¿Han sido las elecciones andaluzas la puntilla y el descabello para la derecha centrista y centrada?
¿Quién teme que el PP regrese a los territorios del seny -palabra muy mallorquina, de imposible traducción al castellano- y se ubique en la equidistancia de todos los extremismos?
Tras las elecciones andaluzas algunos analistas políticos, aquí en Mallorca y fuera de ella, afirman que la culpa de la pérdida de mayoría absoluta por parte de Moreno Bonilla es achacable a su posicionamiento centrista y moderado. Culpan al denominado «extremo centro» -un concepto imposible, tanto en su expresión gramatical como en su ubicación ideológica- de la pérdida de los dos escaños que hubiesen colocado al PP andaluz -y por ende al nacional- en la pista de despegue de cara a las elecciones generales que - Sánchez dixit- tendrán lugar dentro de un año. Quienes así piensan -o, atención, quieren que pensemos- descartan que el electorado, en las actuales circunstancias, otorgue su apoyo mayoritario a una derecha moderada, centrista, que es la que representan Moreno, Prohens en Baleares y, en definitiva Feijóo, y piden a voz en grito que los populares se conviertan en una fotocopia agrandada de Vox. Es la «opción Ayuso» que asoma su carita tras las cortinas del camerino. Es, en suma, el mensaje de la «derechita cobarde» al que le han dado una mano de pintura.
Creo que se trata de una estrategia porque si, realmente, por ahí apuntasen los tiros, estaríamos ante un hecho grave, el enésimo atentado contra la esperanza de los que pensamos que todos los extremos son malos y que solo el talante moderado, inclusivo y abierto podrá librarnos algún día de la pesadilla del «gobierno Frankestein» que padecemos. No puede ser que las antípodas de Bildu sea el integrismo de Vox. Tampoco admito -ya saben mis lectores que, en el fondo, soy un ingenuo impenitente- que el reverso al comunismo bolivariano de Podemos y Sumar tenga que ser el cántico de las montañas nevadas y las banderas al viento.
¿Y en Baleares? No me imagino un segundo mandato de Prohens ligado a políticos tan descarriados y extravagantes como la señora Cañadas o Jorge Campos
¿De verdad nos han asesinado al centro ? ¿Dónde están aquellos políticos que, en su día, fueron capaces de urdir y consensuar los Pactos de la Moncloa o, antes de ello, aprobar una Constitución que no era la de nadie y era al mismo tiempo la de todos? ¿Quién teme que el PP regrese a los territorios del seny -palabra muy mallorquina, de imposible traducción al castellano- y se ubique en la equidistancia de todos los extremismos?
Si, de verdad, el carrusel de elecciones ideado por Feijoó para hacer crujir las cuadernas del sanchismo ha servido al fin y a la postre para demostrar que el electorado no socialista aboga también por la polarización y el enfrentamiento perpetuo, estamos ante unas perspectivas realmente desesperanzadora. Sabemos que el gobierno y la mayoría que lo sustenta son una tropa de inmorales y aprovechados que ,a lo largo de estos ocho años, y muy especialmente desde julio del 2023, se han dedicado -amén de robar todo lo que han podido- a minar las bases de la democracia, a rematar la Transición «asesinada» en su día por Zapatero y a engañar a los españoles con el señuelo de una prosperidad económica que a la fin y a la postre -tremenda paradoja- solo favorece a los riquísimos hasta el punto de condenar a nuestra juventud a una pobreza subvencionada. Todo eso lo sabemos pero la alternativa no puede ser darle la vuelta a la tortilla y empezar un nuevo ciclo autoritario de signo opuesto.
¿Y en Baleares? No me imagino un segundo mandato de Prohens ligado a políticos tan descarriados y extravagantes como la señora Cañadas o Jorge Campos. Aquí también se asesinó al centro, un angosto territorio que daba para tres diputados y que inició su camino hacia la extinción el día que Jaume Font se hartó de Melià y compañía y abandonó la política. Si el PP balear no puede conseguir, ni siquiera con Prohens, la mayoría absoluta, será preciso que se imponga la sensatez y, al mismo tiempo la firmeza: no a los extremismos, vengan de donde vengan.