La pluma y la espadaJosé Luis Monroy Antón

El verano, las bicicletas y Chanquete

A nadie hubiese extrañado que a su nombre inmortalizado en una calle de Valencia y en el teatro de Paterna hubiesen añadido el del personaje de la serie televisiva

Llega el verano. Y con él, las bicicletas. Probablemente el periodo estival es el que más asociado tenemos con este vehículo. Ya nos lo decía Fernando Fernán Gómez en su obra de teatro «Las bicicletas son para el verano» (1977). Más claro, imposible. Luego tendría su trasposición al cine con la película del mismo nombre dirigida por Jaime Chávarri en 1984. Nos cuenta una historia de la guerra civil en Madrid a través de la vida de una familia y la excusa de la compra de una bicicleta. Un drama reflexivo sobre las personas inmersas en la guerra y sus ilusiones y necesidades. La bicicleta, como deseo del protagonista, se convierte en la venda de un joven que le evita ver la crueldad del conflicto.

Un tono radicalmente opuesto es el presentaban las bicicletas de la serie de televisión «Verano Azul» (Antonio Mercero, 1981), que ya casi desde el primer fotograma de la cabecera introductoria aparecían como el vehículo de diversión y libertad de la pandilla de jóvenes que se reunían en verano en la costa andaluza. En esta serie se forjó uno de esos personajes que quedan tatuados en la memoria y que acaban siendo inmortales: Chanquete. A Antonio Ferrandis (Paterna, 1921) la sociedad española le rebautizó y desde entonces le fue imposible escapar del personaje. Actor de teatro (fundó su propia compañía en 1972), participó en numerosas películas, pero el papel del pescador en esta serie fue lo que hizo que su popularidad aumentase. Él mismo hablaba de que la gente por la calle le llamaba Chanquete, sin preocuparse por conocer su verdadero nombre. Ferrandis fue uno de esos ejemplos de actores eficaces, sólidos y robustos, pero que no acababan de conectar del todo con el público, pareciendo un eterno secundario a pesar de ostentar papeles de protagonista. Tal vez porque algunos actores (no es el único) se encasillan o se les encasilla en papeles serios, dramáticos, cortados por un patrón de gravedad que les impide evolucionar hacia otros registros y en los que se quedan como Santo en hornacina. Puede ser que el papel de Chanquete, más socarrón, feliz en su vida de pueblo, rodeado de juventud a la que aporta sabiduría, le sacase de ese encasillamiento y fuese la conexión con el público de todas las edades. A nadie hubiese extrañado que a su nombre inmortalizado en una calle de Valencia y en el teatro de Paterna hubiesen añadido el del personaje de la serie televisiva; cosa que si se hizo en Nerja (Málaga), localización del rodaje de los capítulos, y donde además de la calle Antonio Ferrandis Chanquete se ha hecho un pequeño «parque temático» con alusiones y emblemas originales de la serie.

Las bicicletas en ambos ejemplos son elementos con un significado muy distinto. Un deseo, en el Madrid de 1936; la libertad, en el pueblo de Chanquete. Pero ¿qué significa hoy la bicicleta? Pues hace unos días leí (me van a perdonar, pero no recuerdo dónde) que se había transformado en un elemento de incordio turístico para los habitantes de la ciudad de Valencia. Al parecer, con la llegada del buen tiempo, los alquileres de estos vehículos para grupos de turistas que realizan sus paseos por Valencia se han incrementado y se han convertido en una dificultad añadida para la circulación peatonal por la ciudad. Bueno, ¿no queríamos bicicletas? Pues ya las tenemos. Acudan a este artículo cuando lleguen las ordenanzas municipales regulando la circulación en bicicleta por las ciudades o poniendo una tasa al alquiler de estos vehículos por parte de empresas e incluso particulares. Llegará, denles tiempo.

Imagen de la escultura dedicada a Chanquete en Nerja

Imagen de la escultura dedicada a Chanquete en NerjaEP

La bicicleta siempre ha sido el objeto codiciado desde niños. Es un símbolo, y como tal ha servido de emblema para ideologías y colectivos que no viene al caso comentar, pero también para ese cine en el que su presencia mitifica la obra. Además de los dos anteriores ejemplos, hay otras dos películas marcadas por la bicicleta: «E.T, el extraterrestre» (S. Spielberg, 1982) y «El ladrón de bicicletas» (Vittorio de Sicca, 1948). Aunque no hayan visto la película, la escena de los niños en bici junto con el extraterrestre ascendiendo hacia el cielo seguro que la tienen en su memoria, pues es de las más repetidas para ilustrar diferentes contextos. Probablemente será más difícil que recuerden la segunda, pues se trata de un cine menos comercial y menos reciente en el tiempo. La película italiana es el drama de un padre al que le roban la bicicleta que es su herramienta de trabajo para desplazarse por la ciudad. Trata de buscarla junto a su hijo, y esa búsqueda se convierte en el núcleo de la película, con tensión, drama y ternura a partes iguales. Se la recomiendo por delante de la de Spielberg, aunque prepárense a llorar.

Se echa encima el verano y con él la libertad que da una bicicleta. Seguro también que, si se fijan un poquito, podrán sacar ustedes una historia de cada bicicleta que vean. Observen y déjense llevar por la fantasía.

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