El Mallorca RCD y el PSIB: nefasta política de fichajes
Cierto que Armengol continúa dirigiendo los destinos del partido, pero ya no es lo mismo ni mucho menos. Ahora tiene sus conillons (conejitos) en Madrid y ante el desastre que se le avecina no ha dudado, por segunda vez en tres años, en poner a salvo sus propios y personales muebles
No sé casi nada de periodismo deportivo y sí un poco de política, pero advierto extrañas similitudes entre el RCD Mallorca y el PSIB. Ambos, es obvio señalarlo, andan de capa caída. Veamos: el club barralet, que fue el buque insignia del balompié isleño, descendió al pozo de la Segunda División. Expertos señalan que una de las causas del desastre fue la escasa identificación de la propiedad con la masa social, los socios, los aficionados, todo eso. El propietario del Mallorca -de cuyo nombre no me acuerdo ni falta que me hace- es un potentado norteamericano que, a buen seguro, no sabría señalar nuestra isla en el mapa. Mira al antiguo club de los alfonsinos -lo más selecto de la Palma señoritinga de aquellos tiempos del cuplé- como una más de sus empresas y lo que busca, al parecer, es una cuenta de resultados favorable. Le importan un pimiento el fútbol, la afición mallorquinista, la historia de la entidad y todo lo demás. Tras el descenso ha querido hacer negocio vendiendo los activos deportivos del club y embolsándose nada menos que treinta millones de euros. Encima, la política de fichajes -a manos de un tal Ortell u Ortells que parece saber de eso lo que yo de física cuántica- está siendo un desastre. Venden lo poco que tenían y se traen a jugadores del Córdoba y de no sé dónde a los que nadie conoce. Encima, han indignado a la escasa afición que les queda poniendo el precio de los abonos por las nubes, como si fuesen un equipo que va a jugar la Champions.
Y ahí es donde veo una similitud con el PSIB -PSOE, un partido político que en sus buenos tiempos cobijó a figuras señeras de nuestra clase política: Félix Pons, Josep Moll, Ramón Aguiló y tantos otros. Los socialistas obreros y españoles de Baleares descendieron a la categoría de la nada en mayo del 2023 y su entonces mejor activo no tardó en apuntalar su futuro político y personal a la vera de Pedro Sánchez. Cierto que Armengol continúa dirigiendo los destinos del partido, pero ya no es lo mismo ni mucho menos. Ahora tiene sus conillons (conejitos) en Madrid y ante el desastre que se le avecina no ha dudado, por segunda vez en tres años, en poner a salvo sus propios y personales muebles dejando a los compañeros en la estacada. Su política de fichajes para la «temporada» 2027-31 -quién permanezca vivo ya lo contará- es tanto o más desastrosa que la del «Mallorca». Su estrella principal, Rosario Sánchez, aspira a desbancar a Prohens del sillón del Consolat de la Mar. La chica vale, pero su pertenencia al gobierno del mayor farsante que ha dado la política española desde 1977 la señala con la marca indeleble del fracaso. Encima, parece haberse contagiado de las malas artes y la marrullería de su jefe: ahí está su participación activa en la gran mentira que se han montado los rojillos con el asunto de la playa de es Trenc. Si a ello unimos que a Ro -fuera de un ámbito político cada día más restringido- no la conoce nadie, no hace falta ser un genio para vislumbrar que la aventura en la que la han obligado a embarcarse acabará como las famosas completes d'Alcúdia.
Con todo, Sánchez, esa chica, es lo mejor que tiene el PSIB dentro y fuera del terreno de juego. Peor es el candidato a Cort, el ínclito Negueruela. Quien fuera hombre de confianza de Armengol en los buenos tiempos, es ahora una figurilla insignificante a quién, además, se le tienen muchas ganas dentro y fuera del mundo de la política. Tanto en su labor como inspector de Trabajo como al frente de la Conselleries de Hizenda y Turisme dio muestras de una arrogancia y un matonismo que aun hoy le están pasando factura. Y con esas armas y bagajes pretende vencer a Jaime Martínez, un peso pesado que, con errores y aciertos, como todo el mundo, ha marcado impronta en el ayuntamiento de Palma, que en manos de Illa -ahora senador- era algo así como la «casa de tócame Roque».
Por último para el Consell -caliente, caliente- han fichado a esa señora, Amanda Fernández, de quien no me atrevo a opinar porque, como la inmensa mayoría de los mallorquines y los habitantes del «portaviones» no conozco de nada. No te recuerdo, Amanda.
¿Y si, pese a todo, el Mallorca ascendiera y el PSIB volviera a gobernar? Nunca hay que fiarse, sobre todo si uno se la juega con trileros y mentirosos.