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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Ya llega

Se podrá hacer un análisis multicausal del terremoto que pronto va a desatar lo de Zapatero, pero la España regenerada ya se respira. ¿No lo notan?

Con lo de Zapatero se va a acabar la pesadilla. Digresión: he vivido varios vuelcos históricos vertiginosos: la Transición, la caída del comunismo, la irrupción de internet, y de una cosa estoy seguro: se viene uno, y se viene ya. Lo que parece inamovible se derrumba un buen día cual castillo de naipes, y todos se asombran por la fragilidad del edifico. No son frágiles, sino finitos, los vicios institucionales, los statu quo geopolíticos, la preeminencia de ciertas empresas o sectores, el ascendiente de algunos agentes tenidos por factótums. Si algo ocupa la mayor parte de nuestra vida, su duración se nos hace infinita. ¿Es corta o larga la vida del hombre? Es la que es, y determina su visión. Somos incapaces de manejar mentalmente tiempos cósmicos, incluso tiempos relevantes en lo evolutivo. Con suerte, arañamos intuiciones analizando fenómenos sociales, políticos o culturales a varios milenios vista: los diez de la agricultura, los dos del cristianismo.

Menos difícil parece tender los cables de un teleférico mental entre Carlos V y nosotros, si nos guían buenos especialistas. Aunque el presentismo, un gran mal del siglo XXI junto con el literalismo, no tiende cables con el pasado. No es un teleférico sino un tren de la bruja. Caretas baratas. Dicho lo cual, durante el trayecto que nos es dado recorrer con la esperanza de vida en ochenta y tantos, podemos abrirnos o no al espíritu de los tiempos, y a esa cosa inefable que nos indica el fin de una era. Recuerdo que mi padre usaba esa expresión y yo me reía por encontrarla grandilocuente. Pero él insistía: sí, hijo, es el fin de una era. Ya no me río porque tenía razón.

Hoy sé que atravesamos otro de esos momentos. Dos paradigmas se solapan de forma transitoria, el viejo y el nuevo. Dos visiones del mundo incompatibles se expresan a la vez. Hablan idiomas diferentes aquellos que advierten la inmediatez del vuelco y aquellos que tienen las cosas por fijas, ya sea porque creen en lo que desean, ya sea porque desean lo contrario pero padecen de derrotismo. Todo lo anterior se puede aplicar a la nueva revolución tecnológica de la IA, con el nuevo ludismo. Pero también a España.

Lo de Zapatero es el acelerante de una radical transformación. Observen este fenómeno: está recogiendo cable la mitad despierta de la izquierda española, algo nunca antes visto en materia de corrupción cuando les salpica. Que los principales condenados por los ERE sean «inocentes» funciona como emblema del tiempo que se acaba. A la gran trituradora mafiosa le quedan cuatro días; la salud de las instituciones se recobrará. Todo va a comenzar con una sensación de inestabilidad propia de estas situaciones excepcionales: piernas temblando y brazo encogido. Y aun así en el ruedo ibérico se va a recuperar la dignidad. En realidad es inevitable. Se podrá hacer un análisis multicausal del terremoto que pronto va a desatar lo de Zapatero, pero la España regenerada ya se respira. ¿No lo notan?

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