La semana de después
Cada año, tras el Domingo de Resurrección, culminada la vivencia de la Semana Santa en su vehemencia de sensaciones, sentimientos y estremecimientos, me queda la duda de si no estaremos sustituyendo a la fe por un fenómeno estético, festivo y lúdico y dejándola constreñida a una experiencia meramente cultural.
Muchos sabios me explican que el cofrade auténtico lo es porque tiene una fe enraizada en lo más hondo de su corazón y que, por ello, el ropaje exterior de los pasos, desfiles , estrenos y demás, son la manifestación de una creencia auténtica y profunda que no se queda reducida a la Semana Santa, sino que impregna todo su ser y se prolonga durante toda la vida.
Posiblemente tienen razón. La experiencia religiosa es tan variada, tan rica, tan humana, que no puede encasillarse en una única y monocorde forma de manifestación. Tal vez cada uno de nosotros tenga una forma de sentir y practicar la relación con Dios. Por eso me parecen tan esclarecedores los versos de León Felipe:
"Nadie fue ayer,
Ni va hoy ni irá mañana
Hacia Dios,
Por ese mismo camino
Que yo voy "
Lo importante es, a mi parecer, que no reneguemos de la Transcendencia, que es tanto como no renegar de la razón y dejar también en nuestro corazón un territorio donde rijan el sentimiento , la poesía y la ee, porque la fe, según creo, tiene mucho de saber intuitivo y poético, pero también de razonamiento argumentado. La semana después de la Semana Santa debiera ser un periodo de reflexión en el que cada cual afine lo sentido y lo vivido y se interpele, se pregunte a sí mismo y sueñe, desde la poquedad del hombre, desde lo superficial que adorna nuestra existencia, con la grandeza de Dios. Y si es pergeñando un poema, mejor.
Señor de lo absoluto, del todo y de la nada
Cuando el Hijo del Hombre, retorne a nuestra tierra,
Hallará , me pregunto, fe en nuestros corazones
O sólo la memoria de libros sin lenguaje…
Señor de lo absoluto, del todo y de la nada
Cuando mi sombra retorne a Tu casa en los cielos
Y confronte Tu rostro, largamente añorado
¿ Verá en el tanto amor, como anunciaste antaño ?
O se hallará aturdida, hoja seca y caída
Al capricho del agua y al capricho del viento
Mi pregunta es respuesta: dime que me veré
Recogido en tus brazos, contemplando la tierra
Y a los pájaros bellos volando sobre ella
Desde ese hogar que nunca abandoné del todo.
Os deseo una feliz semana de después, reflexiva y gozosa.