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Eugenio Mallol

Dinero público en la tormenta de la IA, mala idea

Actuar por criterios políticos, en un momento en el que se mueven inversiones descomunales sin que esté resuelto el auténtico modelo de negocio de la IA generativa, puede ser una temeridad, especialmente si se descuida a los verdaderos mirlos blancos

«No vamos a dejar caer a OpenChip». Estas palabras pronunciadas en privado por un alto directivo del sector púbico serían la única explicación posible para la reciente inversión de 115 millones de euros en su capital por parte de la SETT, conocida como la ‘Sepi digital’. Al menos, así lo creen muchos expertos en el ámbito tecnológico, especialmente aquellos que trabajan en mercados maduros como el de Silicon Valley, donde hay que convencer aún a los inversores de que poner dinero en España no constituye un riesgo en sí mismo.

Introducir criterios políticos y dinero público en el campo de minas en el que se ha convertido el negocio de la inteligencia artificial (IA) generativa es un ejercicio más que arriesgado. No es estrictamente una locura, pero sí algo similar a jugarse el presupuesto de la Administración en Bolsa, en un momento en el que todo está en máximos y cualquier cosa puede pasar.

Hay que convencer aún a los inversores de que poner dinero en España no constituye un riesgo en sí mismo

El presidente Pedro Sánchez y su homólogo catalán, Salvador Illa, se reúnen en Moncloa con el presidentes de ACS, Florentino Pérez; el consejero delegado del Grupo Santander, Héctor Grisi; el presidente ejecutivo de Telefónica, Marc Murtra; y el CEO de Multiverse Computing, Enrique Lizaso, para presentar el consorcio que competirá por una de las grandes gigafactorías europeas de IA que financia la UE, con ubicaciones en Móra la Nova (Tarragona) y San Fernando de Henares (Madrid).

Multiverse Computing es la empresa de referencia en Europa en el uso de algoritmos de inspiración cuántica para comprimir modelos de IA y adaptarlos a diferentes usos empresariales. Una alternativa en toda regla a la francesa Mistral por la corona de la IA europea. Pero ¿qué buscan ACS, Telefónica y Santander en la gigafactoría de IA? No son precisamente empresas creadoras de tecnología nueva. Como mucho producen ingeniería de nicho. ¿Y el Gobierno qué pretende, incluso la UE?

¿Qué buscan ACS, Telefónica y Santander en la gigafactoría de IA?

La SETT invertirá 720 millones de euros en esta iniciativa, procedentes de lo que queda de los fondos Next Generation. A ello se suma el pago a la Empresa Común Europea de Informática de Alto Rendimiento (EuroHPC) de «una contribución voluntaria» de 300 millones de euros, autorizada por el Consejo de Ministros y destinada, entre otros fines, a la adquisición de servicios para la gigafactoría de IA. ¿Quiénes son los proveedores tecnológicos que hacen seguro negocio con ello?

Antes de que empiece a explotarse comercialmente una instalación, el promotor de un centro de datos, o las empresas a las que les alquile el espacio, tienen que comprar los chips y el resto de componentes de la plataforma de supercomputación y arquitectura de IA Vera Rubin a Nvidia, que obtiene un amplio margen de beneficio sin que se hayan puesto en marcha siquiera las máquinas.

La SETT invertirá 720 millones de euros en esta iniciativa, procedentes de lo que queda de los fondos Next Generation

En ocasiones, está siendo la propia Nvidia la que incentiva la creación de centros de datos de IA financiando a los promotores, que de ese modo consiguen fácilmente nuevos inversores e incluso ayudas públicas. También en ese caso el margen comercial que obtiene la empresa de Jensen Huang es verdaderamente sustancial.

En España, los equipos de los centros de datos se amortizan habitualmente en 4 a 8 años, con un máximo legal de 10 años. Sin embargo, a nivel operativo y tecnológico, la vida útil real de un servidor suele ser de entre 3 y 5 años debido al desgaste físico y la rápida obsolescencia. A eso hay que sumar los todavía elevadísimos costes energéticos. El objetivo del promotor debería ser entrar en beneficios en un par de años para asegurar la sostenibilidad del complejo cuando llegue el momento de renovar equipos.

En España, los equipos de los centros de datos se amortizan habitualmente en 4 a 8 años, con un máximo legal de 10 años

Pero resulta que todavía no está solucionado el modelo de negocio que debe evitar el estallido de la burbuja de la IA generativa. Sólo hay promesas. El mercado está convencido de que invertir en las infraestructuras y en el entrenamiento de los grandes modelos (LLM) será rentable algún día. ¿Les suena el argumento? Seguramente sea así, pero eso lo descubrirán sólo quienes sean capaces de soportar el desgaste del tiempo.

La economía de la IA generativa se mueve hoy todavía, fundamentalmente, por ese Le dur désir de durer de Paul Eluard. La carrera para dotarse de la capacidad de computación necesaria para atender a la demanda actual de servicios de IA generativa esconde en realidad una lucha por captar la mayor cuota de mercado posible aceleradamente. El ganador será aquel que mejor gestione la generación de pérdidas.

El ganador será aquel que mejor gestione la generación de pérdidas

El hecho es que en el primer trimestre del año OpenAI, uno de los mayores demandantes de computación para IA, obtuvo unos ingresos de 5.700 millones de dólares, el triple que en el mismo periodo de 2025, pero consumió 3.700 millones de efectivo y proyecta unas pérdidas operativas de 14.000 millones para el cierre del año.

Esta politización de las infraestructuras de la IA me remite a las reflexiones que nos hizo el presidente de Nokia Europa, Rolf Werner, aquella velada en la ciudad finlandesa de Oulu. La entrada del Estado en el capital de Telefónica no gusta en los circuitos tecnológicos. Los criterios políticos no suelen ser buenos consejeros. El tiempo dirá si Moncloa ha leído bien (o ha querido hacerlo) el marasmo de la IA.

La entrada del Estado en el capital de Telefónica no gusta en los circuitos tecnológicos

Nos despistamos y volcamos una enorme cantidad de fondos públicos en la espuma de la ola de la IA generativa, en la parte menos sustancial, mientras descuidamos lo fundamental: liderar la tecnología. El mirlo blanco en España en este ámbito es iPronics, fabricante del primer chip fotónico del mundo de propósito general. Está a punto de cerrar una nueva ronda de financiación que elevará su relevancia a nivel global. Sólo ha recibido 11,4 millones de euros del Perte Chip. Ese es el tipo de milagros que necesitamos.

iPronics

iPronics, empresa líder en fotónica de silicio programable (SiPh) para redes de centros de datos de IA

Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

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