Catalina Cladera: auge y caída de quien parecía estar llamada a suceder a Armengol
Muchos pensábamos entonces que Francina le reservaba el número tres al Parlament, lo que hubiese significado la unción de Cladera como «princesa de Asturias» del socialismo insular
Cuando, hace unos pocos días, se anunció la candidatura de Amanda Fernández para encabezar la lista al Consell de Mallorca en mayo de 2027, nadie reparó en el hecho de que Catalina Cladera -ex presidenta y ahora jefa de la oposición en la misma institución- haya sido relegada. Parecía lógico, a priori, que a quien fue considerada mano derecha de Francina Armengol, e incluso su sucesora en potencia, se le diese una nueva oportunidad para intentar batir a Llorenç Galmés en los próximos comicios. No se han producido declaraciones al respecto: ni siquiera han llegado hasta mi rumores o especulaciones acerca del destino político de la poblera. ¿Qué ha pasado con ella?
No estoy en condiciones de contestar a esta pregunta, pero sí puedo asegurar que la caída en desgracia de Cladera viene de lejos. Es posible, incluso, que la misma se iniciara precisamente en 2019 cuando la entonces todopoderosa Armengol dio la sorpresa colocando a Catalina como número uno en la lista del Consell. Muchos pensábamos entonces que Francina le reservaba el número tres al Parlament, lo que hubiese significado la unción de Cladera como «princesa de Asturias» del socialismo insular, destinada en su día a ocupar la poltrona de la de Inca. No fue así y entonces sí hubo especulaciones al respecto. Era el peor momento del PP y muchos daban por sentado, tal como efectivamente ocurrió, que el ventajista PSIB -siempre dispuesto a pactar con quien fuere para mantener el poder- gobernaría en las principales instituciones autonómicas de Baleares.
¿Qué pudo ocurrir realmente hace ahora siete años para que Cladera iniciara su lento pero inexorable declive político? ¿Hubo celos por parte de Armengol?
No se puede descartar que el declive político de Cladera se iniciase precisamente entonces, cuando aparentemente estaba en la cumbre de su carrera. Yo mismo tuve el pálpito de que a la chica le habían propinada la clásica «patada hacia arriba» Catalina había sido una buena consejera de Hacienda, cargo al que accedió por sorpresa en 2015, cuando Armengol formó su primer gobierno. En aquella campaña la joven promesa no había sido sino aspirante -con escasas opciones de éxito- a la alcaldía de sa Pobla. Fue por entonces cuando supe de ella: acudió, junto a Lourdes Aguiló a la presentación de un libro mío en el salón de «Sa Congregació». Allí me la presentaron. Meses después, ya con el acta de regidora en el bolsillo, fue llamada por la nueva presidenta para dirigir las cuentas de la Comunidad. Fue un salto al vacío y todo el mundo pensó que aquella joven política de carácter aparentemente retraído y mirada ambigua, estaba llamada a conquistar cotas muy altas. Parecía, en efecto, un ascenso imparable. Cladera fue en aquella legislatura -2015-2019- una estrella del firmamento político socialista.
¿Qué pudo ocurrir realmente hace ahora siete años para que Cladera, presidenta del Consell Insular, iniciara su lento pero inexorable declive político? ¿Hubo celos por parte de Armengol, quien pudo ver en ella a una rival difícil de domeñar? Algunos apuntaron esta posibilidad aunque otros especulaban con la contraria. Personas que conocían bien su trayectoria aseguraban a este cronista que Cladera, una mujer astuta en la jungla de la política e incluso consumada especialista en aquello tan antiguo de saber nadar y guardar la ropa, en realidad se mostraba timorata en los momentos más importantes, que en la toma de decisiones le faltaba empuje y que al final siempre se retraía. Fuese como fuese no se produjo su ascenso a la cima. Como oposición a Galmés -de quien ella, siendo presidenta, comentaba con cierta sorna que «le estoy haciendo todo un hombrecito»- ha sido una figura apagada, enmarañada en la crisis del PSIB, Y ahora, cuando los socialistas del lugar, con un desánimo que apenas pueden disimular, se aprestan de nuevo a la lucha, resulta que no cuentan con ella, al menos para el cargo que ya ocupó en su día. Misterio en el barco perdido.