¿Qué vamos a hacer los mallorquines con nosotros mismos?
Un sector de la sociedad se siente oprimido por la presencia de tantos turistas mientras el tirón turístico impulsa el mejor mayo laboral de la historia balear
Tengo la impresión de vivir en una sociedad esquizofrénica. Al menos es lo que refleja una lectura atenta de los periódicos que -supongo- no tienen otra intención que la de hacerse eco del pálpito colectivo. Veamos: hace unos días Ultima Hora publicaba una noticia en su sección de Local con este titular: «Convocan una manifestación contra la saturación turística». En la letra pequeña se detallaba que la pachanga en cuestión está prevista para el próximo día 26. Los cuatro amiguetes de la plataforma Menys turisme, més vida debieron evitar la coincidencia con la jornada del 24, festividad de san Juan, más que nada por si algunos de ellos tenían pensado viajar hasta Ciutadella para sumarse al jolgorio festivo de los caballos y el ginet, que eso no es turismo sino amor a las raíces y devoción por la melopea. No me consta en absoluto, pero mucho me lo temo.
Pero sigamos: en el diario de referencia -del que soy también devoto colaborador- y justo en la página siguiente se podía leer, a cuatro columnas, este titular: «El tirón turístico impulsa el mejor mayo laboral de la historia de Balears». Y ojo al subtitulo: «La afiliación alcanza un récord de casi 654.000 trabajadores y el paro cae hasta las 23.607 personas». Bueno, pues, ¿en qué quedamos?
Repito que este artículo pecador no apunta al mensajero, me libre el cielo de ello, sino al mensaje. ¿Qué vamos a hacer los mallorquines -es un decir, porque quedamos pocos- con nosotros mismos? Un sector de la sociedad se siente oprimida por la presencia de tantos turistas. Yo mismo evito «bajar» a Palma -en mis buenos tiempos lo hacía a diario- a fin de evitar atascos que torturan mis delicados nervios. Nuestras instituciones -gobernadas, Laus Deo, por el centro derecha- están a punto de aprobar medidas restrictivas en el campo de la movilidad. En román paladino: pretenden restringir la circulación de coches.
Cuántas veces escuché a nuestros políticos y economistas aquello de que había que desechar el turismo de alpargata y favorecer el que busca lujo y glamur
Hasta ahí todo parece razonable, pero luego resulta que tenemos una cifra de parados ridícula hasta el punto que la anteriormente señalada debe ser un puro coeficiente porque la realidad es que los empresarios -sobre todo en el sector de la restauración- andan como locos en busca de personal. Lo escribí en mi anterior artículo: la economía mallorquina se sustenta en el turismo y el ladrillo, lo demás son vuits i nous i cartes que no lliguen.
Está claro que, en un año en el que incluso Prohens y Galmés han optado por la contención turística , circunstancias de ámbito internacional -especialmente la guerra de Irán- han convertido Mallorca en un destino-refugio. Aquí hay paz y tranquilidad -las manifestaciones de los peludos que, me parece, son los mismos que salen a gritar en favor de Palestina y contra Israel, los hay que sirven tanto para un roto como para un descosido- en el fondo no molestan mucho. Incluso podrían resultar una nota pintoresca. En otro orden de cosas los precios son caros, lo que conlleva la llegada de un turismo de alta capacidad adquisitiva.
Cuántas veces escuché a nuestros políticos y economistas aquello de que había que desechar el turismo de alpargata y, en cambio, favorecer el que busca lujo, glamur, villas impresionantes y restaurantes de alta selección. Pues ahora que los tenemos resulta que los turistas ricos molestan tanto o más que los que antes venían con cuatro chavos. Entonces nos quejábamos de que no salían para nada del hotel y ahora que sí salen y se desparraman por nuestras ciudades y pueblos clamamos porque los nativos no podemos ni salir a la calle; y venga hablar de gentrificación y de impacto humano sobre el territorio. ¿Hay quién nos entienda?
Presumo que mi psiquiatra de cabecera confirmaría mi diagnóstico de «esquizofrenia social». También creo que, si se lo consulto, me dirá que no me coma el coco con estos temas. Sería lo más sano pero no voy a ser capaz.