De cómo el cinismo sanchista se ha contagiado a sor Pilar y Fray Santiago
Costa y Negueruela pasaron por alto aquella frase de «ver la paja en el ojo ajeno y no ver la biga en el propio»
Fray Santiago de la Súbita Irrupción y sor Pilar de la santa Conversión reconvinieron el martes, en sesión parlamentaria, a Marga Prohens: «El fervor por el discurso papal en el Congreso le ha durado siete minutos». No hablaron para nada, claro, de su reciente transmutación: de rojos ateos a seguidores entusiastas de León XIV. Como conversos exprés y dada su notable ignorancia en estos temas, pasaron por alto una de las frases más importantes de Jesús de Nazaret: aquella en la que acusó a los fariseos de «ver la paja en el ojo ajeno y no ver la biga en el propio». (Mateo 7-3-5, Lucas 6-41-42). Mal empiezan su sendero hacia el cielo los dos socialistas obreros y españoles.
Veamos: creo que fue sor Pilar -señora de armas tomar en el convento y fuera del convento- la que reconvino a la presidenta por llevar una crucecita colgada del cuello y luego hacer caso omiso de las enseñanzas papales. No es la primera vez que Costa embiste a la jefa del Govern por lucir una cruz de oro que un día le regaló su abuela. En esta ocasión sacó el tema a colación a propósito de la política migratoria de Prohens, que, según ella, debe ser pecado y de los gordos.
En cuanto a Fray Santiago -quien en sus tiempos de aguerrido inspector de Trabajo buscaba trabajadores ilegales, casi siempre inmigrantes, hasta en el interior de los frigoríficos de las cocinas de los restaurantes- riñó «cristianamente» a la madona de Campos por «llegar a acuerdos con Vox». No sabía yo que el partido del señor Le Senne hubiese sido excomulgado por sus nefandos pecados. La verdad es que no me gustan un pelo, pero de ahí a separarlos de la grey media un trecho de muchas leguas.
Bien, ahora, si les parece, puedo escribir en serio: el cinismo sanchista -del tamaño de la cordillera del Himalaya y me quedo corto- se ha contagiado a la desnortada y torpe izquierda balear. Resulta que el Papa condenó abiertamente el aborto y la eutanasia y nuestros socialistas, que los votaron y los defienden -están en su derecho- aplaudieron también entusiásticamente el discurso del Pontífice. Aclamaron las palabras de Prevost a sabiendas del inmenso abismo doctrinal que les separa del catolicismo institucional. Lo hacen muchos: «Predícame padre, que por una oreja me entra y por la otra me sale». El problema no radica en no hacer caso de las recomendaciones papales, sino en echarlas a la cara de tu adversario político con aires de padre prior -o de madre superiora- para tapar vergüenzas propias y ajenas que están en boca de todos y en los juzgados.
Me consta que Prohens se ofende cuando le recriminan el uso de la cruz de oro, dice que es «señalada por usar un símbolo religioso». La sor y el fraile de pacotilla no tienen, a mi entender, ni siquiera los arrestos necesarios para opositar a una plaza de inquisidores. Simplemente, están desesperados.