Desde la retaguardiaMiquel Segura

El desembarco de un «transatlántico» educativo en Mallorca

Mallorca necesita en estos momentos la llegada del CEU, un esfuerzo inversor que ponga las bases de lo que queremos ser en un futuro que ya está aquí

El CEU marcó ayer un antes y un después en la historia educativa de Mallorca. No se trata de un proyecto más, sino de un hito que sitúa la excelencia universitaria en una isla -la nuestra- hasta ahora dominada por un concepto sectario de lo que tiene que ser la educación, una visión parcial y alicorta que ha venido imponiendo una determinada visión de los valores que, en una sociedad abierta y plural, conforman una base de tolerancia en la diversidad que, a la larga, son el fundamento en el que se sustenta una verdadera democracia.

No es extraño que nuestra izquierda de campanario -actualmente desnortada pero más que nunca aferrada a su estrechan visión- intentase torpedear un proyecto que, por fin, dotará a Mallorca de una oferta educativa de valor, a la altura de las mejores universidades privadas de España y de la Unión Europea.

Me lo explicó alguien que conoce muy bien el tema: «Llega un trasatlántico». Y lo hace para aportar a la isla un proyecto exclusivamente dedicado a Ciencias de la Salud. No se trata de una improvisación ni de oportunismo: estamos hablando de una larga historia, de medio siglo dedicado a la formación de médicos. Tampoco se trata -a estas alturas todo el mundo lo sabe- de una iniciativa mercantilista, ya que el CEU está regido por una fundación sin ánimo de lucro.

Bien al contrario: la inauguración de ayer por la tarde ha supuesto para nuestra tierra una inversión de 40 millones de euros. Aquí no hay especulación, ni dinero fácil, no se trata de una iniciativa impulsada por el afán de riqueza. Estamos hablando de educación y formación de alta calidad. Es lo que nuestra Mallorca -en la que los ricos lo son cada día más mientras el común de la gente contempla un horizonte de desesperanza- necesita en estos momentos: un esfuerzo inversor que ponga las bases de lo que queremos ser en un futuro que ya está aquí, aunque muchos no quieran verlo. El CEU quiere implantar entre nosotros una sanidad humanizada, basada en los valores del humanismo cristiano. Esos son los principios «marca de la casa» que impregnan todos los proyectos que se están llevando a cabo en unos momentos de expansión.

Nos hemos acostumbrado a la verborrea de determinados políticos que, la primera en la frente, condenan toda iniciativa privada, principalmente en el ámbito de la sanidad. Pero ahora más que nunca se hace patente que el Estado no puede hacerlo todo, que quiere abarcar mucho y termina «apretando» muy poco -excepto en el caso de su insaciable voracidad fiscal- y que hay que dar paso de nuevo a la iniciativa privada, sobre todo cuando ésta nos llega avalada por una trayectoria tan ambiciosa -y el mismo tiempo éticamente impecable- como es la del CEU.

Estamos de enhorabuena. La presencia, ayer por la tarde, de la presidenta Prohens ilustra un apoyo institucional que proyecta confianza y esperanza en una sociedad -la nuestra- tantas veces abocada a la desorientación. Aquí no sobra nadie – me refiero a iniciativas de ámbito cultural, científico y ético- pero bien es verdad que faltaba un proyecto como este para hacernos pensar que Mallorca puede y quiere ser más que turismo y ladrillo.

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