El fin de la 'omertá'
Después de la imputación de la presidenta de la SEPI y de una larga lista de altos directivos de empresas públicas, hay algunos que ya no están dispuestos a asumir todo lo que les echen. Será por razones éticas. O más probablemente será porque no están dispuestos a acabar en la cárcel
La directora de la Agencia Tributaria quiere dejar su puesto de trabajo. Podría haberlo hecho en silencio, argumentando los desgastados por manidos «asuntos personales». No lo ha hecho. Bien ella misma, bien su entorno, se han ocupado de hacer llegar el mensaje a la opinión pública de que no está dispuesta a hacer o dejar de hacer determinadas cosas. Y es que se puede mantener afinidad personal o política con el que da las órdenes, pero no se le puede pedir al personal que are con ruedas de molino.
El caso de la Agencia Tributaria es paradigmático, por lo que representa. Si un ciudadano se retrasa en un pago, no tarda en recibir una misiva incriminatoria. Y, sin embargo, esa misma Hacienda que cada año nos sube los impuestos ha hecho suyos los argumentos del abogado de David Sánchez, presentándose ante la juez sin firma ni sello o se resiste a personarse en el caso Zapatero, pese a que el juez Calama le ha invitado formalmente a hacerlo. Que sí, que no, que sí... Ahora se entiende mejor la confusión de las últimas horas. Posiblemente, la directora de la AEAT estaba más que dispuesta a hacer valer los intereses del contribuyente, como es su obligación. O no veía otra salida meridianamente honrosa. Y los que están más arriba se lo impiden. Solo quedaría por saber si el de arriba es el hoy ministro o la que fue ministra, la mujer más poderosa de España, según ella misma.
No tardaremos en enterarnos. Todo indica que la omertá que ha reinado en la Administración del Estado puesta al servicio de unos pocos no aguantará. Antes de que la directora de la Agencia Tributaria pusiera pie en pared, ya lo han hecho los agentes de la UCO que se negaron a ponerse de perfil ante los casos que afectaran a la familia del presidente.
No me cabe duda de que habrá muchos funcionarios, con un puesto vitalicio, que les blinda parcialmente al menos ante las presiones, que se han resistido a hacer según qué gestiones. Pero también los hay que, sabiendo que se está cometiendo una injusticia flagrante, cuando no un acto contrario a la legalidad, han mirado hacia otro lado. Véanse, sin ir más lejos, los mensajes que se entrecruzan en los procesos de adjudicación de los cursos de Red.es, en los que sale agraciado el amigo recomendado de Begoña. En este contexto, cobra más valor si cabe la amenaza publicitada de la directora de la Agencia Tributaria. Después de la imputación de la presidenta de la SEPI y de una larga lista de altos directivos de empresas públicas, hay algunos que ya no están dispuestos a asumir todo lo que les echen. Será por razones éticas. O más probablemente será porque no están dispuestos a acabar en la cárcel por salvar a un gobierno que, aunque resista, está de salida.