Fundado en 1910
Eugenio Mallol

La guerra geopolítica de los centros de datos

El rechazo social a las infraestructuras de la IA se ha disparado en los últimos seis meses en EE.UU., un fenómeno que podrían estar auspiciando China y Rusia y que previsiblemente se contagiará a Europa y España, pese a que estamos a años luz de la congestión

TLos primeros automóviles comenzaron a circular por las ciudades estadounidenses a finales del siglo XIX, pero no fueron recibidos con demasiado entusiasmo. En 1896, Washington D.C. los prohibió con el argumento de que amenazaban el negocio de los caballos. Es bien sabido que, poco después, se convertirían en la solución al gran problema de las toneladas de excrementos que producían esos animales en la ciudad de Nueva York, pero en el instante inicial las ventajas no se veían con claridad.

The Washington Post publicó un artículo en el que decía que «los comisionados del Distrito de Columbia están decididos a que el caballo, cuya función ha sido tan ampliamente eliminada debido al uso de las bicicletas, no sea desplazado aún más por los vehículos sin caballos». La conclusión de Morgan Housel, socia de Collaborative Fund y autora de La psicología del dinero, en una deliciosa recopilación de historias sobre la gestión en tiempos de incertidumbre, es sencilla y contundente: «el cambio es difícil».

Una encuesta realizada por Gallup en el primer semestre de 2026 señala que ningún votante norteamericano, ya sea demócrata o republicano, sitúa a la inteligencia artificial (IA) y a los centros de datos entre los 10 asuntos prioritarios a los que se enfrenta su país en la actualidad. La IA aparece en el puesto 28 de 30 entre los temas que decidirán el voto, según otro sondeo de Yale Youth Poll, y aún más llamativo: la oposición de los ciudadanos a la instalación de un centro de datos cerca de su hogar alcanza ya el 71 %, por encima del pico histórico de rechazo a una central nuclear en el vecindario, el 63 %.

Hace unos días, The New York Times atribuía este repentino y brusco distanciamiento social respecto a la carrera por el dominio de la IA a una acción coordinada de Rusia y China por avivar el descontento ante la evidencia del aplastante dominio norteamericano. EE.UU. cuenta con 5.427 centros de datos, según Cloudscene, diez veces más que sus inmediatos seguidores, Alemania con 529, Reino Unido con 523 y China con 449. Rusia tiene apenas 251 y España, que ronda los 125, no aparece entre los 15 primeros, donde sí se cuela Polonia.

EE.UU. cuenta con 5.427 centros de datos, según Cloudscene, diez veces más que sus inmediatos seguidores,

Esta situación proporciona a la economía norteamericana el 75% de la capacidad de computación para la IA, vinculada a la disponibilidad de los llamados procesadores gráficos (GPU), cuya producción domina abrumadoramente Nvidia. China apenas disputa ese liderazgo con un 15 % de la computación, pero tiene por el contrario 4,01 TW de capacidad de generación eléctrica, frente a los 1,36 TW norteamericanos, y le supera también en número de investigadores: 2.152 frente a 1.810.

Cualquier argumento imaginable para obstaculizar la expansión de los centros de datos tendrá previsiblemente su epítome mitinero en España y la UE. La inversión en estas infraestructuras ronda el 4 % del PIB norteamericano, pero fue responsable del 92 % de su crecimiento el año pasado. A pesar de eso, el número de grupos de oposición a la construcción de centros de datos en ese país ha pasado en apenas tres meses de 396 a 833.

La inversión en estas infraestructuras ronda el 4 % del PIB norteamericano

Es muy probable, por consiguiente, que el fenómeno se reproduzca en nuestro territorio. Especialmente si se confirma que la movilización contra el equipamiento que necesita la IA se ha convertido ya en un arma geopolítica. En las zonas más congestionadas de Europa, el grupo de ciudades llamada FLAPD (Frankfurt, Londres, Amsterdam, París y Dublín), ya se están produciendo protestas vecinales exitosas contra la ampliación de centros de datos. Esa podría ser una oportunidad para la periferia, para alternativas como Barcelona, Madrid, Zaragoza y Valencia, pero estamos en la guerra de los centros de datos… y el cambio es difícil.

El principal miedo es el impacto sobre los recursos, el agua y la energía, según Gallup, con el 50 % de los votos. Otras razones resultan más difíciles de concretar: preocupación por la cualidad de vida (22 %), efecto en los precios (20 %) y contaminación (16 %). El resultado es que seis estados norteamericanos tienen pendientes de aprobación ahora mismo moratorias o restricciones legislativas a los centros de datos.

En las zonas más congestionadas de Europa ya se están produciendo protestas vecinales exitosas contra la ampliación de centros de datos

Echelon Insights sitúa a las compañías de IA y centros de datos como dos de los cuatro sectores económicos que generan más rechazo que aceptación, junto a las criptomonedas y las casas de apuestas deportivas online. Curiosamente, las grandes compañías tecnológicas reciben el mayor nivel de aprobación (70 %) y el menor de rechazo (9 %), una contradicción material absoluta (son las grandes impulsoras de la IA y los centros de datos), lo que demuestra que hemos entrado en un momento en el que las etiquetas mandan sobre los conceptos.

No es un asunto sencillo defender irreflexivamente la expansión de los centros de datos, un negocio más financiero que real en estos momentos. La IA es un avispero sin modelo económico claro y contundente, y el sector está condenado a sufrir un ajuste de expectativas casi con toda seguridad ante la descomunal inversión en generación eléctrica y en mejora de las redes energéticas e hídricas que requiere.

Aunque estos problemas tienen trampa. Como saben bien los constructores de infraestructuras hídricas y energéticas, hay un punto de marketing muy elevado en el fomento de la desazón: un día, las tecnológicas aparecerán ante la opinión pública como salvadoras del planeta y esgrimirán esas soluciones que tienen ya en la mano, pero prefieren mantener en la reserva para jugar con el suspense. Créeme.

Sea como fuere, establecer limitaciones a la expansión de los centros de datos (con inversión privada, por supuesto), no es la estrategia más sensata ahora mismo en España. Estamos a años luz de la congestión, tenemos a empresas tecnológicas haciendo simulaciones de IA en Londres por falta de computación en nuestro país. La reindustrialización inteligente necesita centros de datos de proximidad. Ya habrá tiempo para decir basta. Ahora no toca.

Establecer limitaciones a la expansión de los centros de datos no es la estrategia más sensata ahora mismo en España

En cierta ocasión, la multinacional InterGen organizó un viaje de prensa a Manchester para mostrarnos en funcionamiento el modelo de planta de ciclo combinado que quería implantar en España. La propia Greenpeace había premiado a aquellas instalaciones británicas por su perfecta armonía con la naturaleza. «Emite óxido de nitrógeno muy por debajo de los límites legales», dijo en un momento dado el incauto portavoz de la empresa. «Nos está confirmando, por tanto, que emite óxido de nitrógeno», le espetó un periodista. «Por debajo de los límites», le respondió. «Pero ¡emite!». El cambio es difícil.

Centro de datos de ACS

Centro de datos de ACSCIMIC

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas