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Eugenio Mallol

Con las tecnologías de salud sí se juega

Nos jugamos el liderazgo en un ámbito tan delicado para nuestro futuro como el de la biotecnología, el sector público y el privado deben aliarse para que el exceso de regulación y burocracia no den ventaja a países como China y nos hagan también aquí dependientes

El presidente y CEO de BIO, la asociación del sector biotecnológico más influyente del mundo, John F. Crowley, ha enviado la acostumbrada carta anual a sus miembros. En ella plantea esta vez una pregunta fundamental para su futuro y, probablemente, para el de todos nosotros: ¿quién escribirá el próximo capítulo de la biotecnología? Las apuestas contra el liderazgo de Estados Unidos y Europa nunca han sido más poderosas.

La biotecnología está redefiniendo lo que es posible en medicina y salud. Desde los primeros avances en ADN recombinante hasta la secuenciación del genoma humano, desde la transformación del destino al que estaban abocados los pacientes con anemia falciforme y fibrosis quística hasta los avances en inmunoterapia, edición genética, tratamientos para la obesidad, neurociencia y los descubrimientos impulsados por inteligencia artificial (IA).

La biotecnología está redefiniendo lo que es posible en medicina y salud

China está invirtiendo ahora a una velocidad y escala sin precedentes, con una estrategia nacional coordinada para dominar la biotecnología y la biofabricación, advierte Crowley en su carta. Mientras tanto, en Estados Unidos y Europa el sistema de investigación y desarrollo de medicamentos se ha vuelto «excesivamente complejo y costoso».

Una de las principales causas de esto último es la «creciente lista de propuestas políticas» que amenazan con debilitar «el propio ecosistema de innovación» que convirtió a Estados Unidos y Europa «en la cuna de la biotecnología», se lamenta el presidente de BIO.

China está invirtiendo ahora a una velocidad y escala sin precedentes, con una estrategia nacional coordinada para dominar la biotecnología

En un artículo reciente, Alejandro Alberich, fundador y CEO de Quibim, una brillante startup de análisis de imágenes médicas, ponía sobre la mesa la gran contradicción actual. Mientras Bruselas impulsa interminables debates sobre soberanía en el futuro Espacio Europeo de Datos de Salud (EHDS), ideado para que los países compartan al fin información sanitaria, los pacientes consultan en el móvil sus dudas cotidianas a la IA.

«La brecha entre la IA de consumo y el software médico regulado debe cerrarse, no restringiendo la IA de consumo, sino mediante la construcción de herramientas validadas a las que los pacientes puedan acceder realmente», escribe con razón Alberich. «Si alguien va a subir su resonancia magnética a un sistema de IA, es mejor que el sistema lo construyan personas que entiendan radiología».

«Si alguien va a subir su resonancia magnética a un sistema de IA, es mejor que el sistema lo construyan personas que entiendan radiología»

Los próximos 50 años de la biotecnología pueden ofrecer avances sin precedentes en medicina. En este «Siglo de Biología Humana», como lo define Crowley, tendremos el poder de «cambiar fundamentalmente el curso de la salud, la prosperidad y la seguridad humanas». Pero este futuro depende de las decisiones que tomemos ahora mismo.

Más de la mitad de todos los nuevos medicamentos siguen originándose en empresas biotecnológicas pequeñas y medianas, que necesitan una buena dosis de confianza de los inversores y de previsibilidad regulatoria para sobrevivir. No resulta fácil superar los diez años de media que tarda el visto bueno de las autoridades. De hecho, la mayor parte de ellas sucumben o acaban integrándose en grandes corporaciones farmacéuticas antes de que éste llegue. Hoy en día, hasta 50 céntimos de cada euro gastado en medicamentos van a parar a intermediarios.

Más de la mitad de todos los nuevos medicamentos siguen originándose en empresas biotecnológicas pequeñas y medianas

La ciencia de salud avanza más rápido que la política. En lugar de alentar la innovación para mantener el liderazgo tecnológico, en el debate público se socava la confianza en las vacunas, se habla de restringir el uso de ARN mensajero, la tecnología utilizada en las vacunas del Covid-19 y se defienden medidas debilitar las protecciones de propiedad intelectual, en las que se basa la investigación privada en medicamentos. «Debemos evolucionar rápido, o perderemos», advierte Crowley.

Cuando hablé de los riesgos geopolíticos en materia de innovación con André Loesekrug-Pietri, presidente de la Joint European Disruptive Initiative (JEDI), la conocida también como ‘Darpa Europea’, me respondió que «con lo que está sucediendo en EEUU y la presión en países autocráticos como China, Europa tiene la oportunidad de ser el lugar donde los mejores intenten resolver los problemas más difíciles».

«Si Europa finalmente se organiza y deja de hablar de regulación para centrarse en el descubrimiento científico, podremos ser el faro durante los próximos años»

Loesekrug-Pietri alberga «muchas esperanzas» en el futuro, «si Europa finalmente se organiza y deja de hablar de regulación para centrarse en el descubrimiento científico, podremos ser el faro durante los próximos años y décadas». Pero, a diferencia de la Arpa norteamericana dedicada a salud (Arpa-H), que anunció en enero pasado en San Francisco que dedicaría muchos de sus esfuerzos a conseguir que los políticos reduzcan la burocracia, la JEDI prefiere utilizar un discurso menos directo en ese sentido.

Los gigantes tecnológicos están tomando posiciones. Anthropic ha lanzado Claude for Healthcare y su solución Connectors extrae datos en tiempo real. OpenAI ha presentado ChatGPT Health, que permite a los usuarios conectar historiales médicos y datos de actividad física, en colaboración con b.well. No se centra en el diagnóstico ni el tratamiento, sino en responder las preguntas cotidianas de los usuarios y prepararles para conversaciones médicas importantes.

Anthropic ha lanzado Claude for Healthcare y su solución Connectors extrae datos en tiempo real

Google dispone de una actualización de su modelo médico abierto MedGemma, pensado para los desarrolladores informáticos, y ha lanzado MedASR, un nuevo modelo abierto de reconocimiento automático de voz optimizado para el dictado médico. Y el Laboratorio de co-innovación de IA de la farmacéutica Eli Lilly y NVIDIA cuenta con presupuesto de 1.000 millones de dólares y pretende modelar todo el sistema a la vez.

Tenemos en la mano liderar la salud y la biotecnología del futuro durante lo que queda de siglo, pero hacerlo implicará un cambio cultural y organizativo en un ámbito en el que la gestión pública y la privada están obligados a entenderse. Si no lo consiguen, países como China, donde la colaboración se impone, aunque sea a la fuerza, y existen medios científicos para competir en la frontera de la innovación, tomarán la delantera, con el riesgo que eso supone de dependencia tecnológica en un ámbito tan delicado.

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Tenemos en la mano liderar la salud y la biotecnología del futuro durante lo que queda de siglo

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

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