San Justino Orona
¿Qué santo celebramos hoy 1 de julio?
Hoy conmemoramos a los santos Justino Orona y Atilano Cruz, presbíteros y mártires
Justino Orona Madrigal nació en el seno de una familia cristiana, el día 14 de abril de 1877 en Atoyac, Jalisco (México); fue educado en un ambiente religioso, donde vivían casi en extrema pobreza. Sintió en su alma la vocación al sacerdocio, pero tuvo muchas dificultades, pues su familia contaba con sus ingresos económicos. Por fin se decidió a hacer los primeros estudios e ingresó en el seminario de Guadalajara a los 17 años. Sufrió muchas carencias en sus estudios por la pobreza de su familia. Era buen estudiante, estimado por sus compañeros y superiores.
Después de terminar sus estudios tuvo la alegría de ser ordenado sacerdote en 1904, fue párroco de Poncitlán, Encarnación y Cuquío, en el estado de Jalisco. Fue sacerdote durante veinticuatro años, ejerciendo su apostolado en un medio muy difícil por el anticlericalismo reinante, sobre todo en el gobierno, y la indiferencia religiosa.
Ejerció su ministerio sacerdotal con muchas penurias, pues tenía que ir ocultándose de los perseguidores. En una carta que escribió a una religiosa, expresaba sus sentimientos más íntimos: «El camino que lleva a la patria hay que seguirlo con mucha alegría, sirviendo a Dios en la tierra y viviendo por el bien de los hombres. Los que siguen el camino del dolor con fidelidad pueden subir al cielo con seguridad».
En su parroquia de Cuquío fundó una congregación religiosa para atender a las niñas huérfanas y pobres.
Cuando la persecución se iba poniendo más tensa, bastante gente le aconsejaba que huyera pero él les respondía: «Yo, entre los míos, vivo o muerto».
Atilano Cruz Alvarado era el presbítero más joven de los 22 mártires mexicanos. Nació el 5 de octubre de 1901, en una familia de ascendencia indígena, de la que recibió una buena educación cristiana de costumbres fielmente católicas. Cuando tuvo la edad suficiente le encargaron que cuidara el ganado: en aquellos tiempos la mayoría de los niños no iban a la escuela, porque tenían que ayudar a los padres y por lo retirado que estaban las escuelas del pueblo más cercano. Más tarde lo llevaron sus padres a Teocaltiche para que aprendiera a leer y escribir.
Atilano puso mucho interés y en poco tiempo recibió buenas calificaciones. Sintió la llamada del Señor para ser sacerdote y cuando tuvo 17 años, en 1918, ingresó en el Seminario Auxiliar de Teocaltiche. Después de dos años fue trasladado al de Guadalajara. En toda su carrera obtuvo, por su gran inteligencia, magníficas calificaciones y varios premios.
A la mitad de la carrera tuvo que interrumpir sus estudios, porque el gobernador de Jalisco, J. Guadalupe Zuno, desalojó del seminario a todos los seminaristas, en diciembre de 1924. Tuvo que terminar la carrera sacerdotal con muchas dificultades hasta que lo ordenaron sacerdote el día 24 de julio de 1927. El obispo lo destinó a una parroquia como vicario de Cuquío, Jalisco. En muy poco tiempo de su ministerio sacerdotal, un año, trabajó en la pastoral con gran celo y entusiasmo.
Una noche, Justino Orona Madrigal después de planear con su vicario y compañero de martirio, el padre Atilano Cruz, su especial actividad pastoral, ejercida en medio de incontables peligros, ambos sacerdotes se recogieron para descansar en una casa de rancho de Las Cruces, cercano a Cuquío. Poco antes de su martirio Atilano había escrito: «Nuestro Señor Jesucristo nos invita a que lo acompañemos en la pasión».
En la madrugada del 1 de julio de 1928 las fuerzas federales y el presidente municipal de Cuquío irrumpieron violentamente en el rancho y golpearon la puerta donde dormían el párroco y su vicario. El Señor Cura Orona abrió y con fuerte voz saludó a los verdugos: «¡Viva Cristo Rey!» La respuesta fue una lluvia de balas.
Fueron canonizados el 21 de mayo de 2000 por el papa Juan Pablo II junto a otros 25 santos mejicanos. Como dijo el papa en la homilía de aquella celebración, la santidad consiste en estar unidos a Cristo, es la llamada que recibe cada bautizado y que se alimenta día a día con la oración:
«No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad» (1 Jn 3, 18). Esta exhortación, tomada del apóstol Juan en el texto de la segunda lectura de esta celebración, nos invita a imitar a Cristo, viviendo a la vez en estrecha unión con Él. Jesús mismo nos lo ha dicho también en el Evangelio recién proclamado: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15,4).
A través de la unión profunda con Cristo, iniciada en el bautismo y alimentada por la oración, los sacramentos y la práctica de las virtudes evangélicas, hombres y mujeres de todos los tiempos, como hijos de la Iglesia, han alcanzado la meta de la santidad. Son santos porque pusieron a Dios en el centro de su vida e hicieron de la búsqueda y extensión de su Reino el móvil de su propia existencia; santos porque sus obras siguen hablando de su amor total al Señor y a los hermanos dando copiosos frutos, gracias a su fe viva en Jesucristo, y a su compromiso de amar como Él nos ha amado, incluso a los enemigos».
Otros santos del día
Aarón (hermano de Moisés), Anastasio, Basilio, Domiciano, Cibardo, abades; Reina, virgen; Cayo, presbítero; Rumoldo, obispo y mártir; Casto, Secundino, Julio, Aarón, mártires; Regina (Carolina), Simeón, Teobaldo, Teodorico, Tierry, Felices, confesores; Galo, Hilario, Arnoldo, Leoncio, Martín, obispos; Ester, reina.
Pasos para la canonización
- Postulación: es el proceso por el cual se presenta y se da a conocer la intención de proponer a una persona como santo. Este proceso requiere de datos biográficos y testimonios.
- Siervo de Dios: iniciación del postulado dentro de proceso de beatificación y declaración como persona vinculada a la Iglesia católica.
- Venerable: equivale a persona digna de estima y de honor. Asociado a una vida ejemplar y previo a la beatificación.
- Beatificación: si se prueba la existencia de un milagro relacionado con el venerable se procede a la beatificación.
- Canonización: si al beato puede atribuirse un segundo (o más) milagros se procede a canonizarle.