Este descubrimiento sobre la empatía hacia lo artificial coincide en el tiempo con otras investigaciones recientes
IA
Las caras creadas por inteligencia artificial ya generan más confianza que los rostros humanos
El realismo alcanzado por estos sistemas es tan elevado que es capaz de engañar a los participantes en aproximadamente un tercio de las ocasiones
La velocidad a la que avanza la inteligencia artificial (IA) ha alcanzado un hito sorprendente en el campo de la percepción psicológica. Un reciente estudio científico ha revelado que los rostros diseñados mediante herramientas de IA de última generación despiertan una mayor sensación de confianza en las personas que las propias fotografías de seres humanos reales.
La investigación, liderada por la experta Alexis McGuire junto a un equipo de la Universidad de Lancaster, es la primera en evaluar de qué manera los usuarios se sienten más cómodos ante las caras generadas con tecnologías de difusión avanzadas.
El realismo alcanzado por estos nuevos sistemas informáticos es tan elevado que es capaz de engañar a los participantes en aproximadamente un tercio de las ocasiones, haciéndoles creer que un rostro completamente sintético es el de una persona real. Para medir este impacto, los científicos utilizaron una escala de confiabilidad del uno al siete.
Los resultados mostraron que los rostros humanos reales obtuvieron la puntuación más baja, seguidos por los modelos antiguos de IA basados en redes GAN, mientras que los rostros generados con los nuevos modelos de difusión alcanzaron la calificación más alta y destacada en términos de credibilidad.
Resultados
- Rostros humanos reales: 4,03 puntos.
- Modelos antiguos de IA (GAN): 4,36 puntos.
- Modelos nuevos de IA (Difusión): 4,70 puntos.
Sesgo y error del cerebro humano
Detrás de este curioso fenómeno se esconden motivos puramente estadísticos y psicológicos. Los algoritmos de inteligencia artificial diseñan estas imágenes basándose en los patrones comunes de miles de personas, lo que da como resultado rostros con rasgos sumamente promedios que nuestro cerebro asocia de forma innata con la familiaridad. Por el contrario, los seres humanos reales poseemos pequeñas asimetrías o imperfecciones únicas.
En el contexto digital actual, el cerebro tiende a malinterpretar estos rasgos únicos de las personas reales como si fueran «defectos informáticos», llegando a la conclusión errónea de que la fotografía humana es la que ha sido manipulada.
Paradoja de la confianza visual
La directora del estudio, Alexis McGuire, señala que este hallazgo plantea «una clara paradoja y demuestra que los juicios que hacemos sobre qué es real y qué nos genera confianza dependen de mecanismos psicológicos totalmente distintos».
Las imágenes de inteligencia artificial están optimizadas para mostrar sonrisas perfectas o miradas neutras muy específicas, unos estímulos visuales que consiguen calmar la respuesta psicológica de alerta de nuestro cerebro.
Este descubrimiento sobre la empatía hacia lo artificial coincide en el tiempo con otras investigaciones recientes, como la del Instituto INGENIO (CSIC-UPV), que apunta a que incluso los vínculos románticos establecidos con inteligencias artificiales empiezan a compartir similitudes superficiales con las relaciones humanas tradicionales.