«Aromas de Montserrat» -¿o serán «perfumes de Occidente?»- en la zona litoral de la bahía de Pollensa
¿Y si fuesen las algas podridas?, las que tanto aman los ecologistas y que, año tras año, forman auténticas montañas en el litoral alcudiense
Residentes y veraneantes de la costa oriental de la bahía de Pollensa se quejan amargamente de los olores que algunas noches -depende de la dirección del viento- asaltan sus pituitarias. Podría usar mis reconocidas dotes para la ironía para calificar estos efluvios de «perfumes de occidente» o «aromas de Montserrat» pero la verdad es que la sensación olfativa es tan intensa y desagradable que esta olor tiene toda la pinta de ser de origen fecal. Pura y simplemente, empleando una palabra que no resulte hiriente para le exigida corrección por parte de mi legión de lectores.
Comentarios haylos para todos los gustos. Puedes escucharlos -a través de explicaciones mucho más escatológicas que las mías- en la feliz hora del baño, cuando las matronas del lugar se reúnen en corro sumergidas de medio cuerpo para abajo y, en feliz solaz veraniego, departen alegremente sobre las incidencias de su devenir cotidiano. Allí fue donde supe que alguna de las efusivas señoras culpaban a la depuradora de Pollensa del «perfume» que invade la placidez de sus noches veraniegas. Otra de las tertulianas marineras apuntaba la posibilidad de que la fetidez nos llegara de las aguas de s'Albufereta debido a la podredumbre provocada por las elevadas temperaturas. Pude escuchar otras especulaciones pero la verdad es que eran tan chungas que renuncio a transcribirlas.
La cuestión no es baladí, hay muchas viviendas de alquiler turístico cuyos inquilinos pagan auténticas fortunas para solazarse en sus aguas
Este cronista se puso al habla con un personaje muy próximo al consistorio de la muy respetable villa de Pollensa quien me informó de que la depuradora no vierte sus aguas en la zona húmeda protegida sino en el torrente de sant Jordi y que este líquido, más o menos depurado, no llega al mar. «Puede ocurrir en invierno, cuando el torrente corre enfurecido, pero no en esos duras jornadas pre caniculares». Apuntó la posibilidad de que la pestilencia procediera de la depuradora privada de un hotel de la zona, «aunque tampoco parece probable ya que los clientes habrían puesto el grito en el cielo de inmediato».
¿Y si fuesen las algas podridas?, las que tanto aman los ecologistas y que, año tras año, forman auténticas montañas en el litoral alcudiense. Las autoridades de la Muy Fidelísima tienen buen cuidado en retirarlas en las zonas hoteleras de la espléndida bahía que baña las costas de Alcúdia, Muro, Santa Margalida y Artà. Allí la limpieza es absoluta porque el turismo es sagrado, digan lo que digan los cuatro desarrapados de siempre. Ignoro -no soy experto en cuestiones medioambientales- si las algas muertas y podridas, arrastradas por el viento del sur, puede emanar un olor tan parecido al de los excrementos humanos, pero no diría yo que no. Sea como fuere, la cuestión no es baladí, pues en el tramo de costa señalada hay muchas viviendas de alquiler turístico cuyos inquilinos pagan auténticas fortunas para solazarse en sus aguas. Por las noches, les gusta relajarse en su terraza contemplando el cielo tachonado de estrellas y las titilantes luces del Puerto de Pollensa. Pero la peste «aromática» les echa sin contemplaciones. A ver quién les explica que un asunto tan sencillo no atraerá la atención de los abnegados servidores públicos, que pueden esperar sentados -con las persianas cerradas, por supuesto- porque nadie va a hacer nada por ellos.
Como cronista me quedo sin poder detallar el origen exacto de los efluvios. No soy periodista de investigación pero, pese a mi edad provecta -”escandalosa, que diría Josep Pla- todavía tengo buen olfato: algo se pudre en la bahía más hermosa de Mallorca.