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Eugenio Mallol

La trampa de desarrollo ‘verde’

Gestionar adecuadamente el desafío de la transición energética será clave para la reindustrialización de Europa y la competitividad de nuestra economía, pero exige alumbrar todos los aspectos de una realidad compleja para no caer en reduccionismos

La lectura del informe sobre Inversión Mundial en Energía 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) podría parecer contrafactual en un entorno tan propicio a las reinterpretaciones de la realidad eléctrica como el nuestro. El mundo sigue avanzando en la producción de electricidad con carbón y destinará a ello 157.000 millones de euros este año, una cifra que más que duplica los 75.000 millones que se invertirán en baterías. China concentra cerca del 70 % del gasto global e India, que ocupa el segundo lugar, ha triplicado sus inversiones en carbón durante la última década.

Las cosas no son fáciles para seguir el ritmo de la transición energética, pese a que la consistencia del carbón se ve compensada por la inversión mundial en proyectos solares, que alcanzará los 275.000 millones, en parte porque las importaciones de paneles se han disparado en economías emergentes de Asia y África. Frente a ese impulso de las renovables, el gas natural recibirá una cifra algo superior, 288.000 millones, y el petróleo captará 435.000. Una de cal y otra de arena.

Las cosas no son fáciles para seguir el ritmo de la transición energética

La tónica dominante en el sector energético sigue siendo la inseguridad, lo cual nunca es bueno para la economía. En nuestro país, la inversión en fotovoltaica para autoconsumo suele dispararse cada vez que los precios toman una senda alcista, algo que ha acabado convirtiéndose en habitual en un mundo tan volátil como el nuestro. Así se ha visto recientemente a raíz del cierre del Estrecho de Ormuz.

Pero si un promotor decide lanzar un proyecto solar para volcar energía a la red, se enfrenta a tantos años de tramitación de permisos que nada le asegura que la tecnología por la que apuesta hoy será la más competitiva cuando reciba el visto bueno oficial. ¿Y qué haces entonces? Por supuesto, si ha puesto en marcha su planta solar y quiere introducir baterías para obtener algo más de rentabilidad con un modelo híbrido, volcando electricidad en momentos distintos a los del pico solar, se mete en un laberinto.

La tónica dominante en el sector energético sigue siendo la inseguridad, lo cual nunca es bueno para la economía

La AIE tiene claro, en cualquier caso, cuál va a ser el principal motor de la inversión este año: reforzar la seguridad energética, evitar que pueda ser objeto de ataques. En el tour por las instalaciones de nuestro país dedicadas a la defensa contra los ciberataques, suele hacerse una demostración a los visitantes en la que se simula qué pasaría si un grupo hackea una depuradora y lanza la orden verter cloro hasta niveles letales. Veneno puro en las cañerías. De ese tipo de amenazas estamos hablando también en el ámbito energético, de modo que puede entenderse que se destinen 2,9 billones de euros a evitarlo en 2026, un 5 % más.

En cuanto a la energía nuclear, actualmente existen 78 gigavatios de nueva capacidad nuclear en construcción en 15 países, según la agencia, y la inversión anual supera los 68.800 millones de euros. China concentra un tercio de ese gasto y más de 40 países han aprobado políticas de apoyo a la energía nuclear, incluidos proyectos de pequeños reactores modulares.

El principal motor de la inversión este año será reforzar la seguridad energética

A los más comprometidos con la lucha contra el cambio climático les gustará consultar el gráfico de Our World in Data que sitúa a Francia muy por debajo de la media en Europa en «intensidad de carbono del ciclo de vida de la electricidad». Su dato es cinco veces inferior al de un país que ha apostado por las energías renovables como España. El dato: dos terceras partes de la energía eléctrica que produce Francia son de origen nuclear.

La clave en un asunto tan crítico como la energía, del que depende la reindustrialización de Europa y la competitividad de nuestra economía, es no dejarse llevar por los arrebatos ideológicos y buscar siempre referencias para conocer la realidad poliédrica en la que vivimos, como el volumen de inversión en plantas de carbón que mencionaba antes.

La clave en un asunto tan crítico como la energía, es no dejarse llevar por los arrebatos ideológicos

Dos investigadores de la Universidad de Wyoming (EE.UU.) han demostrado que las estimaciones de los costes económicos del cambio climático podrían ser más frágiles de lo que se suele reconocer. «Los modelos empíricos de la relación clima-economía a nivel macro proyectan impactos del cambio climático que van desde lo trivial hasta lo catastrófico», afirman. Recomiendan un enfoque cauteloso y que enfatice «la incertidumbre al aplicar la econometría climática a la toma de decisiones públicas y privadas».

En otra investigación recién publicada, dos profesores de la Universitat de Barcelona ponen de manifiesto que la transición verde en Europa está lejos de ser una marcha armoniosa hacia el net-zero. Hay regiones de alto rendimiento agrupadas en el norte de Europa y de menor rendimiento ubicadas en las regiones oriental y sur, muchas de ellas en nuestro país.

Dos profesores de la Universitat de Barcelona ponen de manifiesto que la transición verde en Europa está lejos de ser una marcha armoniosa hacia el net-zero

Si se adoptan las medidas adecuadas, hay mecanismos de compensación que permiten aprovechar las interdependencias territoriales. Pero si no se hacen los cambios institucionales necesarios y las regiones rezagadas siguen sin dotarse de 'capacidades complejas' para liderar futuros caminos de innovación, pueden acabar cayendo en lo que denominan una 'trampa del desarrollo verde', de la que no pueden salvarlas ni los fondos de cohesión.

Por si fuera poco, casi 80 investigadores han contribuido, en fin, a un informe publicado por Cambridge University Press que recoge 10 avances recientes en la investigación del cambio climático con alta relevancia política. Entre ellos, citan el aumento de la temperatura global registrado en 2023 y 2024; el calentamiento de la superficie del mar y las olas de calor marinas; los sumideros de carbono terrestres; las interacciones entre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad; la disminución acelerada de las aguas subterráneas…

Adoptar medidas de política energética en un entorno tan complejo requiere un alto grado de visión

Adoptar medidas de política energética en un entorno tan complejo requiere un alto grado de visión. No es recomendable utilizar para ello el combustible de la ideología. Son tantos los frentes abiertos que conviene encontrar agarraderos para no descarriar, porque si una cosa no podemos permitirnos es caer en otra trampa de desarrollo más.

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Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.

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