Desde la retaguardiaMiquel Segura

Los barbos del río Oñar y los xuetes mallorquines

Lo expliqué allí, en el Museo Judío gerundense, ante un público tan escaso como interesado: la mayoría de los judíos -entre los pocos que conocen la cuestión- todavía miran con recelo a los xuetes que se acercan al judaísmo

Las aguas del río Oñar bajaban quietas, somnolientas. Sobre el puente de hierro observamos un grupo de barbos que pugnaban por encontrar zonas más profundas.

--Como pescado no valen nada, eso es lo que en Mallorca denomináis peixot.

Casi llegamos tarde al Museo Judío de Girona, dónde debía tener lugar la presentación de la reciente edición de mi libro «Memòria xueta» junto con la novela «Daniel Can», segundo volumen de la colección Sifrut que tengo el honor de dirigir. Todo se enmarca dentro de la Proposición no de Ley (PNL) que el PP presentó en su día en el parlamento balear, en la que -entre otras muchas cosas- se instaba al Govern de Prohens a difundir el legado de los descendientes de judíos conversos de Mallorca (xuetes).

La directora del Museo Judío de Girona nos explicó que la entidad pasa por momentos difíciles. «Con la que está cayendo el número de visitantes ha caído espectacularmente». Ocurre lo mismo en las sinagogas -empezando por la de Mallorca- y en casi todos los lugares relacionados directa o indirectamente con el mundo judío. Sebastià Bennàssar, de «Edicions Xandri» expuso las novedades que próximamente aparecerán en la colección: una obra de Laura Miró, de inminente aparición, la traducción al catalán de «Sangre Judía», de Pere Bonnín, y una novela histórica escrita por Nissan Ben Abraham, el primer xueta que, en los años del tardofranquismo lío su petate y se marchó a Israel. Pronto fue rabino y ahora preside una abrahámica familia con doce hijos y muchos, muchos, nietos.

La extrema izquierda nos llama «sionistas» y hasta nos responsabiliza de la guerra de Gaza. De mí han llegado a decir que soy algo así como un espía del Mossad

En el acto cultural, en el que la directora del museo mostró la primera edición de «Memòria xueta», aparecida enb 1994 y agotada rápidamente -hoy es una rareza bibliográfica que se puede comprar en Internet a precios exorbitantes- hablamos de los xuetes contemporáneos, de nuestra relación con el judaísmo y, en especial, con la sinagoga mallorquina. Quedó claro que ni el Retorno ni la conversión -en Mallorca tenemos una docena mal contada de casos- consiguen que una persona de larga estirpe xueta -330 años de historia, cómo poco- deje atrás la cultura conversa, las características especiales de una minoría mallorquina marcada no solo por la persecución y el desprecio, también por un espíritu de clan y unas costumbres y tradiciones que llevamos marcadas a fuego en la piel del alma. La orfebrería, la gastronomía, el carácter, el amor por la lengua propia y -por qué no escribirlo- el miedo -recrudecido tras la masacre contra los judíos del 7 de octubre de 2023- son signos de identidad muy enraizados en los descendientes de judíos conversos de Mallorca. Eso lo entienden muy poco rabinos, yo diría que únicamente los que se han dedicado a estudiar el tema: el rab Birbaum, que recorre el mundo en busca de judíos ocultos, el rab Holland, quién dirige un Beit Din (tribunal rabínico) que acepta la conversión de xuetes previa preparación y examen, y unos pocos más. Lo expliqué allí, en el Museo Judío gerundense, ante un público tan escaso como interesado: la mayoría de los judíos -entre los pocos que conocen la cuestión- todavía miran con recelo a los xuetes que se acercan al judaísmo. Muchos hemos sido perseguidos, amenazados y calumniados por defender nuestras raíces -de eso, precisamente, trata mi libro- la extrema izquierda nos llama «sionistas» y hasta nos responsabiliza de la guerra de Gaza. De mi han llegado a decir que soy algo asi como un espía del Mossad, que cobro del lobby judío y qué se yo cuántas cosas más. Por no hablar de Laura Miró quien, siendo tan joven, ha sido señalada como una «sionista peligrosa» .

Pese a todo ello los xuetes militantes -por expresarlo de alguna manera- seguimos siendo los grandes ignorados del judaísmo contemporáneo.

A nadie debe extrañar que los descendientes de judíos conversos mallorquines sean reacios a acercarse a la sinagoga. Estamos los de siempre y en signo menguante. Hubo unos años en los que parecía que habíamos invertido esta tendencia pero fue un espejismo.

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