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Eugenio Mallol

Esto se merece un nuevo marco laboral

La competencia global ha entrado en una nueva era debido a la revolución tecnológica y la regulación actual empieza a ser una losa para mantener la ventaja competitiva, si no se adapta en colaboración con los sindicatos a la fusión persona-máquina

Es un asunto delicado, pero aquí están los hechos: reunión de directores de planta de una multinacional industrial europea con 125 centros de producción en todo el mundo. Debaten cuál es la forma más eficiente de asignar la gestión del personal entre los cuadros intermedios. La conversación gira ya en torno a la cifra de trabajadores que debe asumir cada uno de ellos: entre 35 y 40 anda la cuestión. De pronto, el director de la principal planta china del grupo levanta la mano. No está de acuerdo.

La factoría china se ha convertido en un fenómeno global. Hace unos años, se planteó alcanzar el nivel tecnológico y la productividad de la planta más avanzada de la multinacional en todo el mundo. Hoy no sólo lo ha conseguido, sino que crece a un ritmo descomunal, a lomos de la innovación. Su director no está de acuerdo con las conclusiones de sus homólogos de las plantas occidentales porque en ellas los cuadros intermedios deben ocuparse de cuestiones como el absentismo, el reparto de los tiempos, las horas extraordinarias, la seguridad laboral, la conciliación, el salario emocional, las quejas de los trabajadores… esas cosas no pasan en China.

La factoría china se ha convertido en un fenómeno global

En un encuentro en Mérida con 10 empresas de electromovilidad del gigante asiático, algunas de las cuales tienen un interés verdadero por invertir en España, les reproduzco una parte de mi conversación con Judith Wiese, directora de Personas y Sostenibilidad y miembro del comité de dirección global de Siemens: «a medida que las empresas chinas intentan desempeñar un papel global y dejan de ser locales, tendrán que lidiar con las mismas regulaciones, tendrán que aprender a operar de forma diferente y llegaremos a un campo de juego nivelado».

¿Serán capaces, en ese nuevo entorno más equilibrado, de mantener la agresiva política de precios actual? «En China estamos acostumbrados a hacer horas extraordinarias y a trabajar con más rapidez», dice uno de los directivos en el evento emeritense, «aquí nos ponen muchas dificultades». ¡Bienvenidos a Occidente!

«En China estamos acostumbrados a hacer horas extraordinarias y a trabajar con más rapidez»

Días después, repito el argumento en Valencia y el profesor de la London School of Economics Andrés Rodríguez-Pose introduce un matiz fundamental: si Europa da tiempo a la industria china a madurar antes de introducir la regulación, seguirá siendo ésta la que tenga más margen de adaptación y cerrará la puerta a competidores europeos. El factor regulación juega, pero no nos salvará de nosotros mismos.

En un almuerzo reciente en Barcelona, el presidente de la patronal catalana, Fomento del Trabajo, Josep Sánchez-Llibre, habla sin filtros del enorme problema del absentismo laboral en España. Su familia está vinculada a la empresa Conservas Dani de Galicia, de la que es vicepresidente y que cuenta con una planta en Carnota (A Coruña). El absentismo supera en ocasiones el 20 % de la plantilla, y apostilla: tenemos que imitar el modelo alemán.

Josep Sánchez-Llibre, habla sin filtros del enorme problema del absentismo laboral en España

El Gobierno de Alemania ha aprobado reformas para endurecer el sistema de bajas laborales debido a las dimensiones que ha alcanzado el problema. Ya no se pueden pedir por teléfono, hay que acudir a la consulta médica en persona; el justificante debe entregarse desde el primer día, fin al margen de tres días de ausencia por enfermedad sin acreditar; y el facultativo puede prescribir una jornada de trabajo parcial, del 25 %, el 50 % o el 75 %, la empresa paga las horas trabajadas y el seguro se hace cargo del resto.

Quizás sea el camino, pero la regulación no nos salvará del cambio cultural necesario para adaptar nuestro tejido productivo a las nuevas exigencias de la competencia global. Sabemos que China es capaz de poner en el mercado 400 modelos de automóvil sin que poco más del 1 % de ellos sean todavía rentables, y es obvio que nuestro marco laboral es papel mojado en ese país. Pero si nos limitamos a denunciar y no reaccionamos al cambio del entorno, con el respaldo y la capacidad de colaboración de los sindicatos, el modelo de entrega de plantas industriales como la de Ford en Almussafes a Geely (sólo puede mandar uno, no nos engañemos) seguirá extendiéndose en España.

La regulación no nos salvará del cambio cultural necesario para adaptar nuestro tejido productivo a las nuevas exigencias de la competencia global

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), que podría presidir Yolanda Díaz pronto, ha analizado el impacto de la IA en los sectores del automóvil y textil-confección de España. Su conclusión es que, a corto plazo, se reducirán las tareas pesadas y repetitivas, con la consiguiente mejora en la salud y la seguridad de los trabajadores. Pero también disminuirá la autonomía de las personas, que pasarán a estar sujetos a una mayor estandarización en su actividad. Las máquinas y las personas tendremos que ceder.

El Joint Research Centre (JRC) de la UE, con sede en Sevilla, llama a este fenómeno «plataformización del trabajo» e insta a mitigar sus efectos y adaptar la normativa al nuevo escenario. Casi el 20 % de los empleados españoles reciben automáticamente sus turnos a través de un dispositivo digital, dice el JRC; al 7 %, los algoritmos les marcan la velocidad de su trabajo; y al 11 % le dan indicaciones sobre cómo actuar. A los ejecutivos de nuestras empresas se les aplican mínimos niveles de «dirección» automatizada, pero llamativamente altos de «evaluación» automatizada.

Disminuirá la autonomía de las personas, que pasarán a estar sujetos a una mayor estandarización en su actividad

En ese mundo híbrido persona-máquina hacia el que vamos resulta difícil todavía predecir con exactitud el impacto de la IA en las empresas, pero sí sabemos que la eficacia de la tecnología estará condicionada por la intervención humana y, también, por la regulación laboral. Mauricio Faccio, de la Universidad de Padua, decía en una conferencia reciente que hay reconsiderarlo todo, lo humano y lo artificial, desde las características físicas del espacio de trabajo hasta el modelo de asignación de tareas, la ubicación de las herramientas y las piezas o el sistema de aprovisionamiento.

La narrativa del reemplazo humano por sistemas de IA está siendo sustituida por la de la mejora mutua. Los sindicatos deben colaborar en la construcción de un marco laboral que haga posible una mejora de la productividad compatible con el respeto a la dignidad humana y a la sostenibilidad medioambiental. Puede convertirse en una ventaja competitiva si se hace correctamente. Anclarse en un mundo analógico que ya no existe puede ser realmente su propio fin, si no cooperan. ¡Esto en China no pasa!

La colaboración va a ser obligada en muchos campos del automóvil

La colaboración va a ser obligada en muchos campos del automóvil

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

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