Ábalos debe volver a su casita en Valencia
Lo que le ha pasado al que fuera ministro de Transportes tendría que servir de aviso a los navegantes con complejo de patrones
Corría el año 2018. Las tuberías en la sauna sanchista todavía no fluían, pero los fontaneros ya estaban trabajando tras haber llegado al poder mediante la moción de censura. Una revista de la Comunidad Valenciana le dedicaba una portada a José Luis Ábalos otorgándole el distintivo de «valenciano del año». Dentro de unos meses seguro que será noticia en el boletín de la cárcel, siendo elegido preso del 2026. No saben lo que lo admiran ahí dentro; hasta le están diciendo que tiene que montar un partido político. Koldo, encantado, ya me lo veo cogiendo los tickets del economato carcelario para cambiarlos por cigarrillos.
Lo que le ha pasado al que fuera ministro de Transportes tendría que servir de aviso a los navegantes con complejo de patrones. La política está llena de remeros que lo único que hacen es dejar que la corriente los lleve bajo la inercia de su alarde de capitán. El poder político es efímero. Cuando se dan cuenta ya es demasiado tarde. Que se lo digan a todos los cargos públicos que esta pasada semana han estado en la tribuna de honor en las mascletás de Hogueras y que a lo mejor ya no vuelven el próximo año. Los mandatos duran lo mismo que los fuegos artificiales. A las luces de colores y a los aplausos de los palmeros le suceden la oscuridad y el silencio.
Imagen de José Luis Ábalos tomada durante el juicio
El hombre que lo era todo ahora ya no es nada. Cometió el error que cometen casi todos: pedirle al universo acaparar el mayor poder posible en lugar de rogarle a Dios la sabiduría para saber utilizarlo, como hizo el rey Salomón en el Antiguo Testamento. Si Hamlet le preguntaba retóricamente a la calavera ser o no ser, Ábalos se lo preguntará a su retrato de la portada de aquella revista. Shakespeare critica en su obra del rey danés los peligros tanto de la indecisión como de la impulsividad. Sin embargo, la cárcel está llena de coléricos y los prudentes están en su casa. Ya escribió Tom Wolfe que las prisiones no están repletas de malas personas, sino de hombres que tomaron malas decisiones. León XIV dijo en su visita a la cárcel de Brians que los errores de la vida no determinan la identidad de un ser humano.
No podemos equiparar a todos los reclusos por igual. Mientras hay delitos de sangre que deben ser penados con las condenas más duras, hay otro tipo de delincuencia más sutil y sibilina a la que se le debe dar rienda suelta al ingenio jurisdiccional. Ese arrebato de meter a todos en el mismo módulo, nacido del populismo punitivo y criticado por intelectuales como Manuel Atienza, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Alicante, genera el abuso de la privación de libertad en el sistema penal español. De ahí proviene el instinto patrio de ser carceleros. Carontes ansiosos de recibir su óbolo por surcar las olas del inframundo con el prisionero. Nos recreamos con sueños húmedos en los que nuestros enemigos íntimos y públicos deben pudrirse en un agujero. Va por barrios y celdas. Los que están pidiendo clemencia por la dura condena a Ábalos son los mismos que fantaseaban con Eduardo Zaplana muriendo en la cárcel, Paco Camps cambiando sus trajes por el mono naranja o Iñaki Urdangarín presentando sus memorias tras los barrotes. Eso también es populismo punitivo o, más bien, populismo bolivariano de encarcelar a los que no piensan como tú. Por eso dicen que Mónica Oltra es inocente y, en cambio, Carlos Mazón debe estar en un zulo.
Ni unos ni otros. Prefiero que José Luis Ábalos esté en su casita como Bad Bunny a que lo estén asesinos y violadores. Nuestro sistema, con las cárceles colapsadas, gusta de dejar en libertad condicional a presuntos criminales o parece gravar menos a los peligros públicos que a los que son un peligro para sí mismos. La prevención de que un político meta la mano no debe proceder del poder judicial con penas disuasorias, sino con el funcionamiento correcto de los partidos: si el PSOE fuera una empresa seria, Ábalos no habría sido ni concejal en el Ayuntamiento de Valencia. Quizá esté pidiendo demasiado a un organigrama en el que no respetan ni sus primarias.