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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Las llorosas viudas de ZP

Era evidente que esto sucedería tarde o temprano y que todo el coro de esposas dolientes, politólogos, tertulianos venidos a menos, iban a sufrir por el líder caído en desgracia

Siempre es bueno releer a Machado: «Guitarra del mesón que hoy suenas jota, / mañana petenera, / según quién llega y tañe / las empolvadas cuerdas. / Guitarra del Mesón de los Caminos, / no fuiste nunca ni serás poeta». Al hilo de la sabiduría de don Antonio, era de esperar que las esposas enlutadas de José Luis Rodríguez Zapatero no tardasen en llorar sobre la corrupción derramada. Así que recopilemos: Pedro no se cree la investigación; Bolaños dice que todo se sabrá a su debido tiempo, Solana sostiene que ese no es el Zapatero que él conoció; a Madina se le escapa un puchero ante la conmoción por lo publicado; Rufián incluso se reconoce «jo….» por lo revelado por la UDEF. Este fresco al natural de la impostura me recuerda a cuando los vecinos de un delincuente son interrogados por la prensa y siempre atestiguan que «esta persona no lo parecía», «era un gran vecino, siempre saludaba y ayudaba a mi abuela a subir la compra», «quién nos lo iba a decir con lo educado que parecía…». Con la diferencia, a favor de los anónimos convivientes que nada tenían que saber del malo que dormía al otro lado del tabique, de que en el caso del expresidente el anticipo de su detritus saltaba de titular en titular de la prensa libre con un tipo de letra cada vez mayor, mientras los amigos del hoy imputado mataban al mensajero, desacreditándolo bajo un genérico sintagma salido del pelotón de asesores de Moncloa: es la fábrica de bulos de la derecha.

Pero mucho peor que las lágrimas de los compañeros socialistas del metal –dorado, si se habla de ZP– es el coro de viudas mediáticas que, cual plañideras, sollozan por los platós y estudios de radio pidiendo las sales y arguyendo razones de confianza personal para defender al investigado. A mí me enseñaron mis mayores que un periodista no debe ser nunca amigo incondicional de un político. Pero la nueva deontología profesional, en la que no milito, dicta lo contrario. Así que todas las viudas están hundidas. Lo han dado todo por él y por su hijo putativo, Sánchez, como antes lo dieron por el también putativo Ábalos. Madrugones en tertulias manipuladas, argumentos que insultan a la inteligencia y sus aledaños, giros de guion para defender lo que antes criticaban, salivazos a la coherencia, crónicas que hubieran sonrojado a las piedras. Las viudas están tristes. Unas no quieren creerlo y otras se sienten engañadas. Son los que, por un plato de sonrisas del poder y publicidad institucional, han llenado de pelos la gatera y ahora es difícil sacudirse tanta pelambrera.

Leer las crónicas y artículos de algunos de ellos –no todos, afortunadamente, porque hay bastantes profesionales íntegros en la izquierda– es enternecedor. Que si el apóstol de la paz no ha podido hacer eso, que está destruido por lo que afecta a sus hijas, que si hoy dos chavalas tienen la vida destrozada –no leí lo mismo de los hijos de la Infanta Cristina y Urdangarin, estos sí menores de edad cuando su padre fue procesado–, que si está triste, que si no lo vio venir, que si era una persona muy cordial con la prensa, que si la derecha le tenía ganas e intenta dinamitar su proyecto progresista, que si su entorno le dijo que no se fiara de Julito –hoy el culpable de todo para el sanchismo–, que si solo él consiguió evitar en 2023 que gobernara la ultraderecha. Yo estoy por sacar el pañuelo y enjugarme las lágrimas. Cómo alguien que lleva media vida mintiendo a mansalva, que lo controla todo a través del continuador de su legado, puede haber sido engañado de esta manera, como si fuera un adolescente o un tierno corderito estafado por los lobos que le enseñaron a forrarse. Era evidente que esto sucedería tarde o temprano y que todo el coro de esposas dolientes, politólogos, tertulianos venidos a menos, iban a sufrir por el líder caído en desgracia. Pero, ánimo, hay formas y formas de hacerlo. Optar por vender una telenovela es la más ridícula. Ellos son los que decidieron adherirse a los argumentarios oficiales y tildarlo todo de «fango». Incluso hicieron algo peor: desacreditar investigaciones de medios –como este– que han sido la argamasa para los procesos judiciales que ahora tenemos sobre la mesa.

El Gobierno y su sincronizada insultaban con nombres y apellidos a profesionales, con muchos años de carrera a sus espaldas, y a comunicadores a los que siguen cientos de miles de personas. Pues ahora, y en correspondencia a su cerrazón, no queda otro que mandar a esta flotilla progre a leer la tercera acepción del vocablo «viuda» en la RAE. «Dicho de un alimento: que se guisa o se toma sin ingredientes que le den sustancia». A ver cómo llenan la olla ahora que la sustancia se acaba.

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