Pujol sigue gobernando Cataluña
Dicen que el independentismo está muerto. ¿Porque Illa no es independentista? Illa no es nada. Illa es solo el último avatar del espíritu de Pujol, el impune, en acción
No hay ninguna diferencia entre un consejero de política lingüística separatista y otro socialista. Ambos se encargan de imponer la inmersión en catalán. Ambos se consideran por encima de la Justicia. Por eso lo que ha dicho el socialista del ramo en el gobiernillo de Illa suena igual que si lo dijera desde un Ejecutivo separatista: «La política lingüística educativa la decide el ‘govern’» (gobiernillo catalán). No lo dice al tuntún, no formula una evidencia competencial: reacciona a una resolución judicial. Como siempre, se desentienden de lo que digan los jueces. Así lo expresan cada vez que sus pronunciamientos les contrarían. Desobedecen y se salen con la suya, puesto que el tiempo pasa y nada cambia. El verdadero Estado democrático de derecho llegará cuando la mafia nacionalista catalana sea obligada a cumplir las leyes y las resoluciones judiciales.
Esa mafia es un magma donde se mezclan los diferentes colores de un mismo material político y humano: los Pujol y los Maragall, un Aragonés y un Illa, el engreído Mas con el servil Montilla. Hay casos que repugnan: Torra por hacer lo mismo que los demás sin ocultar el asco que le daba España, o Puigdemont por buscar los límites de la convivencia para romperlos. Pero no nos engañemos, es todo lo mismo desde Pujol. El único demócrata que ha presidido la Generalidad desde su recuperación fue Josep Tarradellas. Demócrata en esa etapa de su biografía, cierto, pero brilla entre los que le sucedieron hasta hoy cual estrella en la oscuridad. Él advirtió contra Pujol, denunció su «dictadura blanca», inspiró el «golpe de timón» para reformar a fondo esa fuente inagotable de problemas que es el Título VIII de la Constitución. La cosa salió fatal por razones que conocerá el lector interesado en el 23-F. Aun otra cosa hizo que merece ser recordada; aunque no venga al caso, indica quién era Tarradellas a esas alturas: dio fe de lo que la historiografía se había empeñado en negar sobre la Pasionaria y Calvo- Sotelo.
Uno tras otro, los historiadores de la España contemporánea negaron a partir de los años sesenta las amenazas de la comunista al líder monárquico asesinado. Tarradellas, en una entrevista concedida a Pilar Urbano para Época, les contradijo con la fuerza de quien ha sido testigo: «Me acuerdo del día que Dolores Ibárruri le dijo a Calvo Sotelo aquello de ‘has hablado por última vez’, porque yo me sentaba en un escaño muy cercano al de Calvo Sotelo». Era el año 85 y sus advertencias sobre Pujol se estaban cumpliendo una por una. Ahora constatamos que es Pujol quien sigue gobernando en Cataluña. Es el poder autoritario, inasible, magmático, iluminado que él construyó. Todo lo que ha venido después son muñecos o ectoplasmas, homúnculos o títeres sin voluntad que continúan con la empresa de construcción nacional. Dicen que el independentismo está muerto. ¿Porque Illa no es independentista? Illa no es nada. Illa es solo el último avatar del espíritu de Pujol, el impune, en acción.