¿Conocían en el PSPV a Julio Martínez?
El ser humano, que es tribal por naturaleza, siente afinidad por todos aquellos que comparten algo con él, sea deshonroso o ficticio
Los zapatos pusieron a Elda en el mapa y José Luis Rodríguez Zapatero ha vuelto a hacer que se hable del municipio alicantino. No por los mocasines que lleva este verano —aunque quizá algún monarca árabe le haya regalado unos—, sino por su amistad con un ilustre vecino eldense. Hace poco, un colega periodista presumía entre bambalinas de que Julio Martínez era una persona destacada de su pueblo. Siempre me ha llamado la atención la capacidad patria de sacar pecho de nuestros lazarillos. Es como cuando un colega de la infancia se vuelve un imbécil en su adultez pero sigue siendo tu amigo; es ese sentimiento de hermanamiento el que centrifuga la sangre de los pillos, purificándola. Se parece a cuando uno insulta a su hermano, pero no deja que alguien de la calle lo haga.
Impera la creencia de que da igual que hablen mal, mientras hablen. Más de uno está encantado con que el lacayo de Zapatero sea alicantino. Nos encanta. Es como cuando dicen que Ilia Topuria es de la terreta, aunque hasta hace poco no tuviera nacionalidad española y sea georgiano. El ser humano, que es tribal por naturaleza, siente afinidad por todos aquellos que comparten algo con él, sea deshonroso o ficticio. Habrá todavía alguno que se haga fotos con Julito Martínez. Es igual que los que tratan a Víctor de Aldama como a una estrella del rock porque se haya arrimado a la derecha. Es un canallita, pero es «de los nuestros». Dice mi padre que hay que tener amigos hasta en el infierno.
Un pacto con el demonio es lo que hizo Julio Martínez con ZP. Que no quiero decir que el expresidente del Gobierno sea Lucifer, ojo, pero sí es cierto que ha sido víctima de la mayor tentación: creerse intocable. San Agustín escribió: «Fue el orgullo el que convirtió a los ángeles en demonios; es la humildad la que convierte a los hombres en ángeles». Así es como el arcángel protector del socialismo ha quemado sus alas en las llamas de los lamentos. Julio Martínez seguro que es el primero que se está lamentando. En una ocasión reconoció que creía que se iba a librar ante la influencia que tenía Zapatero. Se debió de perder aquel discurso navideño del rey Juan Carlos en el que decía que la justicia era igual para todos. Le pillaría en Venezuela. Si ni el yernísimo se libró de la cárcel, el amiguísimo tampoco. Hay que ver, tanto correr José Luis y Julito y al final les han terminado cogiendo. Roberto Saviano escribe en Los valientes están solos (Anagrama) que en el momento en el que uno se involucra en una trama ilícita, compra boletos para que le atrapen. Nadie se salva. Cervantes dijo que la verdad siempre sale a flote, como el corcho en el agua. Zapatero se agarrará al corcho para no ahogarse.
Imagen de José Luis Rodríguez Zapatero tomada este miércoles
Se han hecho muchas preguntas sobre el caso; a mí lo que me genera curiosidad es quién se aprovechó de quién. Que a lo mejor me equivoco y es una amistad genuina, sin intereses, como la de José Luis Ábalos y Jéssica. Pero Aristóteles ya dijo en Ética a Nicómaco que ese tipo de vínculo amistoso escaseaba. Sobre todo, cuando hay negocios de por medio. Jugaron en el mismo tablero. Lo que Julio no sabía es que su amigo era el Rey y él un peón; que en la partida de ajedrez que habían empezado, ZP podía moverse en cualquier dirección paso a paso y él sólo hacia delante. Zapatero utilizó precisamente a Martínez como palanca para impulsar sus limitados poderes. García-Trevijano ya dijo que los políticos sólo podían cumplir sus fantasías despóticas mediante la presunta corrupción.
No es casualidad que los dirigentes terminen cayendo por no saber templar sus pasiones: Ábalos se despeñó por los pecados de la carne y ZP puede caer por su avaricia. Que por cierto, hablando del exministro de Transportes, del que tampoco sabía nada el PSPV cuando encabezó la lista al Congreso de los Diputados por Valencia... ¿De verdad nadie alertó a ZP o conocía los aparentes chanchullos que iba a hacer el empresario de Elda con el expresidente? Lo digo porque Julio Martínez era un habitual en los actos socialistas en su pueblo. Déjenme adivinar: tampoco le conocían.