Al tenazónRafael del Campo

La semana de después

Cada año, tras el Domingo de Resurrección, culminada la vivencia de la Semana Santa en su vehemencia de sensaciones, sentimientos y estremecimientos, me queda la duda de si no estaremos sustituyendo a la fe por un fenómeno estético, festivo y lúdico y dejándola constreñida a una experiencia meramente cultural.

Muchos sabios me explican que el cofrade auténtico lo es porque tiene una fe enraizada en lo más hondo de su corazón y que, por ello, el ropaje exterior de los pasos, desfiles , estrenos y demás, son la manifestación de una creencia auténtica y profunda que no se queda reducida a la Semana Santa, sino que impregna todo su ser y se prolonga durante toda la vida.

Posiblemente tienen razón. La experiencia religiosa es tan variada, tan rica, tan humana, que no puede encasillarse en una única y monocorde forma de manifestación. Tal vez cada uno de nosotros tenga una forma de sentir y practicar la relación con Dios. Por eso me parecen tan esclarecedores los versos de León Felipe:

"Nadie fue ayer,

Ni va hoy ni irá mañana

Hacia Dios,

Por ese mismo camino

Que yo voy "

Lo importante es, a mi parecer, que no reneguemos de la Transcendencia, que es tanto como no renegar de la razón y dejar también en nuestro corazón un territorio donde rijan el sentimiento , la poesía y la ee, porque la fe, según creo, tiene mucho de saber intuitivo y poético, pero también de razonamiento argumentado. La semana después de la Semana Santa debiera ser un periodo de reflexión en el que cada cual afine lo sentido y lo vivido y se interpele, se pregunte a sí mismo y sueñe, desde la poquedad del hombre, desde lo superficial que adorna nuestra existencia, con la grandeza de Dios. Y si es pergeñando un poema, mejor.

Señor de lo absoluto, del todo y de la nada

Cuando el Hijo del Hombre, retorne a nuestra tierra,

Hallará , me pregunto, fe en nuestros corazones

O sólo la memoria de libros sin lenguaje…

Señor de lo absoluto, del todo y de la nada

Cuando mi sombra retorne a Tu casa en los cielos

Y confronte Tu rostro, largamente añorado

¿ Verá en el tanto amor, como anunciaste antaño ?

O se hallará aturdida, hoja seca y caída

Al capricho del agua y al capricho del viento

Mi pregunta es respuesta: dime que me veré

Recogido en tus brazos, contemplando la tierra

Y a los pájaros bellos volando sobre ella

Desde ese hogar que nunca abandoné del todo.

Os deseo una feliz semana de después, reflexiva y gozosa.

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