La medio despedida de Armengol o como disfrazar el fracaso de altanera insolencia
La todavía tercera autoridad del estado, tocada y casi hundida, quiso salir en plan matrona desafiante, zahiriendo a la rival a la que tanto teme y que, según todos los indicios, la hubiese aplastado en las urnas, como ya hizo el 2023
Armengol, por fin, anunció su decisión. No va a competir con Prohens para volver a ser la presidenta del Govern. Ha dado este paso, que muchos, dentro y fuera del PSIB, veíamos como inevitable, tarde y mal. Su despedida llega con demora y recargo, es incompleta y, encima, la ha escenificado de manera chulesca. Francina ha intentado ocultar su cobardía -es obvio que una de las razones por las que ha decidido no presentarse es porque sabe que va a perder- bajo el barniz de una insolencia altanera que no casaba con el momento. ¿Qué es eso de anunciar su renuncia envolviéndola en el papel de estraza de un rapapolvo a Prohens a la que acusa de promover una «segunda balearización»?
Todo es me recuerda una historia que en mi infancia se contaba en sa Pobla. Era el caso de un comerciante que, al contrario de lo que entonces -por desgracia- era habitual y aceptado tácitamente por aquella sociedad, sufría malos tratos permanentes de parte de su señora. Vamos, que lo zurraba de lo lindo a la menor ocasión. Los vecinos, sobre todo en verano, cuando puertas y ventanas permanecían abiertas, ya se habían acostumbrado a escuchar los gritos y ayes de la víctima. El hombre -magullado pero, sobre todo, herido en su honor de macho- después de cada tunda salía al portal de su casa y con ademanes desafiantes, gritaba a pleno pulmón: «Y ojo, porque a la próxima la paliza será más dura».
Pues, Armengol, igual. La todavía tercera autoridad del estado, tocada y casi hundida, quiso salir en plan matrona desafiante, zahiriendo a la rival a la que tanto teme y que, según todos los indicios, la hubiese aplastado en las urnas, como ya hizo el 2023. Hubiera sido más digna una medio despedida -porque irse, no se va del todo- desde la dignidad y el buen sentido, tratando de aportar razones creíbles a su tan prolongada tocata y fuga de la primera linea electoral. Encima, se auto proclama candidata al congreso que surja de las próximas elecciones generales -el aforamiento es para ella imprescindible y los diputados del parlamento balear no lo están- saltándose el trámite de las primarias, que valen para todos pero no para la señora. ¿Se trata de un privilegio de clase? Todo podría ser.
El caso es que Francina, que de momento no suelta el timón de la nave del PSIB, ahora desarbolada, veremos qué pueda pasa en un futuro más o menos inmediato- traspasa el marrón de la candidatura autonómica a Rosario Sánchez, una buena chica, muy preparada pero -creo que ya lo escribí el otro día- carente del menor gancho electoral. A once meses de las elecciones se trata de un caramelo envenenado, pues convierte a la actual secretaria de Estado de Turismo en una candidata a la derrota.
Total que Armengol se va -pero se queda- con escaso honor y pensando solo en sus conveniencias personales. Sabe perfectamente que tiene escasas posibilidades de repetir como presidenta del Congreso, un sueldazo que dobla el de Prohens y un palacio con mayordomo, pero encontrará acomodo en uno de los escaños de la oposición y quedará amparada por la marquesina del aforamiento, que las cosas pueden ir todavía a peor. Y pues...