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Eugenio Mallol

Popes culturales, analfabetos tecnológicos

La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha ‘despertado’ al mundo intelectual, que permanece ajeno desde hace décadas a la revolución científico-tecnológica, los resultados no son todavía demasiado útiles, pero se les echaba tanto en falta…

Alguien tendrá que estudiar el despertar reciente de los ‘intelectuales’ al mundo tecnológico, después de tres décadas mirando perezosa, abúlica, insustancialmente, de soslayo, el desarrollo de internet, las redes sociales y la revolución digital. Por alguna razón, pese a que forma parte de la misma dinámica y resulta indisociable de todo lo anterior, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa les ha tocado alguna fibra sensible. «Hay una ‘presencia’ en la casa», parecen exudar sus eminentes cerebros. Y han comenzado a pensar en cosas sobre las que tenían que haber reflexionado hace ya bastante tiempo.

Necesitamos concebir la innovación científico-tecnológica como cultura. Se ha echado en falta un mayor esfuerzo del llamado sector ‘intelectual’ por entender qué estaba sucediendo (¡y explicárnoslo!), por comprender, en fin, cómo funcionan las principales tecnologías y analizar sus implicaciones en nuestras vidas. El analfabetismo científico-tecnológico de muchos popes culturales resulta verdaderamente estruendoso en nuestro país. Preocupante.

El analfabetismo científico-tecnológico de muchos popes culturales resulta verdaderamente estruendoso en nuestro país

Ahí tienes a Francis Fukuyama, uno de los intelectuales más influyentes de las últimas décadas, dándole a la noria con la IA. En su reciente participación en la Conferencia Conmemorativa Erhard Busek en el Retiro Futuros de Europa, celebrado en la isla de Cres (Croacia), habla de la IA y cita la encíclica del Papa León XIV. Sostiene que la identidad europea se basa en el cristianismo, pero para afrontar los desafíos actuales debe mirar hacia la Ilustración.

«Como señala la encíclica del Papa», dice Fukuyama, «es imposible que la IA no incorpore ciertos valores sociales. Estos valores no son transparentes y puede que ni siquiera sean conocidos por las empresas e ingenieros que crean los sistemas de IA». Está convencido de que «la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China desincentivará la regulación».

Francis Fukuyama sostiene que la identidad europea se basa en el cristianismo, pero para afrontar los desafíos actuales debe mirar hacia la Ilustración

Su discurso incluye afirmaciones arriesgadas: «no me queda claro que los gobiernos, ya sea en China, Europa o Norteamérica, tengan siquiera la capacidad de controlar la IA si así lo desean». ¿La nacionalización de la IA? «Tampoco será una solución segura, ya que pondría un poder increíble en manos del Estado. Incluso si está controlado democráticamente, no está claro que podamos evitar los abusos que probablemente surjan de tal poder». En fin, buen intento Francis, ¡se les echaba tanto en falta!

Llega un premio Nobel de Economía, Daron Acemoglu, acompañado de sus colegas Arda Gitmez y Mehdi Shadmehr. Esto sí va en serio. Hablamos de un paper salido de las cocinas del MIT y la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Su mensaje es que la automatización puede llevar a la represión política. Los economistas no se cortan un pelo cuando cogen velocidad.

La automatización puede llevar a la represión política. Los economistas no se cortan un pelo cuando cogen velocidad

A medida que la automatización desplaza los ingresos del trabajo al capital, sostienen, los trabajadores se empobrecen, la revuelta se vuelve más probable y las élites se enfrentan a una elección: redistribuir, ralentizar la automatización o reprimir. El problema es que la redistribución se vuelve más costosa precisamente cuando la automatización hace que el trabajo sea menos necesario.

«La represión, en contraste, se vuelve relativamente más atractiva. Por lo tanto, las élites pueden preferir la represión, la vigilancia y el control». Ese es el futuro hacia el que vamos, según su visión. ¿No son adorables los intelectuales?

«La represión, en contraste, se vuelve relativamente más atractiva. Por lo tanto, las élites pueden preferir la represión, la vigilancia y el control»

No podíamos tener al volante de la revolución digital sólo a tecnólogos, científicos, economistas o especialistas en marketing. Pero tampoco podemos dejar el futuro sólo en manos de filósofos, sociólogos o filólogos. La innovación como cultura es una tarea colectiva. Si descuidamos esa responsabilidad, aparecen los políticos y la lían.

A falta de intelectuales dispuestos a arrimar el hombro, nos hemos acostumbrado a escuchar a los tecnólogos explicándonos cómo van a cambiar las personas, el trabajo, el mercado y la sociedad a medida que sus creaciones vayan inoculándose en las venas de la historia. Hay frases increíbles en la hemeroteca sobre hordas de supercerebros resolviendo los problemas del mundo y suplantando a los humanos. Mientras, en algún rincón de Castilla y León, Alberto programa los partos de las ovejas de su granja.

Hay frases increíbles en la hemeroteca sobre hordas de supercerebros resolviendo los problemas del mundo (...) mientras, en algún rincón de Castilla y León, Alberto programa los partos de las ovejas de su granja

Pero también hay lucidez, porque los creadores de la tecnología del futuro sí tienen voluntad de convertir su trabajo en cultura, aunque no les corresponda en exclusiva conseguirlo. Para desatascar tuberías, por ejemplo, un ensayo reciente de Anthropic, titulado 2028: Dos escenarios para el liderazgo mundial en IA, se plantea si Estados Unidos y sus aliados democráticos podrán mantener una ventaja de entre 12 y 24 meses sobre China en el campo de la IA mediante controles computacionales, medidas contra la fabricación, una adopción más rápida y la distribución global de una plataforma de IA. O si China logrará ponerse al día y los regímenes autoritarios moldearán las normas, la infraestructura y los usos de la IA transformadora.

La paulatina reconciliación del mundo intelectual y el sector tecnológico, más allá de las todavía numerosas muestras de asincronía, está produciendo contenidos interesantes. Ran Guo, investigador del Instituto de Políticas de la Sociedad Asiática, pone sobre la mesa otro asunto sustancial. China considera los datos como un factor de producción, no como un derecho a la privacidad ni un activo corporativo, explica también. Está construyendo una infraestructura económica en torno a ellos y tiene previsto aprobar más de 30 nuevos estándares en 2026 y una Ruta de la Seda Digital para exportarlos, junto con hardware de telecomunicaciones, a países en desarrollo.

La UE dedicó una década a convertir el RGPD en un referente mundial para la protección de datos, pero el modelo chino ofrece algo que Bruselas no puede: carreteras, cables, centros de datos y los intercambios necesarios para que funcione una economía de datos. El país que construya la infraestructura podría marcar la pauta. ¿Decías, Francis?

El país que construya la infraestructura podría marcar la pauta

Seguimos esperando que el mundo cultural español se asome a la complejidad de la revolución científico-tecnológica, haga un esfuerzo por entenderla y ayude a conducir la nave con más criterio. España ha sido pionera en establecer las bases jurídicas de la globalización, pero se mantiene tristemente al margen de la mayor de sus consecuencias, la más poderosa transformación de la historia. Intelectuales, os necesitamos.

Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson, ganadores del Premio Nobel de Economía 2024

Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson, ganadores del Premio Nobel de Economía 2024 RACADEMIA SUECA

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

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