Rosario aguanta el tipo y resiste la «mollor»
No creo que Ro forme parte de la legión de cargos socialistas que presionan a la dirección del partido para que don Pedro se vaya de una vez
La palabra mallorquina de esos días es mollor. Su traducción al castellano podría ser «molicie», aunque no estoy muy seguro. Castizos navegadores por la Red -no sé de dónde sacan el tiempo para tanto ingenio- han intentado definirla en formato diccionario y en castellorquín: «estado vegetal que activamos los mallorquines cuando hace más de 30 grados de temperatura. Es un estado en el que te viene Brad o Scarlett i te'n afluixes. Todo te viene grande, todo se pega...»
Creo que muchos isleños y también turistas estamos viviendo estas sensaciones durante las últimas jornadas todavía muy alejadas, horror, de la canícula. Quienes gozamos de la suerte de no tener que salir mucho de casa construimos un mapa mental de las ubicaciones domésticas menos ardientes. El ritual de la siesta -en la butaca más vieja de la casa, no en la cama y con el orinal como decía Camilo José Cela- se desconfigura en una pesadilla de ardores varios. Hay bichos por todas partes y las palomas gigantes, que ya son una plaga, zurean roncas, como una amenaza lejana. No tienes ganas de leer ni de escribir, todo se pega.
Pero ni la ola de calor detiene la obsesión de algunos políticos para permanecer en el poder o para conquistarlo. He leído en alguna parte que Rosario Sánchez, ya formalmente candidata a la presidencia del Govern balear por el PSIB-PSOE- se nos marchó a Ciutadella. Ignoro si su única intención era la de divertirse -eso de la pomada mola mucho y la chica, según referencias cercanas, es de lo más marchosa- o si estaba ya en plan cazadora-recolectora de votos a once meses vista. Admiro de verdad su coraje al aceptar ser sacrificada cual víctima expiatoria en los riscos del desierto en el que se ha convertido el voto de izquierdas en España.
Dicen que es la primera que sabe que lo tiene mal pero que ello no afecta a su ánimo y que su inseparable sonrisa sigue acompañándola a todas partes. No creo que Ro forme parte de la legión de cargos socialistas -principalmente alcaldes o futuros candidatos municipales- que presionan a la dirección del partido para que don Pedro se vaya de una vez. Lo hacen desde la seguridad de que si las municipales y autonómicas son anteriores a las legislativas el electorado depositará en sus respetables cuartos traseros toda la ira y el rechazo que sienten hacia el marido de la señora Begoña. Rosario debe pensar lo mismo pero se cuidará muy mucho de expresarlo -tal vez en privado- porque forma parte del gobierno y tampoco es cosa de moverse la silla a sí misma. Un refrán de la tierra, que voy a intentar traducir al español asegura que «quién pasa el día, empuja el año». Tiempo habrá -o no- para subir a la palestra y anatemizar a Sánchez Castejón, aquello de «de haberlo sabido hubiese renunciado a ser secretaria de Estado desde el primer momento».
Rosario, pues, aguanta el tipo y resiste la mollor. No parece, sin embargo, que ése sea el caso de Negueruela, futuro candidato a la derrota en Cort. Se le ve alicaído, mustio, sin ganas de dar guerra. Que no se asuste el otrora intrépido gallego: es lo que nos ocurre a la inmensa mayoría de los nativos o residentes en el portaaviones. No serà res, això...