El PSIB, como los músicos del «Titanic»: no pasa nada
Un servidor preferiría que los populares se tragaran enteritos a Vox, pero no parece que vaya a ser el caso
En el PSOE iniciaron su semana horribilis y nadie parece estar dispuesto a apartar este cáliz de sus labios. Mientras, en el PSIB siguen aplastados por los datos de las encuestas publicadas el pasado fin de semana en Última Hora. No es para menos: se hunden. Tanto en el ayuntamiento de Palma como en los tres consells y en el parlamento balear retroceden en votos hasta puestos «de descenso». Redactores/as piadosos/as han escrito a propósito de esta debacle anunciada que «no logran retener a sus votantes». Modestamente, creo que la situación de los socialistas es peor que eso. Sugiere el sonido del agua tragada por el sumidero.
Como mandan los cánones en el estúpido juego que se llevan hoy en día los políticos, el portavoz de la ejecutiva socialista ha salido al paso de la pésima noticia con una calma que, con toda seguridad, debe distar mucho de sentir. Creo que Rubén Castro, que también ejerce el cargo de secretario general de la Delegación de Gobierno, es un chico sensato, con una cierta preparación y propenso al diálogo. Los argumentos esgrimidos -Armengol nunca da la cara cuando vienen mal dadas- podrían ser indicativos de cortedad de miras -que no es el caso- o también de una notable habilidad en el ejercicio de la diplomacia. Dice Rubén: «Vamos a seguir trabajando, en diálogo con la sociedad, en las mejores soluciones para resolver los problemas que están creando el PP y Prohens. La nuestra es una alternativa sólida con buenas ideas y una gran participación de la ciudadanía». Y remata: «Eso vence cualquier encuesta».
Fueron los propios socialistas quienes, en su decidido afán por detener al PP, alimentaron a la fiera, Vox
Una de las cosas más tristes de este mundo es tener que decir que no pasa nada cuando el agua está llegando a la línea de flotación del barco y la popa empieza a hundirse. No creo que Rubén Castro tenga vocación de músico del Titánic, más bien pienso que en este caso ha sido un mandado. Ignoro, por supuesto, si las palabras salidas de su boca le fueron dadas por escrito por sus superiores -el señor Rodríguez Badal sería una opción- o si son de su propia cosecha. En cualquier caso, merece reconocimiento, acompañado de una cierta conmiseración.
Peor están los del viejo PI, ahora arropados por la pomposa denominación de «Coalició per Mallorca». Según las encuestas citadas, los regionalistas de centro -aquel hermoso sueño de Jaume Font y de tantos más- van a perecer engullidos por el PP. Un servidor preferiría que los populares se tragaran enteritos a Vox, pero no parece que vaya a ser el caso. Los de Abascal, con un posible candidato como Le Senne, tienen bemoles; van para arriba. El partido en Baleares ha sido el camarote de los hermanos Marx; se han peleado entre ellos como verduleras, y sus reivindicaciones han ido dando bandazos entre la astracanada lingüística -su odio a la lengua de estas islas merece, a mi juicio, atención psiquiatra- y propuestas rocambolescas. Pues bien, según los sondeos, todavía poseen este diputado que podría arrebatarle la mayoría absoluta a Prohens, condenándola -y condenándonos- a cuatro años más de calvario. Es la tendencia general y poco o nada vamos a poder hacer desde aquí para revertirla. Fueron los propios socialistas quienes, en su decidido afán por detener al PP, alimentaron a la fiera. Está claro que no lograron su objetivo -al menos en Baleares, donde el ascenso de Prohens suena a remontada mundialista- pero el mal ya está hecho y ya están pagando por ello. Atención a esta semana. Y no hablo del Mundial.