y en la vida, es la base intelectual de las decisiones. Una vez estudiados los razonamientos, podremos decir si los compartimos o no, y si, por ende, compartimos o no el fallo. Pero con argumentos. No con diatribas de escaso bagaje intelectual del tipo de : «Pareciera que la mentira ha vencido a la verdad», «la estructura del Estado está secuestrada por fuerzas reaccionarias», «estamos ante una sentencia política» o demás sandeces que producen vergüenza ajena.

Puedo entender (de hecho lo entiendo muy bien) que los zurditos estén molestos con el fallo del Tribunal Supremo que condena al Fiscal General del Estado. Para ellos la verdad real y la verdad jurídica son intrascendentes. Para ellos la verdad es algo simple: lo que les conviene. Si el Tribunal dicta sentencia que les conviene, es justa. Si no, no.

Son, en suma, gentecilla de escaso bagaje moral e intelectual. Si fueran gente respetable, antes de salir como fanáticos a criticar la sentencia que han dictado el Alto Tribunal, hubieren estudiado sus fundamentos. A lo mejor, quien sabe, esos fundamentos resultan tan rotundos que son convencidos.

Ay, esta gentecilla….

comentarios

Más de Rafael del Campo

  • Reconciliación

  • Borrasca

  • El `gezto´

  • Los perritos de Moreno Bonilla

  • El indulto

  • Más de Córdoba - Opinión

    tracking

    Compartir

    Herramientas