Desde la retaguardiaMiquel Segura

Malestar en el sector primario de Baleares: «Europa nos la está liando»

Quienes envían los dineros de la Política Agraria Comunitaria (PAC) son al mismo tiempo responsables de que los productores de alimentos vayan siempre en el furgón de cola. Todo ello con el trasfondo de un problema de seguridad alimentaria que en el actual marco de inestabilidad global podría traernos problemas de desabastecimiento

Las organizaciones de productores agrarios de Baleares (OPAS) están enojadas. El acuerdo de la Unión Europea con los países del «Mercosur», del que se dijo que no entraría en vigor hasta dentro de un año, es de plena vigencia desde el 1 de mayo. «Nos la han metido doblada» -explican- añadiendo que «una vez más nos han dado largas, el típico 'rollo político' para, al final, pasarnos por la piedra».

No es un buen momento para el campo mallorquín. Pintan bastos en la campaña de exportación de patata de sa Pobla, muy afectada este año por el mal tiempo, especialmente el viento que destrozó las plantas. De las 423 hectáreas de patatales aseguradas en esta campaña -cifra notablemente inferior a la del año pasado- 250 han resultado afectadas. Son muchos los productores que cobrarán las primas del seguro, unos 600.000 euros en total, una cantidad muy inferior a la que recibirían si hubiesen podido colocar su cosecha en el mercado de exportación. Parece ser, pues, que los poblers se enfrentan a una campaña desfavorable, con escasa producción y un mercado -como siempre- incierto. De todas maneras, desde los tiempos históricos de esta exportación agrícola, años 20 del siglo pasado, los resultados, buenos o malos, no pueden ser valorados en sus justos términos hasta que ha concluido la campaña.

Existe un descontento generalizado entre los productores, un cóctel que puede resultar explosivo de cara a 2027, año de las elecciones municipales y autonómicas

En realidad, el problema de fondo de los agricultores mallorquines es siempre el mismo, aunque en las actuales circunstancias se ha agravado considerablemente: suben los gastos de producción y los impuestos pero se mantiene el precio final para el payes. Nada que ver, por supuesto, con el que pagan los consumidores, que no para de aumentar. Ahora te dicen que la culpa es de la guerra pero la realidad es que la carestía de la cesta de la compra es muy anterior.

La gente tiene que ajustar muy bien sus listas de compra si quiere llegar a final de mes con algunos euros en el bolsillo. Fantasías, las mínimas, y los lujos en las pelis de los fines de semana. Esa es la realidad del común de los isleños, independientemente de los sectores que recogen el dinero a espuertas y a los que la guerra, por lo que parece, no ha hecho sino beneficiar.

Entre esos sectores no se encuentra, claro, el primario, que sigue siendo la cenicienta de una economía que, sobre el papel y según proclaman los políticos, «va como un tiro». Lástima que las balas se alojen siempre en los bolsillos de los más desfavorecidos.

El problema no es específicamente mallorquín, ni siquiera español. Las desgracias de nuestros agricultores son europeas y proceden en su mayor parte de un exceso de burocracia. Quienes envían los dineros de la Política Agraria Comunitaria (PAC) son al mismo tiempo responsables de que los productores de alimentos vayan siempre en el furgón de cola. Todo ello con el trasfondo de un problema de seguridad alimentaria que en el actual marco de inestabilidad global podría traernos problemas de desabastecimiento. Todo ello en el marco, como explicaba al principio de este artículo, de un descontento generalizado entre los productores. Un cóctel que puede resultar explosivo de cara a 2027, año de las elecciones municipales y autonómicas.

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